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Los 50 libros más leídos de la historia

Los 50 libros más leídos de la historia

Si bien la literatura acumula a sus espaldas varios milenios de historia, lo cierto es que la industria literaria, como tal, es un fenómeno mucho más reciente. La lectura solo pudo empezar a democratizarse a partir de la invención de la imprenta, y fue entonces, y especialmente en los siglos sucesivos, cuando los libros comenzaron a hacerse un hueco —que ahora ya es espacio fijo— en todas las casas. De este modo, ¿cómo podemos cuestionarnos cuáles han sido los libros más leídos de la historia? Combinando varios índices —las cifras ventas, diversas votaciones online o la importancia histórica—, en Zenda hemos elaborado una lista aproximada de 50 volúmenes que pueden presumir de habitar un gran número de las estanterías del mundo.

La elaboración de esta lista tiene como resultado un conjunto híbrido que enlaza en un mismo espacio a las grandes obras religiosas y a algunos de los más importantes clásicos de la literatura universal, pero también a obras modernas que, aprovechándose de la agilización de los procesos industriales del siglo XX, lo han tenido más fácil para convertirse en clásicos inmediatos dentro de una gran diversidad de géneros literarios. Os dejamos, pues, con estas 50 obras.

Los 50 más leídos:

1. La Biblia, Anónimo

«Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.»

2. Odisea, de Homero

«Mientras los maderos están sujetos por las clavijas, seguiré aquí y sufriré los males que haya de padecer, y luego que las olas deshagan la balsa me pondré a nadar, pues no se me ocurre nada más provechoso.»

3. Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes

«El amor junta los cetros con los cayados; la grandeza con la bajeza; hace posible lo imposible; iguala diferentes estados y viene a ser poderoso como la muerte.»

4. Historia de dos ciudades, de Charles Dickens

«Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo».

5. El principito, de Antoine de Saint-Exupéry

«He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos».

6. Diario, de Ana Frank

«Las personas libres jamás podrán concebir lo que los libros significan para quienes vivimos encerrados».

7. El Señor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien

«Ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos».

8. Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll

«Alicia estaba ya tan acostumbrada a que todo cuanto le sucediera fuera algo extraordinario que le pareció de lo más soso y estúpido que la vida siguiera por el camino normal».

9. Sueño en el pabellón rojo, de Cao Xueqin

«Según yo lo veo, la belleza de la poesía reside en algo imposible de expresar con palabras, pero que se hace muy vívido cuando lo pensamos. Parece ilógico, ciertamente, pero bien pensado no carece de sentido».

10. Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

«Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo».

11. Lolita, de Vladimir Nabokov

«Estoy suficientemente orgulloso de conocer algo para ser humilde por ignorarlo todo».

12. El código Da Vinci, de Dan Brown

«El hombre llega mucho más lejos para evitar lo que teme que para alcanzar lo que desea».

13. El nombre de la rosa, de Umberto Eco

«Dentro de poco me reuniré con mi principio, y ya no creo que éste sea el Dios de gloria del que me hablaron los abades de mi orden, ni el de júbilo, como creían los franciscanos de aquella época, y quizá ni siquiera sea el Dios de piedad».

14. El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger

«Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos. Quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura».

15. Diez negritos, de Agatha Christie

«Comprendí que no podía curarme y que al final llegaría la muerte lenta y dolorosa. Decidí vivir intensamente hasta la hora fatal».

16. Robinson Crusoe, de Daniel Defoe

«Creo que es imposible expresar cabalmente el éxtasis y la conmoción que siente el alma cuando ha sido salvada, diría yo, de la mismísima tumba».

17. El alquimista, de Paulo Coelho

«Siempre existe en el mundo una persona que espera a otra, ya sea en el medio del desierto o en medio de una gran ciudad. Y cuando estas personas se cruzan y sus ojos se encuentran, todo el pasado y todo el futuro pierden completamente su importancia y sólo existe aquel momento».

18. El arte de la guerra, de Sun Tzu

«El supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar».

19. 20.000 leguas de viaje submarino, de Julio Verne

«El mar es el vehículo de una existencia prodigiosa y sobrenatural. Es movimiento y amor, es el infinito hecho vida».

20. La colina de Watership, de Richard Adams

«Los animales no se comportan como los hombres —dijo—. Si tienen que pelear, pelean, y si tienen que matar, matan. Pero no se sientan y utilizan su ingenio para maquinar maneras de destrozar la vida de las otras criaturas y herirlas. Poseen dignidad y animalidad».

21. Ilíada, de Homero

«Aquí no todos los aqueos podemos ser reyes; no es un bien la soberanía de muchos; uno solo sea príncipe, uno solo rey: aquél a quien el hijo del artero Crono ha dado cetro y leyes para que reine sobre nosotros».

22. Guerra y paz, de Lev Tolstói

«Cuando el hombre se mueve, siempre busca el objetivo de ese movimiento. Para recorrer mil kilómetros debe creer que hay algo bueno después de ese recorrido, y necesita el señuelo de una tierra prometida para tener fuerzas y poder moverse».

23. El Corán, Anónimo

«He aquí una Parábola del Jardín prometido a los justos: hay en él ríos de agua incorruptible, ríos de leche cuyo sabor no cambia jamás, ríos de vino que son una alegría para los que lo beben y ríos de miel pura y cristalina. Hay en él toda clase de frutos para ellos, y la Gracia del Señor. ¿Pueden compararse (los que alcancen tal felicidad) con aquellos que morarán eternamente en el Fuego, y a los que se les dará a beber agua hirviendo que les destroce las entrañas?»

 

24. El conde de Montecristo, de Alexandre Dumas

«Vivid, pues, y sed dichosos, hijos queridos de mi corazón, y no olvidéis nunca que hasta el día en que Dios se digne descifrar el porvenir al hombre, toda la sabiduría humana estará resumida en dos palabras: ¡Confiar y esperar!»

25. Ana de las tejas verdes, de Lucy Montgomery

«Así fue como el club de cuentos empezó a existir. Al principio estuvo limitado a Ana y Diana, pero luego se extendió para incluir a Jane Andrews y Ruby Gillis y a una o dos más que querían cultivar su imaginación. No se permitieron varones, aunque Ruby opinaba que su admisión lo haría más excitante; cada miembro debía presentar un cuento semanal. Es muy interesante… Cada una debe leer su cuento en voz alta y todos los comentamos».

26. El hobbit, de J.R.R. Tolkien

«En estos lugares somos gente sencilla y tranquila y no estamos acostumbrados a las aventuras. ¡Cosas desagradables, molestas e incómodas que retrasan la cena!»

27. Orgullo y prejuicio, de Jane Austen

«En vano he luchado. No quiero hacerlo más. Mis sentimientos no pueden contenerse. Permítame usted que le manifieste cuán ardientemente la admiro y la amo».

28. El mundo de Sofía, de Jostein Gaarder

«Nuestra propia existencia contribuye a decidir cómo percibimos las cosas en el espacio. Si algo es inesencial para mí, no lo veo».

29. Matar a un ruiseñor, de Harper Lee

«Los ruiseñores no se dedican a otra cosa que a cantar para alegrarnos. No devoran los frutos de los huertos, no anidan en los arcones del maíz, no hacen nada más que derramar el corazón, cantando para nuestro deleite. Por eso es pecado matar un ruiseñor».

30. Flores en el ático, de V. C. Andrews

«Sé que está mal lo que siento por ti y que debería procurar encontrar otra persona, tal como tú intentas hacer, pero no puedo dejar de quererte y necesitarte. Pienso en ti durante todo el día, y por la noche sueño contigo. Desearía despertarme y verte conmigo en la habitación, acostarme y saber que tú estás allí, muy cerca, donde pudiese verte, tocarte…»

31. 1984, de George Orwell

«Desde donde estaba Winston podían leerse, labrados con elegante caligrafía en la fachada blanca, los tres eslóganes del Partido: La guerra es la paz. La libertad es la esclavitud. La ignorancia es la fuerza».

32. Divina comedia, de Dante Alighieri

«Bien puedo ver que anidas en tu propia luz, y que la desprendes por los ojos, porque cuando te ríes resplandecen; mas no quién eres, ni por qué te encuentras, alma digna, en el grado de la esfera que a los hombres ocultan otros rayos.»

33. Drácula, de Bram Stoker

«Oh, querida mía, si solo supieras que tan extraña es la razón por la que estoy aquí, serías tú quien reiría. He aprendido a no pensar menos de las creencias de nadie, sin importar qué tan extraña sea».

34. El gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald

«Y entonces, gracias al sol y a los increíbles brotes de hojas que nacían en los árboles, a la manera como crecen las cosas en las películas a cámara rápida, sentí la familiar convicción de que la vida estaba empezando de nuevo con el verano».

35. Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain

«Es mi destino ser aplastado por el fango, por la bota de hierro de la opresión. La desgracia ha quebrado mi espíritu, en otro tiempo arrogante y altivo. Renuncio, me someto… Es mi destino. Estoy solo en el mundo. Dejadme sufrir, ya que puedo soportarlo».

36. Ella: Una historia de aventuras, de H. Rider Haggard

«El alimento que nos proporciona la memoria es amargo, y solo con los dientes de la esperanza podemos permitirnos morderlo».

37. Azabache, de Anna Sewell

«Mis problemas han terminado y estoy en casa; muchas veces, antes de estar completamente despierto, me imagino que todavía estoy en el huerto de Birtwick, parado con mis amigos bajo los manzanos.»

38. Las aventuras de Pinocho, de Carlo Collodi

«¡Ay de los niños que se rebelan contra su padre y abandonan caprichosamente la casa paterna! Nada bueno puede sucederles en el mundo, y tarde o temprano acabarán por arrepentirse amargamente».

39. El perfume, de Patrick Süskind

«Cuando por fin se atrevieron, con disimulo al principio y después con total franqueza, tuvieron que sonreír. Estaban extraordinariamente orgullosos. Por primera vez habían hecho algo por amor».

40. Charlie y la fábrica de chocolate, de Roald Dahl

«No quiero para nada una persona mayor. Una persona mayor no me haría caso; no querría aprender. Intentaría hacer las cosas a su manera y no a la mía. De modo que necesito un niño».

41. Heidi, de Johanna Spyri

«No, no, abuelita, no tengas miedo. Es el abuelito, con su martillo; va a clavar toda la casa para que nunca más pases miedo».

42. La telaraña de Carlota, de E. B. White

«—¿Por qué has hecho todo esto por mí? —preguntó—. No lo merezco. Nunca he hecho nada por ti.

—Tú has sido mi amigo— dijo Charlotte—. Eso en sí mismo es algo inmenso—.»

43. Ben-Hur, de Lewis Wallace

«Nunca está el hombre sometido a una prueba tan grande como el exceso de su buena fortuna».

44. Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell

«Scarlett se iba a acostar después de haber estado sentada con él en la penumbra del porche, permanecía sin dormirse durante horas enteras y solo la consolaba la idea de que seguramente se declararía la próxima vez que le viera. Pero la próxima vez llegaba y pasaba, y el resultado era nulo, nulo salvo en que la fiebre que la atacaba se hacía cada vez más alta y ardiente».

45. Libro rojo, de Mao Tse-Tung

«Hacer la revolución no es ofrecer un banquete, ni escribir una obra, ni pintar un cuadro o hacer un bordado; no puede ser tan elegante, tan pausada y fina, tan apacible, amable, cortés, moderada y magnánima. Una revolución es una insurrección, es un acto de violencia mediante el cual una clase derroca a otra».

46. Los puentes de Madison County, de Robert James Waller

«En un mundo donde el compromiso personal en todas sus formas parece irse haciendo pedazos y el amor se ha vuelto un asunto de conveniencia, los dos sentían que este relato extraordinario valía la pena contarse».

47. Cometas en el cielo, de Khaled Hosseini

«En este mundo hay gente mala, y hay personas malas que nunca dejan de serlo. Y a veces no queda más remedio que enfrentarse a ellas».

48. Juan Salvador Gaviota, de Richard Bach

«¿Tienes idea de cuántas vidas debimos de cruzar antes de que lográramos la primera idea de que hay más en la vida que comer, luchar o alcanzar poder en la bandada? ¡Mil vidas, Juan, diez mil! Y luego cien vidas más hasta que empezamos a aprender que hay algo llamado perfección, y otras cien para comprender que la meta de la vida es encontrar esa perfección y reflejarla».

49. Frankenstein, de Mary Shelley

«Me equivoqué en una sola cosa: todas las desgracias que imaginaba y temía no llegaban ni a la centésima parte de la angustia que el destino me tenía reservada».

50. Romeo y Julieta, de William Shakespeare

«Sus ojos en el cielo alumbrarían tanto los caminos del aire que hasta los pájaros cantarían ignorando la noche».

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