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Narcisistas contemporáneos, de Luis de León Barga

Narcisistas contemporáneos, de Luis de León Barga

Como subraya Amelia Pérez de Villar en su prólogo a este original ensayo de Luis de León Barga, el narciso necesita víctimas, trofeos, muescas en el cinturón. Fenómeno sociológico propio de la última centuria, en estas páginas se nos ofrece una detallada descripción de los narcisistas contemporáneos y de sus distintas tipologías. Su origen podemos identificarlo a partir del fin de la Primera Guerra Mundial —en los Felices Veinte, donde imperaba «ver y dejarse ver», en el club de jazz, el café o la pista de baile3 y rastrearlo hasta nuestros días —en este virtual «mundo-pantalla» donde impera el «postureo selfi» y la puesta en escena «tik-tok»—. Para Luis de León, son tres los pilares del narcisismo del siglo XX: la groupie, el playboy y la noche.

Zenda adelanta un fragmento de Narcisistas contemporáneos (Fórcola).

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Lady Gaga o la imagen que nos devuelve Instagram

En la era de internet, la máscara virtual con la que nos mostramos en las redes sociales nos sirve de presentación en esa fábula moderna llamada Instagram. Los contenidos que subimos aumentan el número de nuestros seguidores, ya que nuestra importancia virtual se basa en cuántas personas nos siguen. Desconocidos y celebridades siembran el ciberespacio con sus mensajes e imágenes a diario. El espejo del narciso se ha expandido a millones de pantallas de teléfonos móviles donde pueden verse fotos y vídeos que la gente sube a sus cuentas con la sabiduría del empresario que publicita sus productos. Los dandis y los playboys necesitaban ser admirados y nosotros también. La primera regla para lograrlo es creerse que todo lo que hacemos es interesante y original. Una tarea difícil, porque diferenciarse no resulta sencillo en un mundo estandarizado. También el dandismo buscaba la diferencia para abrir la puerta de la admiración ajena a través de la propia imagen, entendida ésta como una forma de comunicación entre nosotros y el mundo. Por eso el dandi, como el playboy, antiguos modelos de narcisismo masculino, regresan con fuerza en el siglo XXI de la mano de la mujer empoderada, con nuevas formas pero con el mismo fondo de armario.

Las celebridades ponen en evidencia este paralelismo entre el antiguo narcisismo y el presente. Ya no viven de la prensa rosa sino de las redes sociales. Si antes los dandis y los playboys brillaban en un espacio mucho más reducido, ahora se muestran desde muy jóvenes en un escenario virtual con el mayor número de actividades posibles. Una de las celebridades que mejor ha entendido el nuevo narcisismo es la cantante y actriz Lady Gaga (Nueva York, 1986).

Brillar significa ante todo entretener o, al menos, distraer y por lo tanto interesar. El interés debe ser la puerta de entrada a otro mundo. La forma más directa de generarlo es conformar un territorio común con nuestros seguidores, ya sea la música o la imagen. Lady Gaga ha conseguido lo más difícil: mantener la atención durante más de una década reciclándose acorde con su estilo y su música, pero también mediante un engranaje muy bien construido en las redes sociales. Para empezar, tiene una página web dedicada a sus seguidores llamada Pequeños Monstruos. El mensaje de bienvenida dice:

Bienvenidos a casa, pequeños monstruos. Esto es para nosotros. Para todos nosotros. Pequeños Monstruos es un lugar para que todos los fans de Lady Gaga se reúnan, creen e inspiren. También para que compartan su pasión y su creatividad en una comunidad llena de arte, aceptación, monstruos y Gaga. Recuerda ser valiente, amable, respetuoso y lo más importante… ¡sé tú mismo!

Lo que diferencia esta página web de la de cualquier otro artista, aunque todas están diseñadas a mayor gloria del personaje pero también para facilitar canales de información y venta de artículos para los fans, es que cede espacio para que sus seguidores manifiesten sus pensamientos, historias y problemas, y colaboren con una ONG para realizar «actos de bondad». Random Acts acomete pequeñas «acciones bondadosas» en Estados Unidos y el resto del mundo. Por ejemplo, comprar unas alfombras de felpa y lana para la casa de unos inmigrantes iraquíes para que soporten mejor el frío invierno de Missouri. Una vez conseguido el objetivo, se publicita en la web de Lady Gaga entre lemas que invitan a ayudar al necesitado. Igual de importante es comprar el merchandising de la artista que conocer una parte de su vida cotidiana. El pequeño monstruo encuentra en la página un sustento emocional a sus rarezas ya que puede manifestarse. Lady Gaga los entiende y los defiende, tengan problemas psíquicos, sean LGTBI, carezcan de padres reales, sufran acoso escolar o sientan tendencias suicidas.

Hija de una familia bien neoyorquina, la cantante pertenece a la primera generación nativa digital. En todas sus biografías se cuenta la historia de Lady Gaga como una fábula moderna, con resonancias del cuento de Blancanieves, donde la belleza de la princesa es sustituida por el estilo y la excentricidad de la artista. También tenemos a la madrastra/madre cuya maldad se reduce a los desencuentros con la hija durante la adolescencia. Por último está el espejo mágico, que vienen a ser las redes sociales y que confirman que no es la más guapa del reino digital y hay otra artista con más seguidores.

A Lady Gaga le gustaba ir al colegio vestida de forma estrafalaria. Abandonó la casa familiar para probar suerte con un grupo de música. Su modelo era Amy Winehouse. Su padre le dio un año de plazo para que lograse un contrato con una compañía discográfica. Lo consiguió pero no tuvo éxito, de modo que volvió a la casa familiar en 2006, tras una mala época en la que no faltó el consumo de drogas y la separación de su novio. Como seguía empeñada en convertirse en una diva de la música, Lady Gaga cambió de estilo. Su idea triunfal fue adoptar la imagen de una drag queen siendo mujer, y con un estilo galáctico de videojuego, el Photoshop y los colores Titanlux de satén brillante. Empezó a frecuentar en la noche neoyorquina los ambientes del travestismo. Después llegaron los primeros escándalos por sus atuendos. Nuestra Blancanieves encontró un símil de los siete enanitos bondadosos en una DJ llamada Lady Starlight que le enseñó no sólo todo lo que sabía de música, sino también de cardados, lentejuelas, licra, accesorios sadomaso, tacones… Trabajó de gogó y le llegó el éxito en 2007 con una actuación en el Festival Lollapalooza.

Como ella misma ha anunciado en su cuenta oficial de Instagram (que tiene más de 44 millones de seguidores, y 82,3 millones en Twitter), madre e hija acaban de escribir un libro titulado Channel Kindness: Stories of Kindness and Community (2020) para ayudar a los adolescentes con problemas emocionales. La madre de Lady Gaga, Cynthia Germanotta, pertenece al entorno cercano de la cantante. Las cincuenta y una historias con final feliz del libro están dirigidas a los jóvenes. Según Lady Gaga, sus padres la educaron para ser fuerte y se olvidaron de las emociones. La versión de la madre es algo distinta. Debido a su originalidad creativa, cuenta, Lady Gaga sufrió acoso escolar y no pudo integrarse en la pandilla dominante. Para un adolescente, la exclusión puede ser una herida narcisista importante, incluso dramática, según la dependencia de reconocimiento social que tenga. Lady Gaga no supo hacer frente al rechazo ni logró una buena comunicación con su madre. Por eso el libro da mucha importancia a la relación entre padres e hijos. Lady Gaga agradece a su madre, con la que ahora tiene una relación «sana y hermosa», que haya contado cómo se sentía ella cuando era adolescente y lo haya compartido con millones de lectores.

Mi hija de pequeña era muy creativa, pero sus compañeros de clase no siempre apreciaron esas actitudes que la hacían única y diferente. El resultado fue que se burlaban de ella, la humillaban y la excluían… Su crueldad hizo que mi hija se replanteara su identidad y autoestima, lo que la llevó a un estado de ansiedad, depresión y comportamiento autodestructivo.

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Autor: Luis de León Barga. Título: Narcisistas contemporáneos. Editorial: Fórcola. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

Foto: EFE/Toni Albir

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