Desde el primer instante en que se abre la autobiografía con la que Patti Smith (Chicago, 1946) ha mirado de ordenar su vida a partir de sus primeros pasos en La ciudad del viento, incluso ya desde el mismo título, hace su aparición lo lírico. En el caso de la artista —ya veremos cómo se ajusta esta etiqueta en el mundo de la cantante—, los recursos retóricos se dejan ver desde muy pronto, empezando por una estilográfica que se cuestiona las palabras que traza, mientras la mano le responde con una negativa a la pregunta. Desde ese instante, el lector se da de lleno con la fábula en el sentido clásico, pues la personificación suele ser uno de los recursos más sobresalientes del género ancestral (ya saben, animales parlanchines, teteras que cobran vida, zorras que saben más que los cuervos, tortugas más veloces que las liebres…). La poesía impregna todo el libro, ya en las primeras líneas del prólogo (prelude en el original, una alusión musical que aquí no es baladí) hasta los vagabundeos finales, donde la Smith echa el resto.
Vinieron entonces los libros en los que repasaba su vida, fragmentos de un todo todavía en marcha, episodios decisivos en su trayectoria artística y emocional. Todos ellos acabarán por convertirla en una diosa intergeneracional, una maga primero punk y luego cualquier cosa, siempre en contacto con otros estratos de la realidad. Fueron así apareciendo obras como Éramos unos niños (2010, galardonado con el National Book Award por el relato del tiempo que compartió junto a Robert Mapplethorpe), El mar de Coral (2012), M Train (2016), Augurios de inocencia (2019), El año del Mono (2020), El libro de los días (2023), aunque seguro que los cambiaría todos por haber podido escribir las Canciones de inocencia y de experiencia de William Blake, el libro de su poeta favorito, que la ha acompañado desde que, a la edad de ocho años, su madre le regalara un ejemplar que atesoraría como el conjuro para acceder al otro lado. No es mística, es sensibilidad exacerbada.
Patricia Lee Smith —la sombra de Annabel Lee es alargada—confesó en alguna ocasión que “si tuviera que quedarme con una sola cosa sería la literatura”, y en Pan de ángeles demuestra que está dotada para ello. Todavía arrastra cierto complejo al no hacerse valer por sí misma, en parte cuando se excede en hacer recuento de las celebridades con las que coincidió en su tiempo, que también es el nuestro (lo más cercano aquí fue la Movida madrileña, que la Gauche Divine barcelonesa fue ya otra cosa). Pero se guarda en la recámara para curiosos y fans recalcitrantes un par de episodios dignos de genuflexión religiosa, con alguna penitencia en el camino, sobre todo al reordenar el puzle de su maternidad (¡sorpresa!), tanto como el tiempo que pasó junto a su marido, Fred Sonic Smith (de los MC5) ya desaparecido. Pionera eléctrica, Patti Smith ha cuidado como su legado espiritual estas memorias que hará las delicias de cuantos puedan sospechar que tras “Gloria”, “People Have The Power”, “Because The Night” o “Dancing Barefoot” se alza una artista de la palabra que trasciende las notas musicales y se instala con honores en el Olimpo de las grandes damas de la palabra. Reseguir cada capítulo, trufados de imágenes inéditas de la artista que un día apresó un libro de tapas carmesí y tuvo la osadía de imaginar que en ese artefacto cabía también su vida. Cómo no, sigue residiendo en Nueva York.
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Autor: Patti Smith. Título: Pan de ángeles. Traducción: Ana Mata Buil. Editorial: Lumen. Venta: Todos tus libros.

Patti Smith. Foto: Steven Sebring.


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