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Making Of de Siete días de marzo, de Blas Ruiz Grau

Making Of de Siete días de marzo, de Blas Ruiz Grau

A las buenas, querido lector.

No sé dónde leí una vez que, para ver la verdadera calidad del trabajo de un hombre, sácalo de su zona de confort. Seguramente ni lo haya leído y me lo esté inventando. Incluso puede que la frase sea algo estúpido sin sentido porque si uno es bueno dentro de un rango específico, ¿por qué tiene que demostrar a los demás que vale para más cosas? No sé, el caso es que yo un día llegué a pensar algo parecido y me apetecía salirme de esa zona para explorar un poquito.

¿Conseguí salir?

No del todo. Pero eso es algo que trataré de defender luego, querido lector. Ahora lo que quiero hacer es contarte cómo un tipo como yo, ha escrito una novela como ésta.

"Pero llegó el momento de: ¿y ahora qué? Rondaba un tiempo por mi cabeza la idea de hacer algo puramente histórico, pero esa idea en mi propia cabeza se acabó convirtiendo en un arma de doble filo."

Acababa de escribir (y publicar) La profecía de los pecadores. No conseguía creer que dos novelas hubieran salido de estas manitas, pero con más o menos tino, ahí estaban. Y en ellas se englobaban los tres géneros que más me gustaba leer: Thriller, histórico y novela negra. Pero llegó el momento de: ¿y ahora qué? Rondaba un tiempo por mi cabeza la idea de hacer algo puramente histórico, pero esa idea en mi propia cabeza se acabó convirtiendo en un arma de doble filo. No digo que a otros le pase, pero a mí muchas veces muchas novelas históricas se me hacen eternamente pesadas porque dan demasiados datos y explicaciones. Otras sin embargo se me quedan cortas en eso. Y yo no sé si me sentía capaz de dar con lo que yo consideraba la clave justa. La idea sobre qué fecha ambientarla no tardó en afianzarse en mi cabeza: la posguerra española.

¿Que por qué?

Porque me fascina. Todas las épocas, en verdad, guardan dentro de ellas algo que las hace mágicas, pero la idea de que en ésta muchas personas decidieran seguir luchando en medio de un terreno totalmente desfavorable para ello, me hizo verme a mí mismo reflejado de alguna manera y me empujó a querer hablar sobre ello. Y sí, es una gilipollez de explicación pero yo lo siento así.

Me puse manos a la obra. Lo primero que necesitaba era documentarme a fondo sobre el período, sobre sus costumbres, sobre sus hablares, sobre su manera de ver la vida… He de decir que para las anteriores me había documentado algo, sobre la marcha, para qué mentir, pero aquí quería hacerlo bien. Aquí es donde aprendí a hacerlo. No me conformé con las ya decenas de libros que yo mismo tenía, no con los numerosos documentales que vi, no con las películas… no. Decidí visitar con mis propios ojos la mayoría de lugares que pude para poder hablar bien sobre ellos, visité archivos históricos en busca de documentos que me sirvieran para describir mejor situaciones, para hablar con conocimiento real de diversos hechos ocurridos. Pero lo que más hice fue hablar con las propias personas que vivieron en primera persona los hechos que relato en el libro. Nada mejor que conocer en boca propia lo que los libros trataban de explicar con mayor o menor acierto. Y déjame decirte, que ahí fue cuando de verdad sentí que necesitaba contar la historia de Juan y de Carmen.

"La emoción me invadió. Más que nada porque aún siendo una historia que yo no acostumbraba, tendría toda la esencia que yo pensaba había otorgado a mis dos obras anteriores."

Comencé la novela tratando únicamente de contar la historia de ambos. De cómo Juan tuvo que huir de su pueblo natal (Rafal, Alicante) por un hecho que le acabaría persiguiendo de por vida (ya no sólo jurídicamente, eso un día se acabó, sino en su propia moralidad) y tuvo que reinventarse en un Madrid roto tras una nefasta guerra que enfrentó a hermanos. Lo último que quería, tras lo ocurrido era meterse en ningún tipo de lío. Al mismo tiempo traté de contar la historia de una señorita de la alta sociedad madrileña. Con una familia acomodada, Carmen lo tenía todo pero sentía que al mismo tiempo no tenía nada. Cada vez que intentaba levantar la voz y dejarse escuchar, su familia la silenciaba de inmediato pues eso no era propio de una señorita de su posición. Ambos se conocerían y su historia comenzaría (aunque no sería tan fácil, no nos vayamos a pensar).

Hasta aquí todo fenomenal. La historia tenía fuerza, pero la veía tan lejana a mí en cuanto a lo habitual que no hacía más que sentir inseguridades. A partir de aquí recuerdo lo que sucedió. Viajé a Madrid (por placer) y tengo la fea costumbre de, cada vez que voy, me vengo cargado de libros. Ya había decidido (mal por mi parte) que ya no iba a leer más libros (hablo de documentación) sobre la época. Pero me encontré con uno que no sabía cómo leches no había leído: Los años del miedo del GENIO Juan Eslava Galán. Ahí todo cambió. No lo que tenía escrito, qué va, pero de un hecho que leí en el libro de Juan y del que luego traté de documentarme a tope para contrastar su veracidad, salió la trama principal del libro (y que no te contaré, más que nada para no destriparte el punto en el que los propios protagonistas se enteran de lo que van a tratar de hacer).

La emoción me invadió. Más que nada porque aún siendo una historia que yo no acostumbraba, tendría toda la esencia que yo pensaba había otorgado a mis dos obras anteriores. El misterio y la acción tenían cabida dentro de la novela y eso me hizo tomarla con todavía más ganas. Las palabras empezaron a fluir y eso me asustaba. Más que nada porque quería tomarme las cosas con calma, no escupir frases sin más, quería que tuviera sentido, que tuviera emoción, que los personajes tuvieran vida… y me daba la sensación que a la velocidad que la escribía no conseguía todo eso. Supongo que las inseguridades de todo escritor (no hablo de los escritores prodigio, que son capaces de escribir dos novelas al día y además hacerlo bien). Fuera como fuese mi mente decía alto, pero mis dedos iban a su santa bola. He de reconocer que estuve casi un año y medio documentándome sin cesar y apenas un par de meses escribiendo. No sé si eso es normal o no, pero el libro ya estaba listo.

"Esa persona me preguntó si era imbécil por haber presupuesto eso. Que se veía a Blas Ruiz en cada una de las frases de la novela. Que era distinta, sí, pero que no por eso no se me reconocía."

Tardé incluso en pasárselo a mis habituales betas. ¿La razón? Las dudas sobre que reconocieran mi sello en la novela. Supongo que esa estúpida manía de que se nos reconozca en cada uno de nuestros escritos puede más que el sentido común de que la novela sea simplemente buena. El caso es que cuando se la pasé, apenas tuve que esperar unas horas para recibir la primera opinión de uno de ellos. En el mail que les había enviado yo no hacía más que recalcar que esperaba que les gustara a pesar de que no tenía casi que nada que ver conmigo.

Esa persona me preguntó si era imbécil por haber presupuesto eso. Que se veía a Blas Ruiz en cada una de las frases de la novela. Que era distinta, sí, pero que no por eso no se me reconocía. Aún habiendo leído su opinión, necesité que el resto me dijera exactamente lo mismo para empezar a confiar un poco más en lo que yo mismo había escrito. Repito, cosas del escritor. El caso es que seguía sin tener ese punto de seguridad para su publicación y decidí enviarla a un concurso. Os juro que no lo esperaba, pero lo ganó (de esto ya os hablé en Zenda, en el Diario de un escritor quejica). Lo que pasó a continuación es que el premio era publicarla a nivel nacional y la editorial quebró justo antes de que eso sucediera. Por lo que, ante mi gran suerte (¿irónico? ¿No? Lo dejo en ti) la novela seguía inédita. Así que el tiempo continuó pasando y yo me metí de lleno en otros proyectos más de lo que yo considero mi estilo. Pero entonces llegó el verano de 2017 y me fijé en el concurso indie de Amazon. Te juro que mi primer pensamiento no fue el ganarlo, qué narices, ni de coña. Y puede sonar a falsa modestia y lo que quieras, pero juro que en ningún momento consideré en esa posibilidad. Lo que quería era encontrar la excusa para echarla sobre vuestras manos. Tener un pretexto. Y vaya que si lo encontré.

"En apenas dos días el libro ya estaba en preventa en Amazon. La respuesta de mis queridos lectores fue abrumadora, ya que enseguida se colocó entre los diez más vendidos de todo Amazon España."

Los requisitos del concurso eran claros: publicación en digital y papel en exclusiva en Amazon. Me fastidiaba porque perdía muuuuuuchos mercados, pero en verdad era sencillo y, ya digo, pondría en tus manos la obra. Sería juzgado y ya no había vuelta atrás. Conté con el Grupo Filantria para el diseño de la portada y la maquetación del libro. Sobre la portada, sólo tuve que contarle a Gonzalo Jerez (@ElSelenita) la imagen que me venía a la cabeza cuando pensaba en el título (que ese siempre lo tuve claro). No tardó ni una hora en mandarme la portada que acabaría siendo la definitiva. Y es que ante el talento pocas decisiones hay que tomar. La portada reflejaba justo lo que yo quería, pero desde un punto que ni yo mismo había imaginado. Me encantó.

Pues dicho y hecho. En apenas dos días el libro ya estaba en preventa en Amazon. La respuesta de mis queridos lectores fue abrumadora, ya que enseguida se colocó entre los diez más vendidos de todo Amazon España. La fecha de salida oficial la puse para el día 26 de julio. No por nada en especial, pero la puse. El caso es que desde ese día hasta hoy mismo las muestras de cariño, reseñas, críticas, fotos y todo lo demás han sido constantes. El miedo ha desaparecido por completo porque veo que pase lo que pase está gustando y mucho. Todos coinciden en que es lo mejor que he escrito hasta ahora (aunque aquí debes dejarme matizar, quitándome la humildad de encima, y diré que más bien publicado, pues ya leerás la trilogía nueva, ya…) y eso, para mí, es algo grandioso. Me demuestra que todo el esfuerzo por querer darte algo real, algo crudo, algo doloroso y verídico ha merecido la pena. Y que tus obras podrán gustar en mayor o menor medida (incluso no gustar o repugnar, eso siempre), pero si tú al final has escrito lo que has querido y, además, te lo has trabajado tanto, sólo puede traer cosas buenas. Serán muchas o pocas, pero buenas al fin y al cabo.

Y es que eso siento que está pasando ahora mismo. Hasta el 15 de septiembre no sabré si soy finalista para el premio o no. Sinceramente, lo dudo mucho, pero lo que sí tengo claro es que ha merecido la pena la ida de olla de subir de un día para otro la novela a Internet, poniéndola en tus manos y sometiéndola a tu juicio.

Como te contaba, hasta que el concurso acabe sólo podrá estar en Amazon, pero lo bueno es que la puedes comprar en digital o papel, según te guste más leer. A continuación y como despedida, te dejaré los enlaces para poder comprarla (tanto en España como en Latinoamérica). Si acaso tras estas letras sientes la curiosidad de leerla, sólo te pediré dos cosas: Que me cuentes qué te ha parecido (eso sí o sí, sea cual sea tu opinión) y que la recomiendes si crees que lo merece. El boca a boca lo es todo y eso no tiene precio. Como siempre, me tienes a tu disposición en redes sociales: https://twitter.com/BlasRuizGrau y en mi correo electrónico: BlasRuizGrau@hotmail.com.

Y como ultimísimo (antes de los enlaces) te cuento que si no dispones de Kindle para leer (aunque está la aplicación para cualquier móvil, tablet o pc), si dispones de otro dispositivo, si al comprar en Amazon me escribes al correo con el comprobante de compra, te la envío en ePub para el eReader que tengas. Por eso no habrá problema.

Nos vemos, querido lector, pronto.

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Autor: Blas Ruiz Grau. Título: Siete días de marzo. Venta: Amazon