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Los Mann, esa sorprendente familia

“¡Qué familia más extraordinaria es la nuestra! En un futuro se escribirán libros sobre nosotros, y no solo sobre cada uno de nosotros”, aventuraba en 1936 Klaus Mann, hijo de uno de los mejores escritores de la literatura universal de todos los tiempos, Thomas Mann. Sus palabras han quedado rubricadas con un ribete de veracidad por el devenir de los acontecimientos, pues años después del fallecimiento de la última superviviente de la familia, Elisabeth Mann, en 2002, el interés por el clan de los Mann sigue produciendo abundante investigación en forma de libros, artículos y series de televisión. El influyente crítico Marcel Reich-Ranicki lo compendiaba en estas palabras: “En este siglo no ha habido en Alemania una familia más notable, original e interesante que los Mann”. Aunque la figura gigantesca del padre, a quien los hijos llamaban “El Mago”, inevitablemente empequeñece a la del resto de los miembros y se convierte en mención obligada en la biografía de cualquiera de ellos, cada vez es más frecuente reconocer el valor que todos aportan para comprender e interpretar verazmente el contexto de la producción de Thomas Mann.

"Alemania llevó a Thomas Mann y al resto de su familia, tras unos años iniciales de indefinición ideológica, a partir a un exilio que continuaría durante toda su vida"

El genial Premio Nobel de Literatura en 1929 formó una familia numerosa junto a su esposa, Katia Pringsheim, y a sus seis hijos: Erika, Klaus, Golo, Monika, Elisabeth y Michael. Sus deseos homoeróticos no fueron óbice para que Mann optase por seguir las convenciones de su tiempo y refugiase su genio en un hogar estable, fundado junto a una compañera inteligente y abnegada, capaz de ocuparse de todos los aspectos prácticos de la existencia y liberar al talento de su esposo de cualquier preocupación cotidiana, incluyendo temas de tanta relevancia como la administración financiera o la educación de los hijos, que resultaban malos estudiantes para el sistema escolar del momento. Los avatares históricos de una época convulsa como pocas convirtió esa apacible tarea doméstica de Katia, aparentemente inocua, en una gesta heroica, pues el advenimiento del régimen nazi en Alemania llevó a Thomas Mann y al resto de su familia, tras unos años iniciales de indefinición ideológica, a partir a un exilio que continuaría durante toda su vida, recalando en diversos países, sin lograr aplacar nunca el anhelo de Alemania clavado en el corazón (“Allí donde yo esté, está Alemania”, afirmó el escritor). Pero la situación familiar previa al destierro ya estaba lejos de percibirse como idílica por los hijos: “Vaya infancia infeliz la nuestra”, escribía Golo Mann en 1931. En el primer día de su exilio, en 1933, su visión del clan Mann es igualmente sombría: “Ahora la familia es lo único que me queda. Esto no puede ir bien”.

Si la dependencia mutua de la pareja compuesta por Thomas y Katia puede entenderse con facilidad (la madre de Katia los definía como “una parejita siempre enfurruñada, pero muy feliz”), la relación de los seis hijos entre sí y con sus padres resulta a priori más patológica. Su modo de definirse en la vida siempre implica hacerlo en el contexto familiar, como acción o reacción frente al entorno paterno-filial. La familia es la primera audiencia de unos jóvenes que sienten la llamada del arte en el sentido más amplio (literatura, interpretación teatral, música, espectáculo…), como medio de afirmación personal y también como válvula de escape. Son seis hijos con profundas singularidades y muy altas capacidades, que se lanzan al mundo provistos de una marca imborrable e ineludible, su apellido, visto como un estigma o una ventaja, en función del momento. Los seis desean fervientemente ser reconocidos por su propia valía, en primer lugar por su padre, en pugna para ser su predilecto, y en segundo lugar por la sociedad. Es una búsqueda de un lugar propio que se convertirá en la verdadera seña de identidad de toda la progenie del gran escritor alemán: el otro exilio, en este caso interior, al que estarán abocados irremisiblemente como sino vital. Será una lucha descarnada entre la imagen privada y la pública, entre la depresión y la euforia, entre la realidad y la ficción como anhelo constante de definirse literariamente, un combate sin cuartel entre contradicciones que resultarán irresolubles, heredadas del propio patriarca, Thomas Mann, a la hora de fijar la propia orientación sexual, la moral, la filiación política, la patria o el mismo domicilio. La obsesión por la pobreza y el desprestigio es una constante en el diario del gran escritor alemán. En el caso de los hijos, predomina el choque frontal entre el ansia de inmortalizar el propio personaje y el creciente deseo de suicidio y autodestrucción mediante la violencia, las drogas, los tranquilizantes o el alcohol.

"Leer este libro implica nunca más acercarse igual a la obra de Thomas Mann, ni ver al autor de la misma manera"

La existencia de los ocho miembros de la familia ha quedado minuciosamente documentada a través de la profusa correspondencia que mantuvieron unos con otros, así como con terceros cercanos a su círculo, y sobre todo por su costumbre generalizada de mantener regularmente un diario, escrito con dolorosa honestidad, con una letra bonita, típica de la familia. La práctica totalidad de los hijos tuvo inclinaciones literarias y publicó títulos nacidos bajo la sombra asfixiante del talento paterno, difícilmente igualable. La lectura detallada de las cartas y los diarios conservados permiten atestiguar hasta qué punto la creación literaria de Thomas Mann y su familia bebe de fuentes autobiográficas. Todos ellos sienten la perentoria necesidad de autojustificarse frente a los receptores de sus escritos, ya sean éstos su familia inmediata y sus contemporáneos, o una posteridad a la que se dirigen y aspiran también a seducir y convencer, intercalando episodios reales e imaginados sin ningún rubor, hasta el punto de crear leyendas con potencial para calar rápidamente en la cultura popular y dificultar cualquier desarraigo de ella.

Esta magnífica obra de Tilmann Lahme, traducida al español por Joan Fontcuberta i Gel, es un volumen emanado de un conocimiento riguroso y exhaustivo de Thomas Mann, su esposa y sus descendientes, firmemente sustentado en el legado dejado por ellos mismos, aderezado con valiosos documentos gráficos. El texto logra leerse no como una crónica de eventos descarnados para disfrute de un bibliófilo, sino como un relato rico en sentimientos humanos, en reivindicaciones y contradicciones, sufrimientos y gozos, férreas seguridades y dudas incapacitantes. Seres humanos, en suma, tan diseccionados al vivo, tan expuestos y revelados sin máscara, que parecen ser auténticos personajes de ficción. Leer este libro implica nunca más acercarse igual a la obra de Thomas Mann, ni ver al autor de la misma manera; en el recuerdo del lector, el Nobel deja de ser para siempre una persona independiente para convertirse en el miembro más destacado de una sorprendente familia.

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Autor: Tilmann Lahme. Título: Los Mann: Historia de una familia. Editorial: Navona. Venta: Amazon, Fnac y Casa del Libro

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