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La vida de un periodista en México no vale nada

La vida de un periodista en México no vale nada

Fotografía de portada: EFE

Es un hecho que el periodismo en México es un oficio despreciado y al periodista se le considera como un intruso incómodo y nunca bienvenido en las distintas esferas del poder y la sociedad, incluso muchas veces en el mundo de la cultura, por sorprendente que pueda parecer. Si no es para plegarse sin rechistar o repetir como loros la propaganda de las “fuentes”, los periodistas tienen que ejercer su trabajo casi siempre a la contra, buscando resquicios y rendijas por donde colarse a un devenir al que solo están invitados si no causan incomodad o escozor. De otro modo, son acosados, arrinconados, señalados, echados y, en las últimas décadas, asesinados, como si esa fuera la vía más fácil y sencilla de quitárselos de en medio. La línea roja del respeto a la vida de los periodistas en México se cruzó hace mucho tiempo y, sin embargo, el actual presidente Andrés Manuel López Obrador no ha hecho más que atizar el fuego con su aberrante actitud de descalificación hacia los periodistas por el simple hecho de criticarlo o no estar de acuerdo con su proyecto político. Digamos que la máxima autoridad moral del país ha depreciado aún más el valor del periodismo en un país donde el esfuerzo por contar los hechos con veracidad y rigor, sentido crítico y afán esclarecedor, solo vale para crearte enemigos con muy mala hiel y muy pocos valedores. La sociedad mexicana en su conjunto, por indiferencia, cobardía e ignorancia, ha mirado siempre hacia otro lado y su castigo es un país hundido en la corrupción, la violencia y la confusión más absoluta respecto a su destino como nación. Un informe del Committee to Protect Journalists (Comité para la Protección de Periodistas) indica que al menos 138 reporteros han sido asesinados en México desde 1992, año en que empezó a documentar agresiones a la prensa, aunque la organización Artículo 19 lleva contabilizados 145 desde el año 2000. Como se ha señalado recientemente de forma unánime por el colectivo de la prensa, las cifras son deprimentes y evidencian la incapacidad de la Administración para frenar una ola de violencia generalizada que ha dejado más de cien mil víctimas de asesinato entre el 1 de diciembre de 2018 y el 30 de noviembre de 2021 (dato ofrecido por el Sistema Nacional de Seguridad del propio Gobierno). Y nada hace prever que esas estadísticas vayan a cambiar, si consideramos que el primer mes de 2022 ya han sido asesinados tres periodistas: la reportera Lourdes Maldonado y el fotoperiodista Margarito Martínez, en Tijuana, y José Luis Gamboa, en Veracruz, tres periodistas que estaban amenazados como están amenazados una larga lista de colegas que en cualquier momento pueden engrosar la lista negra de muertes de periodistas mexicanos según le dé al ofendido poderoso en la sombra (sea narco, político, empresario, terrateniente, líder sindical o mandamás de tres al cuarto), ordenar una ejecución a cualquier matón de gatillo fácil y tarifa económica. Porque la vida de un periodista en México no vale nada.

NUEVOS AIRES EN LA UNAM

"Sin pena ni gloria se marcha el escritor Jorge Volpi de la Coordinación de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México"

Sin pena ni gloria se marcha el escritor Jorge Volpi de la Coordinación de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México. El rector de la máxima casa de estudios mexicana, Enrique Graue, acaba de relevar al autor de En busca de Klingsor y en su lugar ha designado a la escritora Rosa Beltrán, quien tiene frente a sí una tarea que pasa primero que nada por recuperar una labor duramente golpeada por la pandemia, ya que los espacios públicos universitarios han tenido que suspender un montón de actividades que, con seguridad, hubieran dado a Volpi la oportunidad de hacer algo más que resistir una crisis que sacude al mundo cultural mexicano en su conjunto. No obstante, Volpi —que ha sido enviado a Madrid para ponerse el frente del centro de Estudios Mexicanos de la UNAM—, tuvo la oportunidad de echar a andar el elefantiásico aparato editorial de la UNAM y acertó con la designación de Socorro Venegas, quien concibió la colección Vindictas, que ha vuelto a dar luz a interesantes títulos de autoras que merecían justicia, como Alaíde Foppa, Yolanda Oreamuno, Tita Valencia, María Luis Mendoza o Luis Josefina Hernandez. Del resto poco se sabe porque, difusión, lo que se dice difusión, se ha hecho poca o se ha hecho mal. Ahora Rosa Beltrán (Ciudad de México, 1960) tiene en sus manos darle alas al proyecto editorial universitario, permitiendo que la pluralidad de voces que en México luchan por hacerse leer tengan un foro del prestigio que la UNAM puede darle, ya que el mundo editorial mexicano está de capa muy caída por la crisis pandémica y la ausencia de apoyos estatales. Autora de obras como La corte de los ilusos (1995), El paraíso que fuimos (2002), Alta infidelidad (2006), Efectos secundarios (2011), El cuerpo expuesto (2013) o su más reciente Radicales libres (2021), título que hace referencia a las moléculas que dan cuenta del inexorable paso del tiempo y que narra la historia entrelazada de tres mujeres de distintas generaciones y seis décadas de la vida en México, Beltrán acaba de obtener el IX Premio Excelencia en las Letras José Emilio Pacheco, que le otorgará la Feria Internacional de la Lectura de Yucatán (FILEY) el próximo 26 de marzo. Esperamos que pueda impulsar la cultura universitaria mexicana con la máxima difusión que necesita, porque la UNAM es una institución de primer orden internacional y tiene material para deslumbrar. Suerte.

EL COSMOS TERRENAL DE BENJAMÍN ANAYA

"Compone estrofas lúdicas y canta a la vida y sus entornos de naturaleza y asfalto como un juglar feliz"

La poesía de Benjamín Anaya (1963) —músico, promotor cultural, editor, narrador, periodista— recupera las sensaciones telúricas del universo y las hace palabra. Además, compone estrofas lúdicas y canta a la vida y sus entornos de naturaleza y asfalto como un juglar feliz, con una nostalgia que es madurez de fruto en su punto, cuando llega la temporada de cosechar la experiencia acompañada de un buen vino tinto.  A estas premisas responde su más reciente poemario, El cosmos terrenal (La Cuadrilla de la Langosta, 2021), una recorrido por su propia biografía con la mirada puesta en aquellos símbolos que han mostrado iniciaciones, paisajes, deslumbramientos, viajes y rutas donde el autor consagra su voz poética a una memoria generosa y dulce que atraviesa la vida definiendo sus etapas en un recorrido que comienza con la preparación espiritual del inicio de un viaje del que enseguida se vuelve renacido y sanado para, al final, comprender que lo único que queda es transmutar el alma, una vez la madurez ha otorgado al viajero sus penitencias, dones y dudas. Un poemario singular de un hombre que es, ante todo, un artista.

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