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Making of de «La casa de las flores blancas»

Making of de «La casa de las flores blancas»

¿Conocen ustedes Baden Baden? Si la respuesta es no, les invito a conocer este maravilloso enclave de la Selva Negra, en Alemania. Si la respuesta es sí, entonces comprenderán que, a la edad de 23 años, esta ciudad me embriagara nada más poner un pie en ella por primera vez. Tanto es así que años más tarde —bastantes, he de decir, aunque permítanme que ese dato me lo reserve— se convertiría en mi maravillosa fuente de inspiración para escribir una novela: La Casa de las Flores Blancas.

Era aparentemente sencillo, idóneo, perfecto: enclave extraordinario, personajes históricos, siglo XIX. Flor y nata de la sociedad europea, con personalidades ilustres como el zar Alejandro II o Sissi Emperatriz; grandes filósofos, pensadores y escritores como Dostoievsky, Turgueniev o Tolstoy. En definitiva, toda una distinguida sociedad que, intuyo, argumentaba como excusa los beneficios terapéuticos, de unas aguas termales de merecida reputación, a la hora de escoger Baden Baden como destino predilecto de descanso, ocio y punto de encuentro social.

"Así que no me lo pensé dos veces. Desde Altea, mi amado pueblo, hice la maleta y me planté de nuevo en Baden Baden"

¿Se imaginan negarse a lo evidente? Imposible, ¿verdad? Cómo no sucumbir ante tal parangón. Y para alguien —una servidora— que andaba buscando EL TEMA, la inspiración para escribir un libro, la ocasión estaba servida. ¿Qué más podía pedir?

Así que no me lo pensé dos veces. Desde Altea, mi amado pueblo, hice la maleta y me planté de nuevo en Baden Baden. Esta vez sola —imprescindible—, en pleno otoño para no ver turistas en exceso —más imprescindible aun— y totalmente dispuesta a ser seducida de nuevo por esta ciudad. El reencuentro debía ser mucho más… íntimo, de tú a tú. Tenía que conseguir que sus calles, edificios, plazas, parques y rincones me hablasen desde lo más profundo. Y lo hicieron. Vamos que si lo hicieron.

He de decir que pronto se me fue la cabeza. «¿Ya estás otra vez en las nubes?», solían decirme de niña y por algo sería. Sí, tengo muchísima imaginación, como todos los escritores, claro está. Pero magnífica herramienta esta que tanto nos aporta; de burda desagradecida sería desaprovecharla.

Con todo ello, lo que en un principio pareciera que iba a tomar un derrotero histórico, romántico —¿por qué no?— e inmerso en aquella sociedad, cuyas vidas giraban en torno a los eventos sociales trascendidos por todo el Viejo Continente, al final se tradujo en un asunto mucho más turbio, podríamos decir. Arrastré toda la información obtenida hasta un lugar de mi mente del que ni yo misma era consciente de su existencia; porque en ese preciso lugar retorcí dicha información, la trasladé al presente y la estrujé, la exprimí al máximo para crear una historia que, de forma absolutamente intencionada, llevaría a mi personaje, Adela Ulloa, a vivir los peores momentos de su vida.

"Maquiné toda una trama cuyo origen se remontaría a aquella época gloriosa; sin embargo, el desarrollo de la misma tenía que trasladarla a la actualidad"

Adela era demasiado perfecta: hermosa, de éxito profesional, con amigos interesantes. Incluso iba a conocer a Klaus, un hombre del que cualquier mujer u hombre podría enamorarse. Se iba a alojar en la mansión más enigmática de Baden Baden. No podía; no debía ponérselo tan fácil.

Y así fue cómo comenzó a fraguarse este thriller absorbente en mi cabeza. Maquiné toda una trama cuyo origen se remontaría a aquella época gloriosa; sin embargo, el desarrollo de la misma tenía que trasladarla a la actualidad. Entrelazar tiempos y espacios de forma dinámica para que el lector pudiera deslizarse por ellos en un viaje trepidante.

En forma de ráfaga, personajes como Vasili Karnovich, Vladimir Mijáilovich, Günter Sachs o Nikolay Vorobiov fueron creados precisamente para eso: para convertir en una pesadilla los supuestos días bucólicos de Adela en Baden Baden. Se arrepentiría el resto de su vida de haber averiguado el idilio que habían mantenido, en su día,  la baronesa Chloris von Friedman y el zar Alejandro II.

Y hasta aquí puedo contar.

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Autor: Evelyn Kassner. Título: La casa de las flores blancas. Editorial: Almuzara. Venta: Todostuslibros y Amazon

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