Un gran aeonius dibuja la portada de Apartamentos Géminis, la segunda novela de Julio Hardisson. A veces las ilustraciones de los libros no significan nada. Pero en esta ocasión, el simbolismo de la planta, endémica en Canarias, nos prepara para muchos de los temas que encierran las historias de este libro. Aeonius, una especie que sobrevive sin grandes dosis de cuidados y que se aferra a los lugares que la acogen. ¿Pero cómo? Y es hacia ese cómo donde apunta la obra.
Como habría señalado Walter Benjamin, el resort merece ser observado con detenimiento porque funciona como una manifestación visible de las fuerzas económicas que sostienen el capitalismo en el que vivimos. Eso es justamente lo que Hardisson desarrolla en este libro, retomando una inquietud ya presente en su primera novela, Costa de silencio. En ambas obras, los personajes se mueven por un territorio modelado por el turismo y la especulación, atrapados en un paisaje que hace visibles las tensiones entre economía, memoria y pertenencia.
¿Es eso el siglo XXI? ¿Qué hacer con nuestra realidad? Son las dos grandes preguntas que recorren las páginas de esta novela hipnótica plagada de personajes en los que no sólo podemos reconocer a alguien, sino a nosotros mismos: un técnico de mantenimiento que deambula por el resort intentando sostener lo que se cae a pedazos mientras lidia con su propio cansancio; un grupo de adolescentes de familias desestructuradas que ocupan habitaciones como si fueran refugios provisionales; camgirls que convierten sus cuartos en estudios pornográficos improvisados; influencers que viven pendientes de la luz adecuada y del gesto perfecto para seguir existiendo en las pantallas; trabajadores invisibles que mantienen la maquinaria del complejo sin que nadie repare en ellos. Temas muy de nuestro tiempo, pero también conectados con esa idea antigua que nos persigue, la soledad del desarraigo. Un desarraigo no sólo territorial, sino de aquello que nos es más puramente humano: la desconexión con los vínculos reales. ¿Cómo recuperarla? El autor parece darnos alguna pista que apunta hacia la ternura y la honestidad porque…
Hardisson narra desde una calma tensa y en ocasiones, a modo de verdaderas escenas cinematográficas. Las historias avanzan como una deriva, más atenta a las vibraciones del espacio y a los gestos mínimos de los personajes que a los grandes giros argumentales. Los capítulos, estructurados en cuatro grandes bloques —Uno, Dos, Tres, Cuatro— funcionan casi como habitaciones, espacios autónomos conectados por pasillos temáticos que los comunican. Ese montaje discontinuo, cercano al collage, refuerza la idea de que los personajes buscan orientarse.
Apartamentos Géminis, como un gran aeonius, nos anima a reflexionar sobre cómo nos relacionamos y sobre qué hacer para reconstruir los verdaderos vínculos sociales. No hay moralismo. No hay tendenciosidad. No hay condescendencia. Sí exploración. Todo lo que podemos intuir viene más de la forma en que se nos cuenta que en lo que en sus limitaciones nos dicen los personajes. La novela mezcla registros y géneros: palabras coloquiales y lenguaje elevado; lenguaje ensayístico; lenguaje poético; diálogos; perspectivas desde el yo, el tú y la tercera persona. Con esta amalgama de formas el autor consigue una lengua narrativa propia que da un valor peculiar a la novela. Porque me atrevería a decir que, si bien los temas que este libro trata son de rabiosa actualidad, lo importante es la perspectiva de ese cómo. Es ahí donde los lectores quedamos atrapados, de una u otra forma, en los mismos bucles del deseo.
—————————————
Autor: Julio Hardisson. Título: Apartamentos Géminis. Editorial: Tercero incluido. Venta: Todos tus libros.


Zenda es un territorio de libros y amigos, al que te puedes sumar transitando por la web y con tus comentarios aquí o en el foro. Para participar en esta sección de comentarios es preciso estar registrado. Normas: