Fue exactamente el 2 de octubre de 2021. Ese día germinó la semilla de Mala espina en Xavier Velasco y yo lo vi. O mejor dicho, lo escuché, porque estábamos hablando por teléfono cuando las ideas para una nueva novela le cuajaron en la cabeza.
“Es que no puedes imaginarte la de cosas espeluznantes que me contó, Adrianita…”. Se refería a un amigo suyo, chamán, que tuvo a bien compartirle las prácticas que sus colegas tienen a mal llevar a cabo, como suministrar peyote o veneno del sapo a perdidos espirituales, incluso a niños llevados por sus papás desesperados y torpes.
Durante días y semanas y meses Xavier estuvo dándole vueltas al asunto. Se dejó guiar por el tufo de cinismo que se necesita para disfrazar narcotráfico y otras atrocidades con fachada de Deepak Chopra, y de pronto ya estaba metido en el pellejo de los personajes de su siguiente historia. Le brillaban los ojos de un azul todavía más intenso que de costumbre, mientras armaba los primeros capítulos de lo que cuatro largos años después se llamó Mala espina.
Pero al escritor con el que vivo, como es natural, le gusta complicar la trama. No le bastaban chamanes e incautos para poblar las páginas del libro, cuantimás teniendo un principio tan fuerte como el que ya tenía, donde un suicidio se complica al descubrirle los pies atados al hombre que cayó de siete pisos. Había que darle solidez a ese misterio y se puso manos a la obra. Leyó casi ochenta títulos de novela negra y Pulp Fiction. Estuvo imaginando a la viuda y protagonista de la novela, Dunia Montoro; fui testigo de cómo encontró ese nombre perfecto luego de navegar áridas horas en un mar de directorios telefónicos. E igual eso era lo de menos, porque conforme el número de páginas crecía, el desasosiego de Xavier le hacía competencia, y es que, como a él le gusta decir, todo retrato es un autorretrato, y a un año de haber empezado la narración ya había mezclado irremediablemente su historia con la del personaje.
Dunia es adolescente cuando su papá termina en la cárcel, misma cosa que le sucedió a mi marido cuando apenas tenía 16 años. Él no sabía que estaba a punto de enfrentarse con los monstruos y con las heridas aún punzantes de esos meses oscuros, él creía estar velando únicamente por el bien de la trama. Y así fue, o al menos así tuvo que ser durante el año en el que Mala espina se detuvo para que Xavier escribiera otro libro —Hombre al agua— que venía a rescatarnos de una mudanza intempestiva.
Luego de esa pausa angustiosa habitada por los fantasmas de la novela detenida, Xavier volvió de rodillas suplicándole perdón a Mala espina por haberla relegado. No fue fácil, pero eventualmente la narración dio su brazo a torcer y sus ojos azules volvieron a soltar chispazos de luz. La historia avanzaba y se nutría de las lecciones aprendidas en el libro escrito apenas, hasta que el precio del retrato pasó factura. Había que enfrentarse al escenario donde se es de nuevo el familiar de un preso y ha de soportarse la ignominia impuesta por algo que uno no hizo.
De manera que tuve asientos de primera fila para ver la catarsis de Xavier al escribir Mala espina. Entre los obstáculos laborales, las naturales incertidumbres del oficio, la mudanza y el freno que tuvo el libro, Xavier fue creciéndose al castigo de hacer una novela negra en cuyos personajes se reflejaban él y varias personas importantes de su vida.
Hacía ya varios años que una comezón de novela policiaca le picaba, quería personajes resolviendo misterios y lo logró. Se rascó a placer con Mala espina.
El año pasado, 2025, la novela quedó lista. Yo pensé que, habiendo asistido a su complicada y extensa elaboración, leerla sería como asistir a una película que hace muchos años no ves. Pero no. La narración vibrante de Mala espina, junto con los truhanes que tiene por personajes y la maestría inigualable del ritmo de Xavier, me llevaron de paseo por una Ciudad de México plagada de mirreyes gandallas, rufianes con licencia y vividores disfrazados de ángeles. Y así como él es otro después de haberla escrito, yo no fui ya la misma después de haberla leído.
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Autor: Xavier Velasco. Título: Mala Espina. Editorial: Alfaguara. Venta: Penguin.


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