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Las sombras de Antonio Muñoz Molina y Javier Cercas

Las sombras de Antonio Muñoz Molina y Javier Cercas

En las últimas semanas han sido dos los caprichos que han caído en mis manos: por un lado, el libro de Antonio Muñoz Molina sobre la vida de James Earl Ray, asesino de Martin Luther King, y su breve paso por Lisboa previo a su detención, Como la sombra que se va; y por otro, el libro en el que Javier Cercas nos cuenta la historia de Manuel Mena, un tío paterno de su madre que con diecinueve años, y siendo o habiendo sido un falangista convencido, muere en una batalla de la Guerra Civil, El monarca de las sombras. 

Las similitudes entre ambas obras no son fáciles de ver en un primer momento, más allá del hecho de que ambas hablen de la vida de un personaje real. La primera, la de Muñoz Molina, trata de un tipo tristemente célebre a nivel internacional, el asesino de uno de los mitos del siglo XX, y de su huida desesperada desde los EEUU a Europa; la segunda, la de Cercas, trata de alguien que hasta la publicación del libro no había salido del entorno de la familia del autor, uno de los tantos miles de españoles que, peleando en uno u otro bando durante la guerra, perdió la vida en el frente sin dejar tras de sí apenas memoria de su existencia, más allá de la que guardaran de él unos pocos familiares recluidos en un pequeño pueblo de Cáceres.

"En la novela de Muñoz Molina tenemos dos narraciones bien diferenciadas, casi dos novelas distintas"

Y sin embargo, una lectura atenta de ambas obras, y sobre todo, como en mi caso, una lectura seguida de ambas, deja un regusto extraño. No es sencillo explicar el qué (es lo que estoy tratando de hacer en este artículo, explicarlo), pero al leerlas le queda a uno la sensación de que ha leído dos historias distintas pero que obedecen a unos esquemas mentales idénticos, que ofrecen unas respuestas idénticas a ciertas preguntas formuladas implícita o explícitamente en dichos textos.

Para empezar, estaría el hecho de que ambas obras se inscriben dentro del género de la autoficción, esto es, el género en el que la voz narrativa (o una de las varias que pueden aparecen en un libro) se identifica directamente con la propia voz del autor. O sea, que el narrador posee la misma biografía, la misma visión del mundo, y hasta el mismo nombre que el autor del libro. Así, en la novela de Muñoz Molina, tenemos dos narraciones bien diferenciadas, casi dos novelas distintas: una de ellas está escrita en tercera persona y nos cuenta con un nivel de detalle exhaustivo las andanzas de James Earl Ray durante los meses anteriores y posteriores a su crimen, haciendo hincapié sobre todo en su estancia de unos días en Lisboa antes de ser arrestado en el aeropuerto de Heathrow en Londres; la otra es la narración de cómo se gestó la novela que lanzó al propio Antonio Muñoz Molina a la fama, El invierno en Lisboa, allá por el año 87, cuáles fueron las repercusiones familiares de la escritura y publicación de esta novela, y en qué consiste la relación que el autor mantiene con esta ciudad en la que el asesino de Luther King se refugiara en el año 68. Ni qué decir tiene que para un lector fiel de Muñoz Molina (yo no me consideraría tanto como fiel, pero vuelvo a él de cuando en cuando), es esta segunda parte la de mayor interés, y más si (como fue mi caso) el lector tiene fresca en su memoria la lectura de El invierno en Lisboa. En Como la sombra que se va, Muñoz Molina hace un ejercicio de introspección y casi de desnudez sobre los sentimientos que, como narrador, como padre y como esposo, albergó durante la escritura de aquella obra de juventud que lo consagró definitivamente. Esta novela se puede considerar, por tanto, algo así como un making-of de El invierno en Lisboa, y en ella el autor, mucho más maduro que el de aquel año 87, aprovecha un hecho casi anecdótico, el paso de James Earl Ray por Lisboa, para indagar en su propia razón de ser como escritor y como ser humano.

"También en El monarca de las sombras aparecen muchas referencias y conexiones con la novela que lo descubrió a la crítica y el gran público, Soldados de Salamina"

Esto mismo es lo que hace, salvando ciertas distancias, Javier Cercas en El monarca de las sombras. También en ella aparecen muchas referencias y conexiones con la novela que lo descubrió a la crítica y el gran público, Soldados de Salamina: las dos tratan el tema de la Guerra Civil española desde la perspectiva de un escritor que ahonda en la vida de un falangista, e incluso (casi a modo de guiño o desahogo del propio autor, a decir mío) se incluye una interesante conversación entre el narrador y su amigo y director de cine David Trueba sobre el particular, en la que este último llega a espetar: “¿De verdad vas a escribir otra novela sobre la Guerra Civil? Pero, ¿tú eres gilipollas o qué?”. Además, también como la novela de Muñoz Molina, El monarca de las sombras es una indagación personal e íntima en la condición de escritor y de ser humano, que parte a su vez de otro hecho anecdótico, como lo es la muerte del tío de su madre en el frente. Cercas, lo mismo que Muñoz Molina, realiza una labor de documentación exhaustiva: en el caso del ubetense, este visita archivos digitalizados del FBI, así como las localizaciones reales de la vida de James Earl Ray; el extremeño visita en cambio archivos de la Guerra Civil española y escenarios como su Extremadura natal, Teruel, o Bot (en Tarragona), localidad en la que muere su tío. Ambos nos hablan de sus circunstancias familiares, de la primera novela exitosa que les cambió la vida, y de su singular relación personal y literaria con lugares en los que ellos mismos han habitado: Granada o Lisboa en el caso de Muñoz Molina; Ibahernando y Gerona en el caso de Cercas. Del mismo modo, Cercas intercala pasajes donde se escucha su voz de autor-narrador y otros en los que pasa a una tercera persona para narrarnos las circunstancias que rodearon la muerte de su pariente Manuel Mena: su formación académica, su radicalización política y su posterior desconfianza en la política y la guerra, los avatares del batallón al que pertenecía por tierras del Ebro, etc., de modo que también en El monarca de las sombras tenemos dos novelas en una, por así decirlo: la novela que nos cuenta la vida y muerte del falangista Manuel Mena, y la novela que nos cuenta el acercamiento literario del novelista Javier Cercas a la figura de su familiar.

"Muñoz Molina nos presenta a un James Earl Ray frágil y temeroso, pero en ningún caso arrepentido de ser el responsable del magnicidio más insigne de la historia de los EEUU"

Las dos son obras muy complejas desde un punto de vista literario. Dos novelas que contienen un juego de voces o perspectivas no siempre sencillo de seguir para un lector que desconozca las circunstancias personales de los autores y carezca de cierta noción previa de sus estilos narrativos. Dos obras de madurez, dos ejercicios de reflexión sobre la propia obra y la propia vida, a la vez que de investigación sobre los motivos por los que otra persona, en un contexto determinado, actúa de un modo abiertamente condenable.

Así, Muñoz Molina nos presenta a un James Earl Ray frágil y temeroso, pero en ningún caso arrepentido de ser el responsable del magnicidio más insigne de la historia de los EEUU, y quizá de de la historia mundial (después del de JFK o el del archiduque Francisco Fernando), un tipo movido por razones inaprensibles y peregrinas que posteriormente trató de justificarse aludiendo a una conspiración de la CIA de la que él mismo fue víctima. Muñoz Molina no emite juicio moral alguno: James Earl Ray es un ser abyecto y malvado, y como tal queda expuesto, pero a la vez quedan expuestos los matices de su personalidad, sus posibles dudas y temores, su incapacidad para sentir empatía por su víctima o comprender siquiera el alcance de su acción una vez ejecutada, siendo el objeto de la mayor caza al hombre de todo el siglo XX “solo” por haber quitado la vida a un negro, algo dolorosamente habitual en la América de los años 60.

Del mismo modo, Cercas expone (aunque en su caso ha sido objeto de muchas críticas y acusaciones de “blanqueamiento”; yo no voy a entrar ahí porque el tema exigiría una larga disertación) los matices de la personalidad de su pariente Manuel Mena, un joven embebido de discursos falangistas que toma partido por una causa que a la postre él mismo descubre, si no equivocada, al menos insuficiente para justificar la violencia y el dolor provocado por la misma; un joven, dice Cercas, que poco antes de su muerte se desvela como “desengañado de sus ideales”, un “soldado en una guerra ajena, que ya no sabía por qué luchaba”.

"Se podría pensar que es Muñoz Molina quien se inspira en Cercas, aunque esa inspiración sería ciertamente discutible"

La novela de Muñoz Molina es casi tres años anterior a la de Cercas (2014 la primera, 2017 la segunda), pero la idea de que el extremeño haya podido inspirarse en la obra de su colega ubetense para la redacción de El monarca de las sombras es poco menos que absurda. No solo porque la obra de Cercas gire en torno a un asunto puramente familiar, sino porque de los dos es este quien en toda su carrera ha practicado más asiduamente el recurso de la autoficción que emplean ambas. Es decir, que la novela de Cercas encaja perfectamente con su bibliografía anterior y hasta puede considerarse una derivada necesaria de la misma (usa su fórmula habitual, la del narrador-autor, para contar un incidente familiar donde se mezclan hechos reales y otros de ficción, o al menos ficcionalizados). En cambio, la de Muñoz Molina es una rara avis en la suya, no solo por el uso de la autoficción sino porque el componente de realidad y de datos biográficos es mucho mayor que en sus trabajos anteriores. En todo caso, por tanto, se podría pensar que es Muñoz Molina quien se inspira en Cercas, aunque esa inspiración sería ciertamente discutible.

"El monarca de las sombras de Javier Cercas y Como la sombra que se va de Antonio Muñoz Molina, o al revés, son dos obras de un indudable valor literario"

Lo que no es discutible son las semejanzas señaladas entre ambas obras. Lo que no es discutible es que estamos ante dos novelas que, como hemos visto, responden a un esquema muy parecido. Tanto es así que los títulos de ambas no solo es que tengan en común la palabra “sombra”, sino que son totalmente intercambiables. E incluso, me atrevería a decir, ambas saldrían ganando con el intercambio. Qué duda cabe de que James Earl Ray fue, a su modo, un Monarca de las sombras, alguien que, como Aquiles en la Ilíada (de donde Cercas toma su título), alcanzó la inmortalidad cometiendo acciones inmorales y despreciables (James Earl mató a Luther King; Aquiles mató a Héctor y además arrastró su cadáver frente a las murallas de Troya) por las que hubo de pagar posteriormente un alto y merecido precio. Del mismo modo, el pariente de Cercas, Manuel Mena, no fue sino una sombra que se fue sin dejar apenas rastro en el mundo, sin dejar más huella de su existencia que un puñado de documentos con su nombre desperdigados aquí y allá, y un recuerdo más o menos vívido o impreciso en la memoria de unos pocos familiares.

El monarca de las sombras de Javier Cercas y Como la sombra que se va de Antonio Muñoz Molina, o al revés, son dos obras de un indudable valor literario, lo cual no significa que tengan que ser necesariamente del gusto de todos los lectores, o que estos tengan por qué aceptar como válidas las respuestas que las obras pretenden dar a los interrogantes que motivan la narración. Dos obras que, en cualquier caso, difícilmente dejarán indiferente a quien en su momento decidiera, o decida a causa de este artículo, transitar por ellas.

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Autor: Javier Cercas. TítuloEl monarca de las sombrasEditorial: Random House. VentaAmazonFnac y Casa del libro

Autor: Antonio Muñoz Molina. TítuloComo la sombra que se vaEditorial: Seix Barral. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro