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Matar a un urogallo

Matar a un urogallo

El día en que el sargento Mario Rigoni Stern abandonó el umbral de la puerta de casa, en el que durante un tiempo había permanecido dudando, no para marchar lejos, como había hecho hasta entonces, sino para quedarse en el que siempre había sido su hogar, nació la escritura de naturaleza en italiano, tal y como sugiere Paolo Cognetti en el prólogo a este libro publicado originalmente en 1962 y que no es otra cosa que la reunión de algunos de los relatos que el autor había ido publicando en diversos periódicos a su regreso de la Segunda Guerra Mundial. El sargento Stern pronto se convertirá en otra persona:

“La vida de los hombres había vuelto a apoderarse de mí: la oficina, la familia, la casa; las cosas del día a día: el periódico, el libro, la cama con sus sábanas, la mesa con su mantel; la estufa, la radio”.

Aunque no del todo, porque más adelante también confesará cuando se pregunte por qué los hombres del pueblo y, entre ellos, él, salen a matar urogallos:

“En esos momentos se sentía más libre que cualquier otro hombre. O, mejor dicho, no es que sintiera esa libertad, pero ocurría que entonces desaparecía todo: el cansancio del trabajo, las necesidades cotidianas, obligaciones y tareas que conllevan el hecho de vivir entre los hombres y todo lo demás”.

"No hablamos de estampas, descripciones o cuadros, tan habituales en este tipo de literatura, sino de relatos cargados de intriga, movimiento y, muy al fondo, misterio, el de una naturaleza"

Así pues, entre esos dos mundos discurrirá a partir de entonces la vida de Mario Rigoni: entre el del oficinista que lee y escribe y el del aldeano que sale a cazar a menudo. Una escopeta de dos cañones, una Bayard, y una máquina de escribir, una Lettera 22 enviada por el mismísimo Adriano Olivetti, serán sus dos posesiones más preciadas. Y sobre ambas percutirá durante lo que le quede de vida. De estas dos dedicaciones surgirán textos con una atmósfera propia que relatan distintas partidas de caza: recechos de urogallo, batidas de liebre, trampeos de zorro; narradas todas ellas con una prosa a la que la acción imprimida no resta un ápice de capacidad evocadora. Porque no hablamos de estampas, descripciones o cuadros, tan habituales en este tipo de literatura, sino de relatos cargados de intriga, movimiento y, muy al fondo, misterio, el de una naturaleza, después de todo, inescrutable hasta para estos avezados cazadores.

Pero en recopilaciones como estas siempre hay un texto que es el más representativo del conjunto. Y este es, a mi juicio, el último, el titulado Término de la caza, en el que el autor, después de perseguir a un viejo gallo lira por todo el bosque, concluye:

“Sentía, sin embargo, que mis músculos respondían al empeño, que los pulmones bebían con placer el aire frío, y que todo iba bien y era hermoso. Aunque solo bajara con una perdiz nival, o incluso con las manos vacías, me daría por satisfecho, y esa era una buena manera de vivir”.

"Nos sumergimos en relatos que nos van familiarizando con la enigmática personalidad de los cazadores, con los arcanos de la propia búsqueda y con el secreto del bosque"

Antes, en todo caso, de llegar a él, nos sumergimos en otros que nos van familiarizando con la enigmática personalidad de los cazadores, con los arcanos de la propia búsqueda y con el secreto del bosque. Y como si hubieran sido dispuestos a modo de telón de fondo de todo ello están también los relatos del éxodo de esa Italia vacía que tanto ha de sonarnos en estos tiempos.

Y, aún más, como un tanto desubicado, aunque solo en apariencia, como vamos a ver, figura también otro, deslumbrante, por veces sobrecogedor, titulado Examen de oposición, en el que Rigoni muestra la peripecia opositora en Roma de un oficinista de provincias —una clara trasposición de él mismo— que, tampoco sin mucho entusiasmo, aspira a mejorar un poco su categoría laboral. Aunque en apariencia ajeno al conjunto, se trata de un texto que refuerza la singularidad del todo, al ofrecernos un claro contraste con el resto de tareas, las vinculadas al ritual de la caza —porque alguien escribió que la caza es lo que sucede antes y después de matar al animal—, que se describen en el presente volumen con más poesía que pólvora.

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Autor: Mario Rigoni Stern. Título: El bosque de los urogallos. Editorial: Volcano Libros. Venta: Amazon, Fnac y Casa del Libro

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