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Los mejores poemas de William Carlos Williams

Los mejores poemas de William Carlos Williams

Su poesía vivió entre el modernismo y el imagismo, sus versos entre sus amigos Ezra Pound y Hilda Doolittle. Rompió con la métrica y abrió un nuevo camino para la creación poética en Estados Unidos. A continuación reproduzco los mejores poemas de William Carlos Williams.

Los mejores poemas de William Carlos Williams

El viento sube

La tierra
se ve arrasada
Los árboles
las puntas del tulipán
brillantes
se ladean y
se vuelcan—

Suelto, flota
tu amor
¡Vuela!

Dios mío, qué es
un poeta— si
es que lo hay
hombre
cuyas palabras
mordisquean
el camino
a casa— que es real
en forma
de movimiento

En cada punta de una rama
nueva
sobre el torturado
cuerpo del pensamiento
que aprieta
la tierra
está el camino
hacia la última
punta de la hoja

El descenso

El descenso nos llama
como nos llamó el ascenso
La memoria es como
un logro,
una especie de renovación
casi
una iniciación, nuevos espacios abiertos
habitados por hordas
y por tanto, no implica
nuevas especies—
pues su movimiento
se dirige hacia destinos nuevos
(aunque hayan sido abandonados)

Ninguna derrota se compone sólo de derrota— pues
el mundo que abre siempre es un lugar
hasta entonces
insospechado. Un
mundo perdido,
un mundo insospechado,
nos llama a nuevos lugares
y ninguna blancura (perdida) es tan blanca como
el recuerdo de la blancura

Con la tarde, el amor despierta
aunque sus sombras
vivas por el brillo
del sol—
somnolientas ahora se abandonen
al deseo
El amor sin sombras surge ahora
comienza a despertar
conforme la noche
avanza.

El descenso
hecho de desesperanza
sin logros
cae en la cuenta
del nuevo despertar:
que es el revés
de la desesperanza.
Así, lo que no logramos,
lo negado al amor,
lo que hemos perdido antes—
se hace descenso
sin fin, indestructible.

Ventisca

Cae la nieve:
años de furia detrás de
horas que flotan perezosas
—la ventisca
arrastra su peso
más y más hondo ¿tres días
o sesenta años, eh? ¡Después,
el sol! una maraña de
copos azules y amarillos
—árboles que parecen hirsutos
sobresalen en los callejones largos
por encima de una soledad salvaje.
El hombre se da vuelta y ahí
—su huella solitaria extendida
sobre el mundo.

Dolencia

Me llaman, y yo voy.
El camino está helado
pasada la medianoche, un polvo
de nieve preso
en las huellas rígidas de los autos.
La puerta se abre.
Sonrío, entro y
me sacudo el frío.
He aquí una mujer enorme
de su lado de la cama.
Está enferma,
quizás vomita,
quizás está pariendo
a su décimo hijo. ¡Alegría! ¡Alegría!
La noche es un cuarto
oscuro para los amantes,

¡a través de las persianas el sol
pasa una aguja de oro!
Le corro el pelo de la cara
y miro su miseria
con compasión.

Llegada

Y sin embargo uno llega de algún modo,
termina desabrochando los botones
de un vestido
en una habitación desconocida—
siente el otoño
gotear sus hojas de seda y lino
entre los tobillos de ella.
El cuerpo sórdidamente venoso emerge
retorcido sobre sí
¡como un viento invernal…!

A una pobre vieja

masticando una ciruela en
la calle una bolsa de papel
está en su mano

le saben bien
saben bien
a ella saben
bien a ella

puedes notarlo
en su modo de darse
a la mitad del todo
chupada en su mano

le queda el consuelo
de ciruelas maduras
que parecen llenar el aire
y saben bien.

Joven sicomoro

¿Sabes?
este árbol joven
cuyo tronco redondo y firme
entre el mojado

pavimento y la coladera
(donde el agua
gotea) se alza
corpóreo

en el aire
con un impulso
ondulante a la mitad—
y luego

se divide y mengua
disparando
nuevas ramas hacia
todas partes—

se cuelga capullos
se adelgaza
hasta reducirse
a dos

ramas
excéntricamente anudadas
que se doblan
como cuernos superiores

El resurgimiento

Tarde o temprano
llegaremos al final
de la lucha

para restablecer
la imagen la imagen de
la rosa

pero aún no
dices extendiendo
el tiempo indefinidamente

por
tu amor hasta que una
primavera entera

reencienda
el violeta en las propias
orquídeas

y así por
tu amor el mismo sol
es reavivado

el poema.

Traducciones: Edgardo Dobry, Juan Antonio Montiel y Michael Tregebov

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