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Las rolas de Lola: «Hallelujah»

«Hallelujah» es una canción que ha vivido varias vidas, desde ser casi ignorada cuando se publicó (en 1984), hasta resultar tan omnipresente en lo que va de siglo XXI que hasta se llegó a pedir, medio en serio medio en broma, que se declarara una moratoria en su continuo uso en concursos televisivos de canto, juegos olímpicos, funerales, películas, conmemoraciones o actos de luto tras desgracias internacionales. Hoy en día parece haberse convertido en una especie de significante de «atención: cantante luciendo voz», «atención: momento solemne» o «atención: homenaje a una de las grandes obras musicales de la Historia». O quizá todo a la vez.

Una de las curiosidades de la canción es que no tiene una letra fija. Este no es uno de esos temas que sale de corrido en diez minutos, sino que Cohen escribió hasta ochenta estrofas diferentes (llegando a darse de cabezazos contra el suelo en su hotel mientras la componía), de las que grabó siete en la versión original. Sin embargo, conservó las demás, y en sus conciertos en directo a veces incluía alguna de ellas en lugar de la del disco. Cuando el músico galés John Cale quiso regrabarla para un disco de homenaje a Cohen, le pidió al autor la letra y este le envió por fax (era 1991) quince páginas.

La fama de esta canción despegó de verdad debido a Shrek. Pues sí, como suena: una de las piezas musicales de contenido espiritual más complejo (aunque hay quien la lee como una oda al orgasmo trabajosamente conseguido) se extendió como la pólvora cuando apareció en esta película animada de DreamWorks en 2001, cuatro meses antes del 11-S, y a la vez también puede decirse que, aparte de que Shrek es una película muy estimable por sí misma, el uso de esta canción la elevó a otro nivel. Desde entonces este tema ha sido versionado en grabaciones comerciales unas trescientas veces. La mejor de ellas seguramente sea la de Jeff Buckley, que convirtió el tono grave-irónico de Cohen en un himno desgarrado, a lo cual ayudó la temprana muerte del intérprete a los 30 años, sin poder llegar a ver el gran éxito de su grabación. De hecho, es esta versión, y no la de Cohen, la que ha sido elegida por el Congreso estadounidense para ser incluida en su National Recording Registry (quizá tenga que ver el hecho de que Cohen era canadiense y Buckley californiano).

La letra hace muchas referencias bíblicas, comenzando por una al rey David, que aparte de su fama por lo de Goliat era músico. Se habla de un «acorde secreto» que agradaba incluso a Dios, y que más que un acorde es una progresión, típica de la música gospel, que de hecho es la misma en la que se cantan esas mismas palabras en la canción: the fourth (la cuarta nota, o sea, «fa»), the fifth (la quinta nota, o sea, «sol»), the minor fall (la bajada al tono menor, o sea, al «la» menor), y the major lift (o sea, vuelta al «fa» mayor»). El pobre David aparece desconcertado, más que animado, por su sabiduría musical, quizá porque se haya adentrado por unos misterios que no comprende. O quizá se está dando de cabezazos también, intentando encontrar cosas que rimen con «aleluya». Todo un experto letrista como Cohen se ve reducido a usar verbos acabados en sonido «u» (do, overthrew) seguidos de un «you» modificado a la pronunciación coloquial «ya».

Lo de «aleluya» tiene el conocido significado de alabanza y alegría, pero ¿qué se está alabando exactamente? La verdad es que hay varios motivos para darle un tono sexual a toda la canción, pasando de ese David que componía música que complacía a Dios a mujeres fatales de la Biblia como Betsabé y Dalila (la que le cortó el cabello a Sansón), que provocan que alguien exclame un «aleluya» de un tono muy diferente al musical. O quizá no tanto. El propio autor dijo que había aleluyas de muchos tipos, y siempre pareció gustarle la fama tardía que adquirió la canción (sobre todo por la resistencia de su productora en los 80 a publicarla en single) junto al hecho de que tantos artistas diferentes la cantaran, usando frecuentes variaciones de la letra. Todo ello le acaba dando una pátina de historia bíblica también, transmitida de generación en generación mientras evoluciona con flexibilidad. Además, la propia canción lo dice: si te parece que diciendo «aleluya» para algo diferente de alabar a Dios estoy tomando su nombre en vano (como el de Jehová en La vida de Brian), ¿a ti qué más te da?. «Da igual qué aleluya hayas oído».

Normalmente incluyo enlaces a varias versiones de la rola del día, pero esta vez solo voy a poner aquí la que le he robado a la genia Eugenia (17 años), talentosa amiga e hija de amigos, superadora de dificultades desde la niñez, remezclada por los Los Héroes Cansinos. Quien quiera investigar, encontrará interpretaciones de gente tan variopinta como Bob Dylan, KD Lang, Willie Nelson, Tim Minchin, Bon Jovi, Justin Timberlake, Bono de U2 o Il Divo en español, aparte de «triunfitos» varios en muchos países (en la Navidad de 2008 hubo una épica batalla de ventas en el Reino Unido entre las versiones de Cohen, de Buckley y de la ganadora del X Factor de aquel año, Alexandra Burke).

Letra [original solo] y traducción:

Now I’ve heard there was a secret chord
that David played, and it pleased the Lord,
but you don’t really care for music, do ya?
It goes like this: the fourth, the fifth,
the minor fall, the major lift.
The baffled king composing Hallelujah
Hallelujah, Hallelujah, Hallelujah, Hallelujah

Your faith was strong but you needed proof.
You saw her bathing on the roof.
Her beauty and the moonlight overthrew ya.
She tied you to a kitchen chair,
she broke your throne, and she cut your hair,
and from your lips she drew the Hallelujah.
Hallelujah, Hallelujah, Hallelujah, Hallelujah

You say I took the name in vain.
I don’t even know the name.
But if I did, well really, what’s it to ya?
There’s a blaze of light in every word.
It doesn’t matter which you heard,
the holy or the broken Hallelujah.
Hallelujah, Hallelujah, Hallelujah, Hallelujah

I did my best, it wasn’t much.
I couldn’t feel, so I tried to touch.
I’ve told the truth, I didn’t come to fool ya.
And even though it all went wrong,
I’ll stand before the Lord of Song
With nothing on my tongue but Hallelujah.
Hallelujah, Hallelujah, Hallelujah, Hallelujah

Pues he oído que había un acorde secreto
que David tocó y que agradó al Señor,
pero a ti en realidad la música no te importa, ¿verdad?
Va así: «fa» mayor, «sol» mayor,
baja a «la» menor, se eleva a «fa mayor».
El desconcertado rey componiendo Aleluya.
Aleluya, aleluya, aleluya, aleluya.

Tu fe era fuerte, pero necesitabas pruebas.
La viste bañándose en el tejado.
Su belleza y la luz de la luna te derribaron.
Ella te ató a una silla de cocina,
te quebró el trono, te cortó el cabello,
y de tus labios extrajo el Aleluya.
Aleluya, aleluya, aleluya, aleluya.

Dices que tomé su nombre en vano.
Ni siquiera conozco ese nombre,
pero si lo hice, pues en realidad, ¿a ti qué te importa?
Hay una llamarada de luz en cada palabra,
no importa cuál oyeras,
el sagrado o el roto Aleluya.
Aleluya, aleluya, aleluya, aleluya.

Lo hice lo mejor que pude, no fue mucho.
No podía sentir, así que intenté tocar.
He dicho la verdad, no he venido a engañarte.
E incluso aunque todo salió mal,
me erguiré ante el Señor del Canto
sin nada en mi lengua excepto Aleluya
Aleluya, aleluya, aleluya, aleluya.

Traducción de Rogorn Moradan

En el bar de Lola, cuando ella está de humor, a veces te deja pedir una canción. Eso sí, te vas tú a la máquina, te la buscas y te la pones tú, y luego te las apañas con los aplausos o los abucheos de la concurrencia. Si algún zendadano se anima, que busque cambio en el bolsillo, pida la siguiente y nos cuente algo sobre ella.

Todas las rolas de Lola, aquí.

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