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La verdad sobre el caso Dicker

Nació en 1985. El Muro de Berlín seguía en pie y las Torres Gemelas parecían firmes como una verdad sin aviones. El mundo era otro, Europa firmaba el acuerdo de Schengen y las fronteras prometían otra cosa. Ese fue el año en que el escritor suizo Joël Dicker llegó al mundo. No había cumplido los 30 cuando publicó La verdad sobre el caso Harry Quebert, de ahí que The New York Times se refiriera a él como el “irritante niño prodigio literario”. Pero a Dicker los lectores no se le subieron a la cabeza y eso que acumuló más de cinco millones con aquella novela.

Además de su juventud, existe otro atributo que pone de acuerdo incluso a los que no se fijan en esas cosas. Uno que sin ser del todo literario aparece en la mayoría de las semblanzas periodísticas del escritor: su aspecto de modelo publicitario. Pero a él, como a los que son guapos de toda la vida, el asunto le da igual. Al menos no tiene los gestos de los vanidosos al uso: no da guerra para las fotos, no se mira de reojo en los espejos, tampoco endereza el flequillo o ensaya morritos para dar énfasis a lo que dice. Lo importante en Joël Dicker es otra cosa. Un buen humor natural, una especie de luminosidad y frescura. Algo tornasolea este chico. Sí, eso. De ahí que su sonrisa refleje la luz de aquello que no está completamente formado.

"Su próximo libro publicado en España será El tigre, que saldrá a la luz en noviembre. Es un texto breve, un cuento largo acaso."

La verdad sobre el caso Harry Quebert fue la primera novela suya que se publicó en España, en el año 2013. Se convirtió en la ficción literaria de aquel verano; el libro de las vacaciones. Lo cierto es que antes de aquel debut, Dicker ya tenía escritas varias historias, al menos tres, pero los editores las habían rechazado todas. Tras el desembarco de Quebert llegó Los últimos días de nuestros padres (Alfaguara) y poco después El libro de los Baltimore (Alfaguara). Los tres completaron una geografía literaria interesada en el lugar que ocupan las personas en el mundo, sea el suyo o el de otros: las relaciones que tejen; sus afectos, competencias y obsesiones. La escala de Marcus Goldman en el universo Dicker.

Sentado en una de las blancas butacas que decoran el que parece ser el único hotel literario de la ciudad -¿acaso no hay otro sitio para alojar escritores o convocar conspiraciones entre editores y periodistas?-, Joël Dicker habla del que será su próximo libro publicado en España. Se trata de El tigre, que saldrá a la luz en noviembre. Es un texto breve, un cuento largo acaso. Es la primera vez que se publica como libro. Dicker tiene sus debilidades con España y por eso Alfaguara se convierte en el primer sello que edita este texto.

 

I

El tigre fue mi primer relato. Se publicó hace doce años, yo tenía 20. Lo envié a un concurso literario.

-¿Fue aquel en el que el jurado pensó que usted  lo había plagiado?

-¡Sí, ése!

"El jurado me comentó que habían tenido sus dudas. Pensaron que lo había copiado, pero como no habían conseguido una prueba, pues que lo publicarían."

-No sabría decirle si aquello era halagador o para echarse a llorar.

-(Risas) Me llamaron para decirme que no había ganado pero que el texto era lo suficientemente bueno como para incluirlo en la antología de ganadores que se publicaría. Así que me invitaron a ir a Bruselas. Fue ahí cuando el jurado me comentó que habían tenido sus dudas. Pensaron que lo había copiado, pero como no habían conseguido una prueba, pues que lo publicarían.

-Y ahora, claro, usted se desquita. ¿A que sí?

-Bueno…—Dicker vuelve a reírse e insiste en que, en efecto, todo ocurrió así—. España será el primer país en publicarse como libro, porque originalmente formaba parte de un libro colectivo. Sólo se ha publicado en el Corriere della Sera. La edición que está por salir es preciosa. Es un pequeño volumen ilustrado. Fue una idea de María Fasce, mi editora.

-¿Qué le pasa a usted con España? ¿Por qué le gusta tanto?

-España en un país importante para mí. Siento una conexión especial con este país. Es curioso, porque no hablo español y mi relación con las personas va más allá del lenguaje.

 

II

Siendo apenas un jovencito,Joël Dicker se marchó a París para estudiar arte dramático, pero se dio cuenta de que no se sentía  “lo suficientemente comprometido como para ser actor”. Es un oficio exigente, dice. “En ese momento, me di cuenta de que sí era capaz de comprometerme para escribir”. Al mismo tiempo que estudiaba derecho en Ginebra, Dicker se dedicó a escribir. En 2009, con 25 años, ya había terminado Los últimos días de nuestros padres. “Me tomó dos años encontrar quien la publicara. Desde ese momento hasta 2012 escribí La verdad sobre el caso de Harry Quebert. Mi editor quiso publicarlas casi a la vez.  A mí no me parecía lógico sacarlas con una diferencia de seis meses. Mi editor me dijo: créeme, va a funcionar”. Y funcionó.

"La prensa literaria hizo deJoël Dicker un Frankenstein: lo llamaron entonces el nuevo Stieg Larsson; le atribuyeron la maestría de Nabokov; la elegancia de Capote y hasta le compararon con Philip Roth."

Gracias a aquella novela,Joël Dicker se hizo con el Premio Goncourt des lycéens y el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa 2012. Comenzaron, por supuesto, los elogios y las hipérboles de la crítica literaria, que señalaba aquella como la gran novela de intriga americana escrita en francés… ¡por un suizo! La historia se desarrollaba en Aurora, una pequeña  localidad costera de Nueva Inglaterra  inventada por Dicker. Allí, un profesor universitario y novelista  consagrado -Harry Quebert- es acusado del asesinato de una joven del pueblo, Nola Kellergan; el hecho, ocurrido 30 años atrás, estalla cuando consiguen el cadáver de Kellergan en el jardín de Quebert. Su pupilo, Marcus Goldman, escritor de éxito, acudirá en ayuda de su mentor. Goldman reaparecería, unos años más tarde, en El libro de los Baltimore (Alfaguara).

La prensa literaria hizo de Joël Dicker un Frankenstein: lo llamaron entonces el nuevo Stieg Larsson; le atribuyeron la maestría de Nabokov; la elegancia de Capote y hasta le compararon con Philip Roth. Él hizo entonces lo que ahora: aceptar con educación los halagos sin hacerles demasiado caso. Porque si algo tiene Dicker es eso: una absoluta capacidad para tomarse las cosas con calma. Ni lamenta ni celebra su excesiva juventud literaria. “Aunque he sido muy afortunado y he tenido este éxito, no soy un autor experimentado. Me queda mucho por hacer. Me siento y me veo como un autor joven con progresos pero al que le queda muchísimo. Hay temas, la identidad, la idea de las personas”, asegura.

"Dicker comenzó a escribir muy pronto y recuerda, antes que a cualquier otro, un autor: Roald Dahl que recuerda haber leído."

Algo en Dicker se parece a sus personajes: busca su lugar en el mundo, se escala en los sentimientos y experiencias. Gana oficio con temas relativamente universales y que cualquier experiencia vital podría sostener siempre que se tenga talento. “El tema común de mis novelas, el más importante, son las personas: cómo son, de qué manera se comportan y se relacionan. Nadie es blanco o negro, mis personajes habitan una zona gris. Puedes tener unos celos enormes de tu mejor amigo, pero si lo admites quizá puedas llevarlo mejor. Ese para mí es el gran tema de El libro de los Baltimore, La verdad sobre el caso Harry Quebert y Los últimos días de nuestros padres. Tenemos que lidiar con lo que somos”.

Hijo de un profesor universitario y madre librera,Joël Dicker nació en Ginebra aunque con raíces rusas. Se conduce como los chicos bien educados. Todo en él es pulcro, empático pero no excesivo. Su inglés afrancesado tiene trazas de acento americano, acaso porque ha vivido largas temporadas en Estados Unidos. Segundo de cuatro hermanos, Dicker comenzó a escribir muy pronto y recuerda, antes que a cualquier otro, un autor: Roald Dahl que recuerda haber leído.  Para él, los libros son como las montañas: imponentes y agotadores, pero bellos en el proceso que encarna completarlos. Ahora, Dicker está terminando la que será su siguiente novela. Aunque prefiere, claro, no hablar de ella. Mientras eso ocurre, una clave más temprana de sí mismo llegará a los lectores.  El misterio del niño prodigio al que aún le quedan años por cumplir.