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Lluís Homar: «El Siglo de Oro debe ser una cuestión de Estado»

Lluís Homar: «El Siglo de Oro debe ser una cuestión de Estado»

Con la Cultura «se nos ve el plumero», asegura Lluís Homar (Barcelona, 1957), que en su primera temporada «100%» en la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) propone que el Siglo de Oro sea «una cuestión de Estado» porque es «patrimonio inconmensurable en este momento de orfandad de la humanidad»».

Homar, que tomó el relevo de Helena Pimenta la temporada pasada y hasta esta no ha diseñado por entero su contenido, lleva apenas una semana en su despacho del Teatro de la Comedia, sede de la CNTC, un espacio espartano que es como «una página en blanco» porque quiere «calma y estabilidad», explica en una entrevista con EFE.

Su temporada «100% equipo Homar» está, «en estos tiempos convulsos», llena de «fuerza y compromiso» con el futuro, defendida por nombres como Josep Maria Flotats, Adriana Ozores o Franca Squarciapino, que darán a Lope, Shakespeare, Molière o Calderón una «nueva luz», para que no haya «una mirada única».

Por eso, Lope «se encuentra» con Sergio Blanco, o Lluisa Cunillé con Ramón de la Cruz porque, recalca Homar, la CNTC no hace «teatro de museo. El Siglo de Oro es teatro contemporáneo», asegura. Ha querido renovar el vestíbulo del Teatro de la Comedia para que desde el comienzo el espectador, «tan fiel como lo es el de la música clásica», «entre en el hecho dramático», y por eso ha pasado del monocorde gris al añadido de un «estimulante» rojo en muchas de sus declinaciones: «Era un lugar sin resolver», apunta. Además, han diseñado para el que considera «el mejor teatro de Madrid» un nuevo logo que convive con el anterior formando una columna, la que sostiene un proyecto «público, de convivencia y complicidad con el mundo».

El catalán llego a Madrid de forma «difícil», con un nombramiento «cuestionado», porque aunque «el eje» de su trayectoria son los clásicos no se había enfrentado tanto al Siglo de Oro español —sí al catalán, en el Lliure— ni a la gestión de un coliseo de repertorio como el de la CNTC. «En la rueda de prensa de presentación dije que venía a aprender, y fui un poco inocente, aunque lo mantengo. Ahora pondría más énfasis en que mi ADN es el servicio público, no iría como pidiendo perdón. Me gusta ser humilde, honesto, pero aquello no era una reunión de amigos», rememora. «Me entusiasma ser parte de un equipo, pero sería mentira si dijera que aquello no me afectó. Soy actor, por tanto una persona muy sentida», señala.

Abrirán, con El vergonzoso en palacio, de Tirso, el 29 de septiembre dirigido por Natalia Menéndez en versión de Yolanda Pallín y lo harán con un 71% de aforo, es decir, 350 localidades. «Hay algo que no encaja. En el avión, todo ocupado y sin distancia de seguridad. Creo que aún hay esas reminiscencias de que lo cultural no es esencial. La Sanidad, la Educación y la Cultura son tres pilares incuestionables, y con cosas como los aforos se nos ve el plumero. No está hecho en contra de la Cultura, como pasó en tiempos de ‘No a la guerra’, es falta de consciencia de que este es el alimento del alma».

Reconoce que en el verso hay una dificultad que no hay en otros textos, «es como un código, un reto a mantener la atención, pero hay que recordar que hace 400 años la mayoría del público era analfabeto y estas obras llegaban y se repetían». Por eso, en esa meta de conseguir nuevos «convencidos» de la «maravilla» que es ese trabajo, de que no es algo «aburrido, ergo del pasado», han promovido para esta temporada «Arte nuevo» con el objetivo de que los jóvenes sientan «que también es su teatro». Se trata de tres textos, de Calderón —Eco y Narciso—, Ana Caro —Valor, agravio y mujer— y Lope —Fuenteovejuna— «reconstruidos» desde «una mirada fresca, cómplice, actual y profunda» del Siglo de Oro, con los que irán a centros educativos. «Nuestro verso es complejo, pero hay que recordar que en Francia o Inglaterra estas composiciones han estado siempre presentes. En España hemos ido a trompicones. Es una cuestión de complicidades. A veces lo nuestro lo ponemos en un valor relativo, como pasa con la zarzuela», lamenta.

En esta temporada, Homar «será» actor en El príncipe constante, una de las obras maestras de Calderón, con dirección y versión de Xavier Albertí, y dirigirá La comedia de las maravillas, en la que Cunillé «ha cosido» varios sainetes de Ramón de la Cruz. Flotats dirigirá y protagonizará la versión del clásico de Molière El enfermo imaginario, una producción de lujo con vestuario de la ganadora de un Oscar Franca Squarciapino, y Adriana Ozores dirigirá Las troyanas, de Séneca, en versión de Ángeles González Sinde.

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