José María Solís se alzó con el Premio de Novela Policía Nacional 2025 con una novela ambientada en dos momentos históricos de Alcalá de Henares: en 1960, cuando aparece el cuerpo de una mujer flotando en el río, y en 1980, cuando dos amigos de la muerta se reencuentran para recordar el pasado.
En este Making Of, José María Solís explica cómo escribió Henares (MR).
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Hay muros que no necesitan cemento ni ladrillos. Fronteras invisibles que marcan los límites de lo posible para cada persona y tan asumidas que apenas requieren vigilancia.
Yo no tengo, ni de lejos, el mérito del protagonista de la novela. Trabajar allí fue una decisión que tomé sin ningún tipo de presión —al contrario: tuve que convencer a mis padres, que en principio se oponían—, era una forma de ganar algo de dinero para mí, aunque también de ayudar en casa.
Mis compañeros de trabajo, que tenían entre veinte y sesenta años, no me trataban como el crío que era; muchos de ellos parecían sentirse obligados a abrirme los ojos a su realidad y a su historia. Para mí, eran fuentes de una información que archivaba, porque aún no estaba preparado para procesarla.
Henares nació décadas después de aquellas conversaciones, pero su semilla se plantó entonces y sus personajes están basados, en su mayoría, en personas que conocí durante aquellos años, algunos excepcionales (docentes, no docentes, religiosos y seglares) a quienes admiré y admiro profundamente, y otros no tanto.
Decidí que los personajes principales de la novela, al igual que las personas de las que eran trasuntos, tendrían cada uno sus propias circunstancias, limitaciones y formas de enfrentarse a aquellos muros invisibles. Unos pocos conseguirían escapar, algunos buscarían cambiar su situación y terminarían en otro microcosmos similar y la mayoría aprenderían a sobrevivir con dignidad en los espacios que les había asignado el sistema.
Me interesaba también explorar cómo funcionaba el poder en una época en la que no había por qué rendir cuentas y cómo se protegía a determinadas personas sin importar si con ello se dejaban sin castigo actos que lo merecían.
Las tramas son ficticias. Necesitaba encontrar algo que me motivara —considerando las cientos de horas que pasaría trabajando en ello— y que pudiera captar el interés del lector, pero con una base real.
Traté de ser especialmente cuidadoso con los detalles: las películas que aparecen son las que estaban en cartelera ese día concreto en los cines mencionados, los precios de los productos, como la caja de doce donuts —presentación que era consecuencia del mayor tamaño de las familias de entonces— corresponden a los que tenían en aquel momento, y el número, fecha y precio de El Caso, por poner un último ejemplo, es el de la semana a que se refiere.
Para documentarme recurrí a todo tipo de fuentes, principalmente periódicos de la época, aunque también a manuales, monografías y testimonios de diferentes personas. Llevé el rigor hasta el extremo de reescribir un capítulo entero porque, tras describir un día frío y vestir y hacer actuar a los personajes en consecuencia, descubrí al consultar la prensa que aquel día había hecho bastante calor.
Hay un episodio que me contaron las propias protagonistas, que nunca he olvidado. Ilustra perfectamente la ingenuidad de estas muchachas que inspiraron personajes como Dori, Paquita o Martirio, esa inocencia que las convertía en piezas vulnerables para un depredador sin escrúpulos como el padre César. Una tarde de domingo fueron al cine con margen suficiente para regresar antes de las nueve, hora de su toque de queda. En una de las escenas de la película apareció un reloj que marcaba las nueve menos cuarto. Al instante, todas salieron precipitadamente y echaron a correr hacia el colegio, convencidas de que iban a llegar tarde.
Igualmente real, aunque resulte difícil de creer, es el personaje del Marmoto: un policía militar que dedicaba sus noches a espiar en bares y prostíbulos. Bien entrada la madrugada se presentaba en el colegio y se echaba a dormir en la sala de profesores, donde permanecía hasta que el primero en llegar lo despertaba.
Con estas y otras anécdotas en mente, durante la escritura me planteaba constantemente: “Este personaje, en esta época, con estos condicionantes, ¿cómo actuaría si le ocurriera tal o cual cosa?”
Así, combinando elementos dispares, tejí el tapiz que es Henares. Madrid y Alcalá. El colegio y el ayuntamiento. El año sesenta y el ochenta. Los personajes basados en personas reales y las tramas imaginadas. Un tapiz cuya confección disfruté enormemente.
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Autor: José María Solís. Título: Henares. Editoriales: MR. Venta: Todos tus libros.


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