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No cabe el rayo fecundo

No cabe el rayo fecundo

Los políticos —un pueblo cuyo asunto era ser gente ocupada en volverse biografía, según Antonio López Luna— venden pocos libros en España. Eso afirman expertos del mundillo editorial, quienes subrayan tal circunstancia frente a la realidad contraria en los Estados Unidos.

Pero es lógico. Aquí el personal  tiene muy calados a sus próceres. En cuanto uno pierde el sillón, hasta sus adeptos más fieles corren a apoyar al nuevo mandamás. ¡Nos ha gibado mayo! Ni un por un segundo piensan tragarse un tocho exculpatorio, obra de algún negro (uy, perdón, escritor anónimo de color afroamericano).

"Resulta absolutamente lógico que don José María Aznar haya trincado tres milloncejos por una saga de volúmenes atribuidos a su pluma"

A la luz de esa evidencia, resulta absolutamente lógico que don José María Aznar —“de pura honestidad, templo sagrado”— haya trincado tres milloncejos por una saga de volúmenes atribuidos a su pluma. Más que ahondar en sus contenidos —“cuyo bello cimiento y gentil muro / de blanco nácar y alabastro puro / fue por divina mano fabricado”— lo remarcable son las portadas. El prócer sale en todas, encantado de conocerse, cual corresponde a un semidiós de “soberbio techo, cuyas cimbrias de oro / al claro Sol, en cuanto en torno gira /  ornan de luz, coronan de belleza, por seguir citando a Góngora.

Y da para un estudio completo de egomanía, la del volumen Cartas a un joven español (Editorial Planeta, 2007). En dicha imagen, el expresidente español mira cual cardenal australiano a un tierno acólito y ustedes disimulen. Horrífica visión, fantasma vano, resurgente en algunos pasajes de esas misivas al mancebo corresponsal, donde hay asertos como: “Lo que ocurre, querido Santiago, es que hoy sabemos por experiencia dónde y a dónde conduce esa voluntad utópica. El intento fracasó, cierto, pero no olvides que hubo un tiempo en que triunfó, que mucha gente creyó en él, y que el experimento tuvo por consecuencia un sufrimiento incalculable”. Llegados a este punto, la mayoría de lectores tal vez duden si Aznar se refiere a las armas de destrucción masiva, a la dictadura franquista, o a las relaciones de índole uranita en tiempos de Platón.

Si los presidentes estadounidenses reciben una pasta gansa por sus memorias es, nadie lo duda, por su formidable calidad literaria o el insaciable interés que suscitan sus personas. En contra de lo que sostienen las lenguas de doble filo, eso no son remuneraciones encubiertas en pago a servicios del exmandatario en favor de intereses de grandes multinacionales, oligarcas financieros o cabilderos varios.

Los mismos pérfidos que tal afirman añaden que el asunto va así: alguien tiene una deuda de gratitud con el cesante por ciertos favorcillos, pero no puede hacerle una transferencia, pues la maldita prensa subversiva y los rojos marxistas del FBI se le echarían encima. Se busca pues a quien adelante la morterada al expresidente, bajo la tapadera de anticipo de derechos de autor, y luego se paga a ese editor por otras especies distintas. El magnate, agradecido, incluso suele adquirir varios miles de los libros impresos, como regalo de empresa. A los de la editorial, propiedad generalmente de algún conglomerado más amplio, no les cabe sino tragar y asentir.

"Es de ovación cerrada, además, que el libro lo adobe una secretaria de Estado. A ver, ¿cómo va a ser igual el mimo de una mandarín que el de un negro mal pagado?"

Estas líneas llegan ya tarde para arrearle al actual presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez Pérez-Castejón, por engendrar Manual de resistencia (Ediciones Península, 2019). Cuanto pueda escribirse, en contra o a favor, ha sido ya escrito. Por lo demás, es perfectamente plausible que un presidente aún en ejercicio publique un libro de memorias. Resulta una consecuencia lógica del carácter de los hombres públicos, sobrados de autocomplacencia, vanidad y con una necesidad urgente de justificación. El hecho también denota cierta pillería por lograr gran publicidad mediática. Ya lo dijo Oscar Wilde: “Hay solamente una cosa en el mundo peor que hablen de ti, y es que no hablen de ti”. Da igual si te alaban o te insultan, al personal le entra morbo, e igual hasta se acaba comprando un ejemplar.

Es de ovación cerrada, además, que el libro lo “adobe” una secretaria de Estado. A ver, ¿cómo va a ser igual el mimo de una mandarín que el de un negro mal pagado (uy, perdón, esclavo literario quise decir)? De esta forma, no tienes más preocupación que dar tu visto bueno, y la turificación la paga España. En todo caso, la biografía presidencial de don Pedro empalaga,pues de tu gigante gloria / no cabe el rayo fecundo /, ni en los ámbitos del mundo, / ni en el libro de la historia”.

(Por cierto, la carcunda española enloquece tuiteando por ahí una versión transliterada del poema cuyas líneas anteceden, que atribuyen a Espronceda. En realidad se trata de la Oda al 2 de Mayo, obra del jiennense Bernardo López García. O sea, que saben tan poco de literatura nacional como de historia).

"Conviene no leer memorias de prohombre alguno, mientras su autor no haya fenecido y esté debidamente sepultado"

Y puestos a citar manuales mucho más entretenidos, resulta muy recomendable Manual de supervivencia (colección Tiempo de Héroes, Apache Libros, 2018), trabajo colectivo de algunos de los más interesantes narradores contemporáneos del género negro (a estas alturas los ofendiditos habrán saltado ya, seguro). Particularmente reseñable es El ojo director, relato corto de Montiel de Arnáiz, cuyo protagonista, el pringado de la clase, accede a una superior dimensión espiritual, merced al karate y al tiro con pistola. No por casualidad este autor, abogado en ejercicio por cierto, firmara (también en Apache Libros y en su Serie Noir) una de las novelas más canónicas del género, basada en un hecho real: A la velocidad de la noche.

Finalmente, una recomendación de higiene mental básica: conviene no leer memorias de prohombre alguno, mientras su autor no haya fenecido y esté debidamente sepultado. Así evita uno ciscarse en todos sus deudos, si se lo cruza por la calle.

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