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Naves ardiendo más allá de Orión

Naves ardiendo más allá de Orión

Te perderás en brazos de Circe, caerás rendido a los pies de Nausica y encontrarás Ítaca. Atrévete aunque te decepcione y ven a Neverland. Acompaña a Mister Witt en el Cantón, cura leprosos por los despoblados de Galilea y desafía el mito de los pantanos de Baskerville. Embárcate rumbo al país de los houyhnhnms, recorre las avenidas porteñas que no fundó nadie y cambia impresiones con Homero en el país de los inmortales. Échate al camino para ganar una ínsula que no existe y lucha con gigantes que son sólo molinos. Enrólate en La Española y viaja en pos de Flint. Escápate con Simbad, entra en Bagdad, piérdete en la selva y descubre El Dorado aunque tampoco exista. Baja con Juanito Marés por la ronda del Guinardó, haz tuya Tebas y enamórate de Lesbia en algún rincón de Roma. Y de Leonor en las tierras para el águila. Y de la dama de Porto Pym en la bahía donde lloran las ballenas. Odia y ama. A Tisbe, a Julieta, a Beatrice, a Píramo, a Paris, a Calixto, a Melibea y también a Elena sobre los muros de Troya. Y, cómo no, al confuso Romeo. Arriésgate y sé, como él, juguete del destino. Sé Montesco, Capuleto, o lo que se tercie, y déjate llevar por el acontecimiento. Contempla cómo se pone el sol, sueña con el fantasma de Tristán de Aguirre, da la vuelta al día en ochenta mundos y conviértete en perseguidor de ti mismo. Sé Shanti Andía, Bilbo Bolsón y el sochantre de las Crónicas. Sé el Príncipe Salina, el último de los mohicanos y los dos de siempre. Sé el piloto Pirx, Fabrizio del Dongo, Alicia en Wonderland y llámate Ismael cuando ya nada en tierra te satisfaga. Entonces ve a Nantucket, duerme con un salvaje y parte en busca de la ballena blanca. Pon rumbo al cementerio donde yacen los barcos perdidos, saquea las minas del Rey Salomón y pinta la Obra de Arte Desconocida. Saluda al capitán Nemo, apréndete el plano de Macondo y navega con Maqroll, el capitán Fitzroy, el capitán Marlowe y también con un capitán de quince años. Afronta la oscuridad del río Congo, encuentra al doctor Livingstone, supongo, y comparte mesa con Nestor Luján, Álvaro Cunqueiro, Julio Camba y Pepe Carvalho. Fúmate un Montecristo, pide una copa de Peinado y, al salir de Fornos, sigue a Malatesta por la calle de los Peligros. Monta a Clavileño, escucha al abate Faria, enciéndete uno y apodérate del tesoro de los Spada. Sé Anita Ozores, chaval, Anita Karenina e incluso Manolita Bovary y aprende a sentir como una mujer. Deja atrás los límites de Castilla y también los tuyos. Cruza el Duero por Navapalos, saluda al buen moro Abengalbón, piensa en Jimena y, leal, ofrécele a tu Rey la luz de los huertos de Valencia. Sobrevuela océanos de nitrógeno líquido y cielos con nubes de azufre, entra en la órbita de Saturno, asómate a la Puerta de las Estrellas y atrapa el Infinito. Apunta a lo inaccesible y conviértete en Belmonte, nena. Sé el Pasmo de Triana y deja que te admiren desnuda las sombras de la marisma. Bríndale un toro a la luna, juega al ajedrez con Capablanca, cruza el Ebro en un barquito de vela, entra en Madrid con don Carlos y en Damasco con el ejército árabe del coronel Lawrence. Encarámate a los Siete Pilares de la Sabiduría, pasa el puerto de Tablada y yace con Aldara una madrugada. Únete al clan del viejo Akela y haz tuyos todos los sueños de todos los seres humanos que han caminado sobre el planeta. Patea París, siembra de estelas el Sena, sigue el rastro del hombre de la Tour Eiffel y ten cuidado con el puñetero del bel ami. Y al final de la jornada comparte bocata y cerveza con el jefe de la policía judicial en la brasserie Dauphine. Sube a la mismísima Luna con Pierrot, baja al Infierno con Virgilio y embárcate en un viaje frustrado con el Hermós. Asa pescado en su barca, deja que la noche acaricie la quilla, sigue a Safo, ten amores prohibidos, escala el Anapurna y conquista lo más inútil que existe: tú mismo.

Supera tu propio escalón Hillary y lee. Libros raros, gordos y difíciles. Verás como hay naves ardiendo más allá de Orión.

Y como incluso tú puedes encontrarlas.

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