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La torre oscura del escritor oscuro

La torre oscura del escritor oscuro

La monumental saga del maestro Stephen King

Digo maestro y lo digo sin tapujos.

Aunque a veces se haya infravalorado al grande de Maine, yo nunca he sido de esa cuerda.

Al principio de los tiempos, hace ya sus buenos años (él ya ronda los setenta), la crítica lo alabó sin tapujos, pero sin embargo, cuando el éxito de sus novelas pasó de apabullante a estremecedor, cuando él mismo dijo que sus libros resultaban como la comida rápida, abundantes y baratos, la misma crítica empezó a alejarse de Stephen King. Sin embargo, no son esos requiebros de la intelectualidad lo que interesa en estas líneas. Esa es una batalla perdida hace tiempo y a mí me faltan ánimos o disposición para encender esos fuegos. No, lo que se persigue es lo mismo que Roland Deschain de Gilead, último del linaje de Eld. Se persigue la magnética, la ignota, la misteriosa Torre Oscura.

Según ha manifestado en más de una ocasión el propio Stephen King, entre los demonios de sus propias adicciones y las más terribles de sus pesadillas, hubo lecturas que lo marcaron hondamente. La más crucial, sin duda, es la que lo llevó de la mano hasta la torre, hasta lo que él mismo calificó de magnum opus. Una lectura que lo guió hasta terminar más de cuatro mil páginas repartidas en ocho títulos que tardaron treinta años en publicarse, desde El pistolero en 1982 hasta El viento por la cerradura en 2012; eso sin contar la serie de cómics, el proyecto cinematográfico que vio la luz y los que se quedaron en el camino, además de los varios ensayos que otros han publicado para analizar la saga punto por punto.

Hablamos de La Torre Oscura

Su gesta, su lento errar por las páginas en blanco y los años hasta ver completa la saga, comenzó con la lectura de un poema: Childe Roland to the Dark Tower came (lo que podría traducirse como: “El muchacho Roland llegó a la Torre Oscura”). Una composición enigmática y enrevesada que ya había inspirado a otros artistas, como al pintor Thomas Moran, quien bebió en los mismos versos para producir un cuadro desapacible y poco halagüeño.

"Se dio cuenta de que La Torre Oscura era la espina dorsal, la auténtica columna vertebral de toda su obra."

Pero ahí no acaba todo, no solo se trata de una mera inspiración que desemboca en una obra monumental. Stephen King, al pergeñar la saga, comprendió que estaba empecinándose en plasmar algo más que una mera historia como tantas otras, y entendió algo capital. Se dio cuenta de que La Torre Oscura era la espina dorsal, la auténtica columna vertebral de toda su obra, porque en esos ocho volúmenes y más de cuatro mil páginas estaba perfilando, cepillando, recortando, rescatando, tocando de refilón, revolviendo, enmendando, completando buena parte de cuanto había escrito y de cuanto escribiría.

A través de la saga, King salpica personajes, escenarios, ideas y detalles que aparecen en novelas anteriores y posteriores, dando sentido a algunos de los conceptos capitales de toda su obra literaria, incluso de aquella que publicó con el pseudónimo de Richard Bachman durante aquellos años en los que sus editores le dijeron que el mercado no podía absorber más de una de sus novelas al año.

Más aún, en los últimos libros de la serie el propio Stephen King, su vida, sus experiencias, hasta el terrible atropello que sufrió, todo pasó a formar parte de las páginas de La Torre Oscura. Hizo de sí mismo un personaje más y reflejó en el texto la imperiosa necesidad de terminar la monumental obra pese a las circunstancias adversas que lo rodeaban.

Lo hizo. Y funcionó.

Los estudiosos, porque Stephen King ha alcanzado tales cotas que hasta aglutina estudiosos que revolotean en derredor, se refugian en la idea de que esa interrelación de las historias es algo heredado de H.P. Lovecraft, de quien el propio King se ha declarado admirador. Sin embargo, yo no creo que esa sea la verdad.

"Para él, la historia existe antes de que el escritor la encuentre, existe como el esqueleto petrificado de un dinosaurio en la ladera de una montaña."

Es cierto que el maestro del terror también utilizó estratagemas literarias similares, interconectó algunas de sus historias de modo evidente y creó un universo propio. Pero mi impresión no es que esa maniobra se trate de una herencia granjeada por la admiración de King hacia el que sigue sobrecogiéndonos con las reediciones de En las montañas de la locura. Más bien creo que se trata de una característica común que ambos compartían, un rasgo de ciertos escritores. Y lo creo porque hay muchos más ejemplos de lo mismo. Algunos banales, como sucede en las series de cómics americanos donde los superhéroes protagonistas de diferentes tramas acaban entremezclándose para generar nuevas historias. Otros de más enjundia, como los universos completos y rotundos de Tolkien o Lewis, por no mencionar el de Rowling, de cuya saga sobre la vida de Harry Potter se ha declarado Stephen King un rendido admirador.

Yo creo, más bien, que la explicación está en las palabras del propio Stephen King.

Ya escribí en otras líneas de este mismo foro que el de Maine ha usado en muchas ocasiones el símil de que el escritor es como un paleontólogo desenterrando un fósil. Para él, la historia existe antes de que el escritor la encuentre, existe como el esqueleto petrificado de un dinosaurio en la ladera de una montaña y, con cada página, el novelista va desempolvando la osamenta, va descubriendo lo que ya estaba ahí antes de la primera letra del primer capítulo. Y yo creo que algunos no encuentran en toda su vida nada más que un huesecillo desperdigado de poca importancia mientras que otros, movidos por su talento y su imaginación, se topan con auténticos filones prácticamente inextinguibles a los que, además, saben sacar partido.

Yo, por mi parte, sigo pateando la ladera de la montaña, atento a los caprichos de las rocas sedimentarias, buscando…

El autor tras el autor: Stephen King y Richard Bachman

Utilizó un pseudónimo, en una serie de cinco novelas primero y, después, en otras dos que se repartieron en los años siguientes. Decidió sacarle partido a la imposición de sus editores, que se quejaban de que demasiados títulos bajo el nombre de Stephen King podían desgastar la marca.

"Se inventó una vida, una biografía, una historia atormentada detrás de una figura que a su vez inspiró algunas de sus historias y, finalmente, incluso lo enterró celebrando un funeral."

King aprovechó las circunstancias para intentar comprobar si su rotundo éxito había sido únicamente fruto de la fortuna o su talento tenía algo que ver. Por imperativo propio, tras mucho meditarlo, exigió a sus editores de Signet Books que las novelas bajo la autoría de Bachman saliesen al mercado con la menor campaña de promoción posible y, en palabras del propio King, se cargaron los dados en contra.

Se inventó una vida, una biografía, una historia atormentada detrás de una figura que a su vez inspiró algunas de sus historias y, finalmente, incluso lo enterró celebrando un funeral.

Fue una pena que no pudiera saber la verdad. A los pocos años, después de que las novelas publicadas bajo el nom de plume tuvieran éxitos comedidos de los que pocas conclusiones se podían sacar, un avispado librero se dio cuenta de ciertas similitudes en los aires de ambos autores y, después de una búsqueda en la Librería del Congreso, encontró documentos que desvelaban la autoría de King, lo que obligó a destapar la trama.

Quizá fue la sombra de la Torre Oscura la que puso sobre aviso al librero…