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Música para una revolución

Música para una revolución

Si algo sabe hacer bien David Mitchell (Southport, 1969) es montar historias corales afinadas por los entrelazamientos de tramas y épocas. El autor de El atlas de las nubes y Relojes de hueso conduce tiempos y espacios por las vidas de los personajes a los que concede el privilegio de hacerles merecedores de aventuras que no estarían al alcance de cualquiera. Como autor global, conoce los entresijos del libro como producto de consumo, más allá de sus placeres emocionales, de ahí que monte el volumen que nos ocupa con un interesante encofrado de paratextos y diseños —el vinilo es aquí el rey—que llevan por línea directa a disfrutar de la lectura en una suerte de zambullida estética, en esta ocasión a la revolución musical del Londres de los sesenta. A veces, cuando se tiene traza, no hace falta más que un poco de ganas para acometer semejantes empresas.

"No falta nadie, ni Jimi Hendrix, ni Nina Simone, ni Grateful Dead, ni Janis Joplin, ni Pink Floyd, ni Cream, ni Aretha Franklin"

Utopia Avenue no es sólo el título de la novela, es también el nombre de una banda ficticia formada por cuatro músicos ingleses que entienden la psicodelia como un modo de expresión para apropiarse de la atmósfera abrasiva y fugaz que reinaba en el mundo previo al enfriamiento posterior a la DEA y a la guerra de Vietnam. El mundo, en efecto, iba a ser otro, pero el cantante de folk Elf Holloway, el bajista Dean Moss, el virtuoso de la guitarra Jasper de Zoet y el batería de jazz Griff Griffin (si Deep Purple levantara la cabeza) tratan de cazar el zeitgeist de unos tiempos convulsos en una breve pero deslumbrante trayectoria a la que darán forma en dos álbumes inmortales. Nacidos en los sórdidos clubs y cavas del Soho londinense, pronto se verán encumbrados a un debut televisivo en Top of the Pops, que los conducirá directamente al éxito y les hará conocer la escena musical estadounidense, al embarcarse en una agitada gira por Estados Unidos en pleno apogeo de la contracultura y la lucha por los derechos civiles. Como se sabe, todo aquello fue un bonito sueño, pero muchos hubieran dado su alma por haberlo vivido de cerca. Puesto a inventar, Mitchell inventa hasta las canciones del par de discos con los que los Utopia Avenue arrasaron en las listas.

Francis Bacon tuerce los labios en una sonrisa coqueta, suena “Never Let Me Go” en el piano de Bill Evans, los Rolling Stones empiezan su etapa gloriosa, David Bowie va por su enésima reencarnación y los Utopia Avenue ya son pasto de NME y Melody Maker, las biblias semanales del pop de la época. Andan por ahí los Beatles, los Who y los Kinks, pero ellos tampoco “se compran sus mansiones a base de escribir himnos sobre el desarme nuclear o construir el paraíso socialista. Sólo intentan hacer buena música, joder”, dice el baterista Griff. Ése es el tono. Lo demás es un fresco de época plagado de guiños para los iniciados y riquísimo en anécdotas que pasan por verosímiles aunque muchas de ellas son verídicas, salvando el fake que Mitchell ha montado con el grupo ficticio que alienta su libro. No falta nadie, ni Jimi Hendrix, ni Nina Simone, ni Grateful Dead, ni Janis Joplin, ni Pink Floyd, ni Cream, ni Aretha Franklin, ni por supuesto toda la tribu que había invadido Laurel Canyon hasta hacer de ese refugio californiano uno de los más exitosos laboratorios naturales de talento por centímetro cuadrado.

"Cuenta la leyenda que con el tiempo, los Avenue fueron sampleados por Beastie Boys y el cantante de la banda de culto Talk Talk, Marc Hollis, los citó como influencia decisiva"

La crónica llega a 2018. El vinilo ha resucitado, los Mac ponen orden en el mundo, mientras la música se reproduce por bluetooth. Cuenta la leyenda que con el tiempo, los Avenue fueron sampleados por Beastie Boys y el cantante de la banda de culto Talk Talk, Marc Hollis, los citó como influencia decisiva en su formación. Hoy se puede encontrar alguna grabación de la banda en las cubetas de las tiendas de vinilos, justo entre James Taylor y The Who. Pero lo que acabará encontrando el lector paciente es un entregado homenaje a la música como vertebradora de universos, como cápsula del tiempo, como artefacto para unir y definir una época, también para conmover el alma y, desde luego, cambiar el mundo. No es poco poder. David Mitchell lo hace a partir de una banda mezcla de muchas, y como todas, rayando el peligroso territorio de lo fáustico cuando lo que se busca es fama, estrellato y sueños cumplidos. La invitación parte de la desventaja de que debe existir un mínimo interés del lector en el caleidoscopio que aplica Mitchell a la época y al tema central que ocupa Utopia Avenue, pero pronto las seiscientas páginas se vuelven necesarias y al poner el cierre a la lectura, uno ya forma parte de los privilegiados que pueden acceder a cualquier acontecimiento de aquel momento con un deseado pase All Areas colgado al cuello.

 

Autor: David Mitchell. Título: Utopía Avenue. Traducción: Javier Calvo. Editorial: Random House. Venta:

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