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Lepisma y el hombre incólume

En 2017 Óscar decidió que con 55 años había llegado el momento de cumplir con su sueño, así que se armó de valor y abrió su propio negocio, Con un bar de huevos. Como se puede suponer por su nombre, era un pequeño bar especializado en huevos fritos, tortillas, huevos encurtidos, huevos estrellados, al plato, revueltos, rellenos, yemas de Santa Teresa o flan de claras; la materia prima venía proporcionada por unas cuantas gallinas que compró y que ahora vivían en un pequeño terreno que había heredado y del que hasta entonces no había sacado ningún provecho. Todo un lujo que abriera un negocio así en mi barrio, que antaño tenía un entrañable tejido comercial y ahora era un cúmulo de locutorios, salones de juego y casas de empeño… cuando a mí el empeño que me gustaba era el de Óscar en ofrecer el mejor servicio con una amplia y sincera sonrisa.

Fue allí donde probé por primera vez el ponche de huevo, una bebida que recordaba vagamente que mi abuela usaba como remedio para la fiebre, pero contra todo pronostico me encantó. Cada tarde pasaba por el Con un bar de huevos a beber mi ponche mientras charlaba un rato con Óscar de lo divino y lo humano.

—Podrías decorar la pared del fondo con citas ovoliterarias —le hice sonreír, pero vi que la idea no le desagradaba—. Recuerdo una que dice: El pájaro rompe el cascarón. El huevo es el mundo. El que quiere nacer tiene que romper un mundo. Es de Hermann Hesse.

—¿Hermann? ¿Y Hesse quién es? —respondía, con uno de esos juegos de palabras tan característicos suyos, y de los que la propia denominación de su negocio era una muestra—. Pues mira, yo no soy un pensador… o sí, todos lo somos. Vamos, que no me pagan por pensar… Bueno, tú ya me entiendes… o no —reíamos—. Pero a veces pienso que el mundo es como un huevo. Visto desde fuera puede parecer sólido, siempre incólume —debía de gustarle esa palabra, porque no era la primera vez que se la escuchaba— pero basta un pequeño golpe en el cascarón para que todo se desparrame.

Quién nos iba a decir que en poco tiempo el golpe en el cascarón iba a venir dado por un virus proveniente de China, aunque antes de que eso sucediera y de que todo comenzara a desparramarse, yo ya había sido internado en Carfax; sin embargo, aun encerrado entre los muros de este psiquiátrico no ha habido día en que no piense en él, deseando que todo le vaya bien. Aquí la información del exterior nos es proporcionada con cuentagotas, pero cuando oigo hablar de confinamientos, de toques de queda o de que se cierran comercios, yo cruzo los dedos deseando que, si algún día puedo salir de aquí, me encuentre abierto el Con un bar y pueda tomarme allí mi ponche de huevo; que su sueño siga vivo, que el barrio pueda seguir sintiéndose orgulloso de él, y que Óscar continúe como le gusta estar: incólume.

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