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Marta Querol: «Escribir es un aprendizaje»

Marta Querol: «Escribir es un aprendizaje»

Marta Querol publica libro. La editorial Sargantana edita este 2021 El infiltrado, el último título de la autora valenciana, que regresa a las librerías con un género poco habitual en ella, la fantasía. Tras enamorar a miles de lectores con su trilogía El final del ave Fénix, la escritora realiza un punto de inflexión en su trayectoria literaria con una novela que se adentra en lo sobrenatural. En El Infiltrado, Querol nos traslada a Arlodia, un lugar que no pertenece a ningún estado o ningún continente, un limbo por el que todas las almas pasan en el tránsito hacia la muerte.

En Zenda disfrutamos los textos de Marta en su sección Tinta Invisible, donde deja constancia de su devenir en el universo literario, donde ha contado en alguna ocasión el germen de sus obras, donde el diálogo y la conexión con sus lectores es constante. Es un placer hablar con la escritora sobre este título que ahora presenta y sobre su trabajo literario. Conversamos telefónicamente con Marta Querol sobre este título y su trayectoria como escritora.

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—¿Qué es Arlodia?

—Arlodia viene a ser como un lugar de tránsito entre la vida y la muerte en la tierra.

—¿Qué van a encontrar los lectores en El infiltrado?

—Van a encontrar experiencias probablemente propias, experiencias que ellos mismos han pasado con gente de su entorno; van a encontrar intriga, misterio, asesinatos, sexo, dilemas morales… Creo que es una novela que tiene muchas facetas, muchas capas de lectura diferentes.

El infiltrado es una novela muy poco convencional, ¿cómo o de dónde surgió la historia?

—En un principio nació como un relato. Nos propusieron hacer una antología de relatos para ayudar a una página web de reseñas y el tema tenía que ser precisamente algo sobrenatural: “entre el cielo y el infierno”.

"Las cosas son relativas. Ese es otro de los puntos que quería yo destacar en la novela: cómo influyen las circunstancias y cómo las cosas no son ni blancas ni negras"

Yo no soy autora de género de fantasía, aunque escribo de todo, pero suelo decantarme más por la contemporánea cuando escribo novela. Hice ese relato y, como siempre me gusta que todo tenga un toque de realidad, que el lector se pueda sentir identificado en algo de lo que pasa, traté de poner de tema de fondo la manipulación. A partir de esa idea, de que tenía ese marco —entre el cielo y el infierno— y que quería hablar de un tema que en aquel momento me parecía interesante, por varias cosas que había visto, que era la manipulación… la forma de mezclarlo todo fue crear este universo fantástico, completamente inventado, Arlodia, y que a partir de ahí naciera la historia de los personajes.

—Me ha parecido el Seven de la literatura, un tratado sobre los pecados capitales.

—Prácticamente. Van pasando por todos ellos, pero además cuestionando los argumentos: por qué hay cosas que se consideran malas y no lo son.

En determinados diálogos —porque hay mucho diálogo— se supone que el que habla es malo y como es malo se supone que lo que argumenta tiene que serlo. Pero muchas veces no es así, muchas veces argumenta con sentido común cosas que todos nos hemos planteado alguna vez, luego ya depende del uso que se haga de eso que sea o no sea malo. Las cosas son relativas. Ese es otro de los puntos que quería yo destacar en la novela: cómo influyen las circunstancias y cómo las cosas no son ni blancas ni negras, por muy extremas que sean.

Foto: Vicens Giménez.

—Tal y como ha comentado, esta historia parte de un relato, pero ¿cómo trabaja habitualmente Marta Querol? ¿Cómo crea un texto literario?

"Creo que con cada nuevo escrito he ido aprendiendo en cuanto a técnica, en cuanto a lo que al lector le gusta, en cuanto a cómo mantener el interés... creo que escribir es un aprendizaje y que con cada nuevo libro que escribes estás más preparado que en el anterior"

—No tengo un método fijo. Mi primera novela El final del ave Fénix nació un poco como autoficción, a partir de una experiencia personal dramática que viví y que necesitaba escribir. Ni siquiera me lo planteé entonces como una novela. Fue una especie de desahogo inicial. Ahí descubrí que me gustaba escribir. A partir de ahí arranqué una novela que tomaba como punto de partida esa primera experiencia mía de desahogo. Esa novela se hizo sin esquema, dejándome llevar por los sentimientos y por las cosas que conocía, por mi entorno, por lo más cercano, por lo que menos me costaba a la hora de escribir… es decir, que no necesitara documentación, que fuese algo que yo controlara muy bien, para poderlo desarrollar. Con el resto de la trilogía empleé un método para que la historia no se desmadrase y para que coincidiera con lo que había contado en El final del ave Fénix, que era la primera. Tanto en Las guerras Elena como en Yo, que tanto te quiero sí que utilicé un esquema por capítulos y lo trabajé de otra manera. En esta novela el único guion que tuve fue el relato que había escrito, que me servía como esqueleto de la historia.

Con la que estoy ahora hice un pequeño guion, pero también me dejo llevar mucho por el momento… he tenido trompicones personales con la pandemia, la he interrumpido varias veces, he tenido que volver a leerla desde el principio… ha sido una experiencia completamente distinta a las anteriores. De momento creo que no he repetido método de escritura en ninguna de ellas.

—Hace 13 años fue finalista del Premio Planeta con El final del ave Fénix, que se convirtió en trilogía, ¿cómo ha cambiado la Marta escritora en todo este tiempo?

—Espero que mucho, porque me presenté al Premio Planeta con mi primera novela, con mi primer escrito. Nunca había escrito nada de ficción: ni novela, ni relato, ni nada. Creo que la obra que mandé era una obra inmadura; luego la novela que por fin se ha publicado no es exactamente la que mandé a Planeta, tiene muchísimas modificaciones.

Creo que con cada nuevo escrito he ido aprendiendo en cuanto a técnica, en cuanto a lo que al lector le gusta, en cuanto a cómo mantener el interés… creo que escribir es un aprendizaje y que con cada nuevo libro que escribes estás más preparado que en el anterior.

—¿Quiénes han sido sus referentes literarios a la hora de escribir El infiltrado?

"En general como escritora me han marcado las lecturas que hice de jovencita, lecturas del realismo francés. Mi madre hablaba muy bien francés y en casa tenía mucha novela francesa: Emile Zola, Victor Hugo..."

—Tengo un referente que puede sonar extraño, que es Astérix y Obélix. Leo desde muy pequeña y me gusta mucho el cómic en general, y los de Astérix y Obélix me gustaban mucho. Había uno que se llamaba La cizaña, en el que había un personaje que, digamos, era en plan comedia, era divertido. Cuando empecé a pensar en mi novela, en Arlodia y en todo lo que pasaba allí, me dije: «lo que estoy pensando tiene cierto paralelismo con aquel tebeo de La cizaña de Astérix y Obélix».

En general como escritora me han marcado las lecturas que hice de jovencita, lecturas del realismo francés. Mi madre hablaba muy bien francés y en casa tenía mucha novela francesa: Emile Zola, Victor Hugo… ese tipo de novelas son las que me han marcado a la hora de escribir.

Foto: Vicens Giménez.

—¿Qué lecturas tiene ahora mismo sobre la mesilla?

—Ahora mismo tengo el manuscrito de un amigo que me ha pedido que haga de lectora cero, y la verdad me lo estoy pasando muy bien, es muy divertido. Tengo Pájaros en un cielo de estaño de Antonio Tocornal, que fue el premio Alfons el Magnànim en Valencia de narrativa, y luego tengo una pila de libros que no se acaba jamás y que crece a más velocidad de la que leo yo (risas), así que no hay manera de bajarla (risas).

—Hablemos de los personajes de la novela. El protagonista, Frederick von Tirpen, llega a Arlodia con un objetivo que debe mantener en secreto. ¿Cómo creó este personaje?

"Hay escenas, diálogos, que después de tenerlos escritos me he planteado si continuaba o los quitaba. Al final los he dejado todos. Escribes para entretener y hacer lo que a ti te gusta. Por eso decidí que se quedaban las cosas como estaban"

—Lo fui creando a capas y como comento en los agradecimientos, he tenido la suerte o la desgracia de encontrarme en el camino con personas manipuladoras, personas que de entrada te conquistan y te parece que son estupendas y maravillosas y que nunca te van a jugar una mala pasada; y que, sin embargo, el tiempo demuestra que no son así. Además, cuando empiezas a descubrir la telaraña que han tejido a tu alrededor, y de la que tú no has sido consciente, es cuando te quedas asombrado al preguntarte cómo has podido caer en algo así.

Creo que a ese tipo de personas con las que me he encontrado en el camino lo difícil es detectarlas. Soy muy observadora, me gusta fijarme en la gente, analizar las situaciones… la observación me ha ayudado a perfilar ese personaje.

Es muy notoria en la novela la amistad de las dos mujeres protagonistas, Gabriela y Cintia. Esa amistad tiene además un rol muy determinante en la trama, ¿cómo son las mujeres de las novelas de Marta Querol?

—Son muy heterogéneas. No hay un patrón de mujer en mis novelas. Puede que sí que coincidan en que suelen ser mujeres de carácter fuerte. No suelo tener personajes —al menos personajes principales— pusilánimes ni débiles. También suelen ser mujeres con cierto rasgo de independencia, incluso en Arlodia —que es un entorno medieval, en el que el papel de las mujeres se reduce a estar en su casa, realizar labores del campo— Gabriela tiene su propia forma de pensar, de razonar, su atrevimiento, valor para enfrentarse a según qué situaciones… Intento que no sean mujeres florero. En mis novelas si alguna característica tienen en común es esa. Pero luego las hay que son dulces, las hay que tienen mal humor o incluso mala leche; y las hay muy positivas y muy negativas; malas, buenas… la única característica en común es que son mujeres con una personalidad fuerte y con cierto grado de independencia a la hora de actuar.

Sin duda este es un thriller muy innovador, sobrenatural… tiene también un punto filosófico, ¿Se puso límites a la hora de escribirlo?

—No, ninguno. De hecho, hay escenas, diálogos, que después de tenerlos escritos me he planteado si continuaba o los quitaba. Al final los he dejado todos. Escribes para entretener y hacer lo que a ti te gusta. Por eso decidí que se quedaban las cosas como estaban.

—¿Qué tiene preparado tras el lanzamiento de El infiltrado? ¿Qué otras historias esperan para ser escritas por Marta Querol?

—Ahora mismo estoy con una novela contemporánea que se desarrolla entre Madrid y San Sebastián. Una novela que también tiene su origen en un relato que escribí para una antología de viajes. En la novela he desarrollado el antes y el después del día que narra ese relato. La tengo bastante adelantada, creo que para antes de verano estará terminada.

Foto: Vicens Giménez.

—¿Cómo espera que los lectores habituales de Marta Querol reciban El infiltrado?

—Me gustaría que lo recibieran bien, que pensaran que al final es una novela de lo que escribo yo. Siempre escribo sobre los problemas reales. Escribo sobre lo que a cada uno le puede haber pasado, historias en las que uno se puede ver identificado. A pesar de ser un mundo de fantasía espero que el lector se identifique con los personajes, con las situaciones, y que haya una empatía con ellos. Eso es lo que me gustaría.

"Al margen de que yo no termino de sentirme escritora, porque los referentes que tenemos son tan grandes y están tan arriba que te ves pequeñita, me veo pequeñita en ese universo"

Para mí ha sido problemático el cambio de género que he hecho. A las editoriales les costó mucho al ver el proyecto. Ha salido con la editorial Sargantana; antes la saqué con seudónimo precisamente por esa sensación de que la gente me tiene catalogada como autora de contemporánea con mujeres protagonistas; y les chocó lo que he hecho ahora. Creo que ya se ha demostrado que no, que es una novela que —a pesar del cambio de género— es solvente y todavía se puede considerar una novela, a pesar de todo, realista. Espero que los rectores la reciban con cariño y la quieran leer.

—¿Recuerda cuándo se dio cuenta de que era escritora o cuando se podía llamar a sí misma escritora?

—Ese momento lo tengo grabadísimo, porque no me lo había planteado nunca. La noche que fui a la gala de los Planeta estuve hablando con don José Manuel Lara para agradecerle la posibilidad que había dado a una escritora como yo (que no había escrito nada más que esa novela) de estar en un acto como ese. Para mí era como tocar el cielo. Hablando con él me preguntó cuál era mi novela, le conté el argumento. Me dijo que la novela tenía un informe de lectura muy bueno y que llamase a su secretaria para que me pasase el informe al día siguiente. Creo que en ese momento fui consciente de que era escritora y que había escrito algo que valía la pena, aunque no hubiese ganado nada.

Al margen de que yo no termino de sentirme escritora, porque los referentes que tenemos son tan grandes y están tan arriba que te ves pequeñita, me veo pequeñita en ese universo. Me veo una pequeña escritora, una juntaletras, pero con ese sentimiento de que sí puedo seguir ese camino a partir de aquel día.

—¿Para qué cree que sirve la escritura?

"La escritura me gusta, me sirve para replantearme cosas, para sentirme realizada. La escritura me sirve para sentirme mejor conmigo misma y poder sacar las historias que llevo dentro"

A cada lector le servirá para una cosa, cada lector hace suyo el libro y habrá a quien esa la lectura les sirva para evadirse, para divertirse, para entretenerse, para aprender, para viajar, para vivir otras vidas… la lectura es tan amplia y es tan personal que creo que cada lector saca su propio aprendizaje de los libros que elige y que lee. En cualquier caso, es algo que te ayuda a mejorar tu vocabulario, la forma de hablar, el lenguaje, a tener la mente más abierta a otras situaciones. Muchos libros, por mucho que sean de ficción, te colocan ante situaciones que si te pones en el lugar del personaje también te planteas: ¿yo que haría? A los personajes muchas veces los ponemos al límite y eso pone al límite también al lector, y hace que él mismo se plantee muchas cosas.

Creo que es una experiencia muy enriquecedora y que es una pena que vaya a menos. Cada vez hay menos gente que lee porque tenemos otros estímulos, que a lo mejor son más cómodos que la lectura, que requiere un pequeño esfuerzo. Creo que la lectura es algo mucho más personal que cualquier otra cosa, porque tú terminas de construir la historia que el escritor te da. La escritura me gusta, me sirve para replantearme cosas, para sentirme realizada. La escritura me sirve para sentirme mejor conmigo misma y poder sacar las historias que llevo dentro.

También tienes la parte de ver cómo reaccionan los lectores, que también te produce satisfacción, solo que es tan incierto, tan complicado, tienes tantas dificultades para llegar a veces a los lectores que no puede ser ese tu único estímulo para escribir. Tienes que escribir porque te gusta, porque te nace, porque tienes ahí un bichito que te ha picado y que necesitas darle rienda suelta.

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Autora: Marta Querol. Título: El infiltrado. Editorial: Sargantana. Venta: Todos tus libros, Amazon y Casa del Libro.

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