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Matilde Cherner, la escritora que se adelantó a Galdós  

Matilde Cherner, la escritora que se adelantó a Galdós  

El siglo XIX es uno de los periodos históricos en los que más plumas destacadas surgieron en España. Una nueva forma de entender el mundo —y la literatura— se abría camino y los grandes escritores supieron verlo. Entre todos destaca Benito Pérez Galdós, con una vastísima obra literaria, de la que sobresalen sus Episodios nacionales, que novelan con maestría los momentos históricos más interesantes del siglo.

Tanto en esa serie de novelas como en el resto de su producción literaria, el autor canario se preocupó por la situación de la mujeres, en especial de las marginadas. En La de Bringas (1884) y Fortunata y Jacinta (1887), el escritor habla de la mujer y su relación con el mundo: su dependencia de padre y esposo y su —a veces nula— capacidad de mantenerse alejada de los vicios. Mientras, en La desheredada (1881), la protagonista, Isidora, cae en las garras de la prostitución cuando se desmorona su futuro. Por esta visión adelantada a su tiempo seguimos leyendo a Galdós, que goza de un amplio reconocimiento literario.

Sin embargo, poca gente sabe que un año antes de La desheredada una escritora salmantina escribió una novela rompedora sobre la prostitución en España. Se llama Matilde Cherner, y su obra María Magdalena (1880) se atrevió a criticar el carácter institucional de la prostitución y la mercantilización del cuerpo de la mujer, una auténtica esclavitud. Su nombre ha permanecido oculto más de 140 años porque se vio obligada a firmar con el pseudónimo de Rafael Luna, dado que entonces no era “decente” que una mujer se ocupara de esta temática.

"María Magdalena ha salido a la luz gracias al trabajo de arqueología literaria de Alicia de la Fuente, de Espinas, un sello feminista independiente"

María Magdalena ha salido a la luz gracias al trabajo de arqueología literaria de Alicia de la Fuente, la editora de Espinas, un sello feminista independiente surgido hace unos meses en Madrid, empeñado en recuperar a grandes escritoras decimonónicas cuyo trabajo ha quedado oculto en la historia por su condición de mujeres.

La editorial arrancó con la publicación de Dostoievski, mi marido, una personal biografía de la rusa Ana G. Dostoievskaia que hasta entonces no había visto la luz en España. Ana narra su vida con el gran genio de la novela psicológica, desde que lo conoce y comienza a trabajar para él como taquígrafa hasta que se casan y consigue ayudarle a editar y publicar sus obras, así como las enormes rarezas y problemas del escritor (de la ludopatía a la epilepsia).

El siguiente libro del sello es Blanca Sol, considerada la primera novela social peruana, escrita por Mercedes Cabello de Carbonera. Su protagonista, una suerte de Don Juan femenino, rompe el papel tradicional de la mujer en una sociedad muy conservadora y pone sobre la mesa el tabú de la maternidad no deseada. Este año, Perú acaba de considerar a la escritora como Patrimonio Cultural de la Nación.

"Galdós nunca estuvo solo. Por eso, es de agradecer que haya proyectos editoriales que tratan de ayudar a que las autoras olvidadas florezcan"

Por último, el trabajo de De la Fuente ha rescatado a la asturiana Eva Canel y su libro Oremus, una original historia similar a La Regenta (ambientada en una familia tradicional norteña en plena guerra carlista) en la que la protagonista se debate entre sus convicciones religiosas y sus pasiones sensuales.

Por suerte, hoy el panorama literario está plagado de escritoras, pero todavía sorprende descubrir que nos han arrebatado a muchas autoras de siglos pasados, mujeres que buscaron un espacio para hablar de ellas mismas, que se atrevieron a tocar temas “inmorales”, que se lanzaron a retratar a las desheredadas, las marginadas, las oprimidas, las prostitutas. Que intentaron plasmar sus pensamientos a pesar de que no tenían tan sencillo buscarse una habitación propia. No solo escribieron textos arriesgados, sino que los completaron con prólogos inmensos destinados a justificar su labor artística —como ocurre en María Magdalena—.

Todas ellas —y muchas más— fueron excelentes autoras que estuvieron presentes en el panorama literario del XIX, pero la historia y el paso del tiempo las han borrado. Así que no, Galdós nunca estuvo solo. Por eso es de agradecer que haya proyectos editoriales como este, que tratan de ayudar a que las autoras olvidadas florezcan y a que podamos seguir llenando nuestras estanterías de referentes femeninos que pusieron en riesgo su posición social en un mundo que les daba la espalda porque querían escribir.

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