Me lo bebo

El intrépido periodista se acerca a la mujer que está haciendo cola para pagar y le pregunta qué opina del punk rock.
– Lo encuentro fantástico – responde ella con seguridad, quizá pensando que acaba de ganar un premio promocional.
– ¿Y cómo lo utiliza? –  pregunta Geraldo de forma un poco incongruente.
– Me lo bebo.

Elvis Costello en Música infiel y tinta invisible. Editorial Malpaso, 2016.

La anécdota referida por Elvis Costello en su autobiografía se remonta a finales de los años 70, cuando era perfectamente comprensible que a una señora en la cola del supermercado le sonara a chino eso del punk rock y sólo buscara sus 15 minutos de fama televisiva. Hoy la respuesta sería la misma si preguntáramos a los locutores de las principales radios musicales, ellos se beben el punk rock y todo lo que no tenga que ver con los ritmos que marca la industria musical de Miami, cualquiera lo puede comprobar navegando por el dial en estos largos viajes veraniegos en coche. Pero seguro que si les hacemos la misma pregunta uno a uno con una cámara delante se ponen a alabar sin ton ni son a The Ramones, más por la influencia de las camisetas de H&M que por otra cosa.

La señora del supermercado y los llamados DJs de la radio musical comercial hacen buenas las tesis del recién fallecido Gustavo Bueno en El mito de la cultura. El mito nos absorbe, nadie está dispuesto a reconocer abiertamente su ignorancia, esa que con un poco de curiosidad nos hace aprender cosas nuevas. La producción artística se integra en ese mito y, por muy disruptiva que sea, acaba formando parte de la trituradora consumista. Si el sistema nos dice que el punk rock es cultura aceptamos directamente que no podemos dar un no por respuesta si alguien nos pregunta qué nos parece. No somos libres.

La diferencia está en que en los años a los que se refiere Elvis Costello en su libro, ser parte de la cultura punk rock implicaba estar en contra de la cultura masiva. Ahora, cualquier estilo reivindicativo de aquella época forma parte de la cultura asentada y se opone a unas nuevas tendencias que un servidor no acaba de entender mucho. Cosas de la edad. Si me preguntan por el reguetón, lo tengo claro, atrapado por el mito de la cultura responderé que me lo bebo.

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