Lamb House

En la anterior reseña que publicó Watson, que tuvo como título La cacería, ya se insinuaba el deseo que tenía Holmes de visitar a Henry James en su mansión de Rye, situada al sureste de Inglaterra. Recordará el lector que en la nota introductoria a la primera edición de la novela Regreso a Baskerville Hall ya se quejaba James de que, al parecer, el detective no había leído hasta la fecha su relato Otra vuelta de tuerca.

James estaba molesto con fundamento, ya que su amigo Holmes le sugería que utilizase parecidos personajes a los de Regreso a Baskerville Hall para elaborar otro relato del mismo corte inquietante, y James le respondió que ya lo había hecho.

El detective era un hombre muy cumplidor, y pensó que en el viaje que tenía programado a la mansión de la duquesa de «R», situada también en Rye, podría cumplir ambos compromisos a la vez, pero no pudo ser, por culpa de dos malas noches.

"Estaba seguro de que sus personajes vagaban de noche por la casona, reprochándole que los hubiera devuelto a la vida."

Holmes, por fin, había leído detenidamente el soberbio relato de James y quería comentarlo ampliamente con el escritor y disculparse por su tardanza en darle su opinión. Lo consultó con Watson después del desayuno y obtuvo de su amigo la aceptación más sincera.

Le pusieron un telegrama, prepararon dos maletas para otro par de noches y partieron en un carruaje hasta  Paddington para coger el tren de las 10,30 que los llevaría hasta Rye en aproximadamente una hora y media. En la estación los estaba esperando uno de sus criados, que atendía por el nombre de Burgess, quien los condujo en un traqueteante y extraño carruaje hasta la misma puerta de Lamb House, en la que ya montaba guardia Henry James, vestido con la indumentaria clásica de un ocioso y acaudalado caballero rural inglés.

Dio muestras de gran alegría al verlos, y acto seguido les mostró, con detalle, el delicioso jardín, la casa y la biblioteca que el mismo se encargaba de limpiar libro por libro con un pañuelo de seda. Durante la comida no se habló de otra cosa que no fuera la novela, mientras su mayordomo, Smith, no paraba de revolotear alrededor de la mesa delatando ligeros síntomas de embriaguez, cosa que, por lo visto, resultaba habitual en él y que James toleraba con paciencia porque con anterioridad había sido mayordomo de un duque. Según dijo el dueño de la mansión, el relato Otra vuelta de tuerca se le había metido en el alma. Estaba seguro de que sus personajes vagaban de noche por la casona, reprochándole que los hubiera devuelto a la vida.

"El detective le prometió hacer algo al respecto, pero observó que a medida que se cernían sobre la gran casa las sombras apelmazadas de la noche, James era acometido por accesos de una ambigua inquietud."

Holmes trató de tranquilizarlo, pero él insistía en que Peter Quint fue durante toda su existencia un ser maligno y que esa malignidad había traspasado con éxito la barrera de la muerte, y James quería que alguien pudiera demostrar esa teoría que le impedía pegar el ojo por las noches, y para ello nadie mejor que su buen amigo Holmes.

El detective le prometió hacer algo al respecto, pero observó que a medida que se cernían sobre la gran casa las sombras apelmazadas de la noche, James era acometido por accesos de una ambigua inquietud.

Cuando llegó la hora de acostarse, Holmes ordenó a Burgess que alimentara bien la chimenea, y mientras todos se acostaban (incluidos los criados) él se quedó de guardia sentado en un sillón para comprobar si la teoría de James tenía algún fundamento. A eso de las tres de la madrugada se oyó a lo lejos la dulce y pegadiza melodía procedente de una caja de música y el detective se puso alerta. Acto seguido se asomó a la ventana y vio que una espesa niebla muy densa brotaba de un estanque que había junto al jardín y tomaba la inquietante forma de una mujer empapada de agua y con el cabello ocultándole el rostro

"Watson se durmió en el acto como un tronco y Holmes volvió a tener las mismas alucinaciones de la noche anterior, pero esta vez halló huellas junto a la ventana, de las que pudo sacar un molde de yeso."
También vio a dos niños que corrían hacia ella y por fin oyó un fuerte ruido en los cristales y a través de ellos y de la lluvia que los azotaba con insolente furia creyó ver a un hombre rudo y de cara maligna. Sin duda alguna, James o tenía pesadillas o fuertes razones para sospechar que algo ocurría de noche en aquella casona.

Por la mañana lo comentó con Watson y ambos quedaron en darle otro día de margen a los posibles fantasmas, y de momento decidieron no decirle nada a James para no inquietarlo. La jornada trascurrió en amigable camaradería y al anochecer Holmes y Watson se quedaron montando guardia. Watson se durmió en el acto como un tronco y Holmes volvió a tener las mismas alucinaciones de la noche anterior, pero esta vez halló huellas junto a la ventana, de las que pudo sacar un molde de yeso. Una vez en Londres podrían comprobar si los fantasmas dejan huellas de sus pies en el barro.