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Making of de Don Juan contra Franco

—¿Puedes hablar un momento? Me ha llamado un tipo que tiene unos papeles inéditos de los espías de Franco. No tengo ni idea de quién es, ni si lo que dice es cierto. Le he dicho que venga y nos los muestre. ¿Te vienes a verlos?

Todo empieza así, una tarde en la redacción de ABC. Finales de octubre de 2016. Juan Fernández-Miranda, redactor jefe de España, viene a la sección de Cultura, donde estamos cerrando el suplemento de Ocio, y me suelta eso. Y claro, me levanto y me voy a ver, dejando a mi espalda un «vuelvo en un rato» que casi ni se oyó. No tengo, no tenemos ni idea en ese momento de la cantidad de horas que vamos a robar al sueño en los próximos meses —y años— para completar esa investigación. Igual si alguien nos hubiera dicho cómo iba a ser ni lo habríamos dudado. Porque los periodistas dudamos mucho, nos pagan para eso.

Vamos a llamarle Gonzalo a este buen señor. Le saludamos, viene muy sonriente. Entramos con él en un despacho tres periodistas —Juan Fernández-Miranda, Esteban Villarejo y yo— y abre una carpeta de piel. Los dossiers se derraman suavemente sobre la mesa de madera oscura. Son carpetillas amarillentas de papel timbrado: en la parte superior derecha viene escrito en versalitas rojas: «Saludo a Franco ¡Arriba España!». A la izquierda, el yugo y las flechas en rojo también. Debajo, en tinta negra: «Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S. Delegación Nacional de Información e Investigación». Más allá de esas letras y el símbolo de imprenta, todo lo demás está mecanografiado.

"Los personajes que empezamos a leer son conocidos: el duque de Alba, el general Kindelán… Una constelación de conspiradores monárquicos"

Los cuadernillos vienen cosidos de modo casero y hace tanto de eso que el papel se ha manchado de óxido en torno a las grapas. Cada uno es un pequeño «periódico», con su portada, en la que pone «Boletín de actividades monárquicas», sus fechas (todos de 1948), una página con sus «titulares» (sumario de lo que contiene)… Y luego, dentro, vienen las crónicas, mecanografiadas con cierta pulcritud para la urgencia de los asuntos que tratan.

Son informes recopilados por una red de espías que dan cuenta de conversaciones, de llamadas telefónicas, de planes clandestinos y rumores, incluso críticas muy duras contra la política del «caudillo», contra el despotismo de Falange. Los personajes que empezamos a leer son conocidos: el duque de Alba, el general Kindelán… Una constelación de conspiradores monárquicos. Algo llama la atención: todos los papeles vienen subrayados en rojo. Luego vimos que también en azul, aunque muy pocas veces en ese color. También hay anotaciones al margen: «¡ojo!» «¿quién?» «¿dónde?», que figuran en los lugares donde lo que cuentan los espías resulta inquietante para el «lector» o «subrayador» ¿De verdad era Franco? Pedimos a nuestro Gonzalo los papeles para estudiarlos durante un tiempo. Hay cierto ambiente de confianza, porque ha notado nuestro interés. Le aseguramos que no daremos ningún paso sin comentárselo. Él quiere saber si son relevantes. Confiamos pero dudamos, nos preguntamos: ¿podrían estar falsificados?

Consultamos con historiadores. Y hacemos una visita a la Fundación Franco para ver informes emitidos por la misma Delegación Nacional de Información e Investigación, pero de otras fechas. Son idénticos, también subrayados, también amarillentos. Las anotaciones son de la misma letra. Pero estos de 1948 no los tienen en la Fundación. ¡Es todo un dato! Lo que tenemos entre manos es un material inédito, que nadie ha visto desde que Franco cerró la carpeta. Un conjunto de informes que el dictador guardó en su despacho privado y que, a su muerte, no fueron con el resto de papeles, sino a la casa familiar. Todos apuntan a una gran conspiración monárquica de 1948 que no había dejado rastro en los libros de historia sobre la oposición al régimen. ¿Cómo es posible? De allí, de la casa de los Franco, en algún momento debieron de salir. Volvemos a llamar a Gonzalo. Nos lo confirma. Él no quiere aparecer, pide que protejamos su identidad, y estamos obligados como periodistas.

"Acabada la serie, ya sabíamos que merecían un estudio más a fondo. Hay decenas de personajes secundarios, gente que se jugó el tipo, la vida y la hacienda por la causa monárquica, prohibida por el dictador"

Digitalizamos los dossiers para trabajar con ellos. Cientos de páginas en formato de documento portátil, el popular «pdf». Y empezamos a trazar el mapa de un espionaje que se completa con algunas cartas y documentos menos importantes que Gonzalo trajo junto a estos. Delaciones, sospechas, planes de contención, lo que escondía esa carpeta de piel que vino a ABC y que, primero, vio la luz en varios reportajes en diciembre de 2016, escritos por Juan, Esteban y por mí. Se titularon Franco contra Don Juan y fueron un éxito. Miles y miles de lectores, reacciones positivas de historiadores ante la aparición de documentos de los que no había noticia, que arrojaban luz sobre un episodio desconocido de la historia de España. Como periodistas no podíamos estar más orgullosos. Desde Stanley Payne a Moradiellos, pasando por Fusi y otros especialistas, todos celebraron nuestros reportajes.

Acabada la serie, ya sabíamos que merecían un estudio más a fondo. Hay decenas de personajes secundarios, gente que se jugó el tipo, la vida y la hacienda por la causa monárquica, prohibida por el dictador, a pesar de que muchos de sus integrantes habían hecho la guerra en su bando, a pesar de que les debía en parte su victoria. Eran ciudadanos que no se conformaron, víctimas del espionaje y de la implacable represión que Franco desatará cuando se atrevan a celebrar un mitin contra él. Juan Fernández-Miranda y yo decidimos arremangarnos. El trabajo de reporteros que hemos hecho es solo la punta del iceberg. Tomamos la decisión de tirarnos al agua helada que lo rodea, la de la primera posguerra, y explorar el resto, lo que hay oculto bajo la superficie.

Sabemos que nos llevará muchos meses, dado el ritmo de nuestro trabajo en el periódico. Leemos y leemos, comentamos y comentamos, intercambiamos detalles, vamos dibujando el mapa de la conspiración. Las memorias de aquellos que las escribieron, empezando por Gil Robles o Kindelán, los libros de historia, las biografías de Don Juan y de Franco, comprobamos que no ha dejado huella, más allá de alguna anécdota, en el análisis de la oposición antifranquista de Tusell… Consultamos las decenas de libros que figuran en la bibliografía. En todos ellos hay mucho material para el contexto, pero en ninguno figura la película que cuentan los documentos. La que ya hemos decidido contar nosotros.

"Después de una cruenta Guerra Civil, esta conspiración se asociará desde el inicio a los regímenes democráticos europeos y a la idea de reconciliación"

Un fin de semana de enero, en el que trabajamos casi 30 horas, logramos cerrar la estructura del libro, capítulo a capítulo. Historia por historia. Contaremos la conjura desde que Alfonso XIII abandona el país en 1931 hasta que Don Juan Carlos, entonces Don Juanito, viaja a España en noviembre de 1948. En medio está el relato, nuestro gran reportaje con forma de libro, que hemos titulado Don Juan contra Franco, porque así es más fiel a lo que ocurrió: el intento, político, conspirativo, proteico y ambicioso, pero de indudable inspiración democrática, de hacer posible la vuelta de la Monarquía a España apartando a un Franco que solo cree en sí mismo y no quiere ceder ni un milímetro, «que no saldrá ni con agua caliente», como dice uno de los conspiradores. Después de una cruenta Guerra Civil, esta conspiración se asociará desde el inicio a los regímenes liberales europeos, con la democracia y a la idea de reconciliación, con la ayuda de los españoles de izquierdas y derechas que no querían a Franco, con su monolítico régimen y su mando vitalicio. Incluso muchos dirigentes que habían luchado en su bando durante la guerra.

Entre las aportaciones que realizamos debemos destacar, primero, que el enfoque elegido ha permitido que nuestras conclusiones partan de los hechos y los documentos, como buenos periodistas, porque el libro arroja luz sobre una época tan mal conocida como manoseada en los debates políticos actuales. De hecho, sorprende comprobar la cantidad de política que esconde esa primera posguerra en la que parece que solo había pobreza, oscuridad y un dictador haciendo su voluntad. Había mucho mar de fondo, políticamente hablando. A Franco, que es sagaz y además tiene suerte, le dicen de continuo los monárquicos que se vaya, desde 1942, por escrito y a la cara.

"¿Por qué iba Franco a tratarlo con tanta precaución si no fuera porque su alma de general sentía que aquel Príncipe era un potencial caballo de Troya?"

El libro rompe con la idea de que solo la izquierda fue antifranquista. Queda demostrado que hubo antifranquismo democrático en la derecha monárquica y que en los años cuarenta fue la principal oposición al régimen. A la que Franco temía más que a un nublado. Y que si otorgamos valor a quienes en 1975 supieron sentar las bases del consenso que devolvió la democracia bajo el reinado de Don Juan Carlos, cuánto debemos apreciar el esfuerzo de quienes, solo nueve años después de la Guerra Civil, se sentaron con el adversario a hablar de lo mismo, de la reconciliación y las libertades democráticas, hasta que lograron firmar el acuerdo de San Juan de Luz en agosto de 1948. Ese fue el gran logro de la conspiración fracasada. Y es el antecedente más remoto de la Transición. La lucha de aquellos hombres por emprender debates sobre argumentos políticos sin violencia ha dejado huella en la historia política de nuestro país, aunque no estuviera en los libros.

Así se hizo Don Juan contra Franco, que Plaza y Janés publicó el 15 de noviembre, coincidiendo con los 70 años de la llegada de Don Juanito, un niño de 10 años, en un tren desviado a Villaverde con el fin de que nadie supiera de su arribo. ¿Por qué iba Franco a tratarlo con tanta precaución si no fuera porque su alma de general sentía que aquel Príncipe era un potencial caballo de Troya? Para escribir el libro a 4 manos, hemos creado equipo, poniendo por delante las bases del estilo. Decidimos que sería periodístico, dando prioridad a la historia, sin notas a pie de página, extrayendo todo el zumo de la acción que cuentan los dossiers, a la que hemos añadido el contexto que aportan los historiadores y las memorias de los protagonistas. Y celebramos que Plaza y Janés acaba de lanzar la 3ª edición de este libro escrito desde el periodismo, desde el rigor investigador y el afán divulgador: un libro de Historia en busca de lectores.

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Autor: Juan Fernández-Miranda y Jesús García Calero. Título: Don Juan contra Franco. Editorial: Plaza y Janés. Venta: Amazon, Fnac y Casa del Libro

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