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Lepisma y la dieta mediterránea

Lepisma y la dieta mediterránea

Cuando Lepisma Saccharina me explicó la variedad de su dieta no pude dejar de compararla con la paupérrima alimentación que nos proporcionan en el que es actualmente mi domicilio, el psiquiátrico de Carfax: un lugar, por cierto, del que empiezo a dudar de su misma existencia. No sólo porque su nombre parezca un guiño a Dracula, la inmortal obra de Bram Stoker, sino porque los menús que nos proporcionan a los internos no me parecen ni siquiera reales. Entiendo que la ubicación del edificio en el borde de un acantilado pueda influir en las decisiones del cocinero, pero eso no debería ser excusa para que día tras día, sin la menor variación, nos encontremos siempre con los mismos platos:

DESAYUNO

                              Erizos de mar hervidos

                                         COMIDA

              Cabezas de gaviota con pinzas de cangrejo

                                           CENA:

                                     Sopa de algas

Pero lo que más me hace sospechar de la irrealidad de este lugar, incluso de que yo mismo no sea más que un personaje creado por algún mediocre literato, es la merienda. Porque dudo que en ninguna institución psiquiátrica alojada en el mundo real se aceptara esto:

MERIENDA:

                       Pan con diazepam, comida de…

                 (espacio a rellenar por el Dr. Seward)

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