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La vida en el límite de la vida

Yo poseo las cimas, poseo las cimas que he ganado. ¿Y si no vivo más esos regios días? Sus noches viven en mí, sueñan mis pies con los celestes senderos, mi corazón descansa en las colinas. No lamentaré lo que dejé por hacer. Poseo las cimas y sueño con los sueños que he ganado. —Geoffrey Winthrop Young

A veces en una vida existe una especie de punto de no retorno que nos pone delante al ser que en realidad somos. Los días de idas y venidas en los que la mayoría estamos inmersos dejan poco margen para este tipo de mirada interior, salvo cuando el azar te pone delante de una circunstancia excepcional, dramática o no. Hay quien hace de esa búsqueda límite un estilo de vida. Inconformistas. Cuánto arte, ciencia y exploración les debemos a los inconformistas. Sin inconformismo no habría existido Cervantes, Cajal, Bach o Turner. No habría islas del tesoro, ni Antártida, ni viajes a la Luna.

"La más precisa tecnología parece banal ante el avance desenfrenado de un alud, o ante la traicionera niebla en alta mar"

Existen dos medios naturales muy propensos a despertar la imaginación y el ansia por la aventura, y que han sido fuente de inspiración de un ingente número de escritores: el mar y la montaña. En realidad serían tres si incluimos el Cosmos, lugar de recreación de tanta literatura de ciencia ficción. El mar implica movimiento, desplazamiento, un viaje hacia lo desconocido en un medio que posee vida propia bajo la superficie. El viaje narrado implica también a otros escenarios, los lugares donde finalizan las travesías. La montaña es, en cambio, estática, aunque se halla sometida, como el primero, a los avatares de la climatología. Ambos suponen un reto donde medir la capacidad de resistencia mental y física, en ocasiones puesta al límite de la supervivencia. La más precisa tecnología parece banal ante el avance desenfrenado de un alud, o ante la traicionera niebla en alta mar.

Cuanto más alto suba más hundiré la mirada en las profundidades de mi ser. —Reinhold Messner

Hay algo mágico en los mapas alpinos, en sus curvas de nivel, en las distancias, en los nombres. Sucede lo mismo con las cartas náuticas y sus veriles. Son lugares que empezamos a explorar desde nuestra imaginación. Al penetrar en ellos entramos en su dominio, el de la Naturaleza. Las grandes aventuras no suelen ser complacientes: su final es siempre incierto, implican triunfos y derrotas, y también momentos de absoluta percepción del sentir.

Everest, cara norte. Fotografía de Sebastián Álvaro

Existe una clase de belleza en estos retos para el alma, una suerte de distorsión capaz de convertir lo amenazante en algo poético. Poderoso insuflador de emociones. Qué diferente serían nuestras vidas si en un momento dado nos dijeran que podemos hacer exactamente lo que deseamos hacer. Algunos, tal vez la mayoría, seguirían con sus cotidianas monotonías, pero otros muchos pondrán rumbo a esa isla donde las olas estallan contra las rocas, o tocarán el vacío desde atalayas imposibles. Ante la imposibilidad de semejante tesitura, afortunadamente tenemos libros que nos permiten experimentar todos esos miedos, emociones, vivencias. Esos textos nos representan un mundo paralelo, eterno, al que siempre se puede regresar para sentirte mejor. Lecturas que alimentan el romanticismo por aquello que se desea, pero que no se puede poseer. Multiplican sus efectos eliminando el factor de la decepción. Los buenos aventureros se salen de los márgenes del libro y saben encajar bien las decepciones. Inconformistas que han llenado páginas y páginas de sueños velados y desvelos causados por experiencias reales.

En algún lugar de un libro
hay una frase esperándonos
para darle un sentido a nuestra existencia.

—Miguel de Cervantes

"A lo largo de sus páginas, plagadas de impactantes imágenes fotográficas, encontraremos una recopilación de los más soberbios relatos acontecidos en la historia del alpinismo"

Sebastián Álvaro y José Mari Azpiazu tienen la suerte de haber experimentado esos momentos sublimes y salir airosos tras batirse con las cumbres. Conocedores ambos de primera mano del poderoso valor espiritual que otorga estar cara a cara ante las blancas fauces de la montaña, el frío, la falta de oxígeno y la pérdida de compañeros de cordada, han recopilado en este libro, La vida al límite de la vida, algunos de los capítulos más impresionantes de la historia del alpinismo. A lo largo de sus páginas, plagadas de impactantes imágenes fotográficas, encontraremos una recopilación de los más soberbios relatos acontecidos en la historia del alpinismo. Entre ellos están las hazañas protagonizadas por Saussure (inventor del alpinismo), Whymper (vencedor de la montaña imposible —el Cervino—), Mummery (padre del alpinismo moderno), Mallory (pionero del Everest) y los grandes himalayistas que surgieron tras la II Guerra Mundial —Buhl, Terray, Bonatti, Bonington, Diemberger, Herzog, Hillary— hasta llegar a los valientes Messner y Kukuczka.

El peor miedo es el miedo al miedo. Ese que te paraliza y te impide actuar. El miedo se vence con la mente, es decir, con la unión de la inteligencia y el coraje. Los cobardes y los prudentes viven más. Pero todos mueren. —Sebastián Ávaro

En La vida al límite de la vida han sido reunidos sentimientos y narraciones de aquellos que estuvieron allí, aquellos que hicieron frente a dramas y derrotas confiando en sus valores y su fortaleza de espíritu. Azpiazu y Álvaro no han pretendido que sea un libro para montañeros, o una especie de texto de autoayuda que augure una felicidad fácil, sino un estimulante para cualquier persona ante sus problemas cotidianos, un acicate para seguir adelante siguiendo el ejemplo de aquellos que no se han rendido, y todo ello lo han plasmado a través de los profundos pensamientos surgidos en esos momentos límite.

La montaña es la mejor escuela de vida. Nos enseña a superar los miedos que nos impiden avanzar; a saber disfrutar de las victorias, sabiendo que siempre son efímeras. —Sebastián Álvaro / José Mari Azpiazu

"¿Por qué tratar de alcanzar lo imposible? ¡Porque está ahí!"

Enfrentarse a los miedos no deja de ser, al fin, una forma de enfrentarse ante lo desconocido. Y si somos capaces de eso, creeremos que somos capaces de superarlo todo, o casi todo. Esa creencia, esa audacia montañera, cuando no incurre en imprudencia, puede ser una buena guía, una buena maestra. No hay duda de que el precio de la aventura extrema en las altas montañas es la vida. Lo sabían bien los alpinistas a los que han dedicado este libro Sebastián Álvaro y José María Azpiazu. Y aun así, lo hicieron y volverían a hacerlo. Leyendo este magnífico libro nos sentiremos que avanzamos en cordada junto a sus grandes protagonistas. Esa ha sido la intención, lograda con maestría por nuestros autores. Un viaje íntimo hacia nuestro interior.

¿Por qué tratar de alcanzar lo imposible? George Mallory, uno de aquellos intrépidos exploradores, lo respondió de forma tajante en 1924: «¡Porque está ahí!»

Era un prodigioso colmillo blanco que sobresalía de la mandíbula del mundo: la cima del Everest. Una increíble masa montañosa. Un magnífico pico nevado con la cara norte más empinada que pudiera imaginarse. Tenía las aristas más espléndidas y los precipicios más impresionantes que he visto jamás. Tenía un extraño aire fascinante; la pared estaba flanqueada por dos enormes grietas, las extremidades de un gigante, simples, severas y soberbias. Desde el punto de vista alpinístico era imposible imaginarse una visión más hermosa. —George Mallory

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Autor: Sebastián Álvaro y José Mari Azpiazu. Título: La vida en el límite de la vida. Editorial: Lunwerg Editores. Venta: Amazon

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