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Noche literaria en el Parador de Sigüenza con Juan Eslava Galán

Noche literara con Eslava Galan. Fotos: Victoria Iglesias

El tiempo parece detenerse al entrar en el recinto del Parador de Sigüenza. Sus gruesos muros de sillar protegen al huésped del inusual calor que comienza a secar los campos seguntinos. Tradición y modernidad se abrazan en este entorno privilegiado, ubicado sobre un cerro a la izquierda del río Henares, a apenas hora y media de Madrid.

Asomarse al pasado. Foto: Victoria IglesiasHoy, diez de marzo, es una noche excepcional pues el Salón del Trono se viste de gala para recibir a Juan Eslava Galán, uno de los escritores más admirados y leídos de nuestro país.

Bajo el techo decorado con sólidas vigas de madera, medio centenar de personas aguardan expectantes la inauguración de las Noches literarias del Parador. Lectores, escritores en ciernes, jóvenes estudiantes, editores y representantes de la alcaldía de la ciudad (que colabora con estas jornadas) se citan en el Salón que acogió el rodaje de 1492, la célebre película de Ridley Scott. Marlon Brando estuvo aquí. Pero por esta noche el esplendor de la historia y el conocimiento se dan la mano en esta bellísima estancia de la antigua residencia obispal.

Uno no echa de menos al fantasma de Doña Blanca (que permaneció cuatro años encerrada por orden de su marido Pedro I de Castilla) ni al de Marlon Brando en el ocaso de su carrera interpretativa. Rodeados por los delicados paños que restauró la Real Fábrica de Tapices (y que, según nos comenta el director del Parador, ha acogido una reciente exposición con varias piezas artesanales realizadas entre los siglos XVII y XXI) nos aventuramos a conocer más de cerca al “Umberto Eco español”, un amante del cine, la gastronomía y el sosiego.

Durante la charla desfila otro fantasma, literario, Nicholas Wilcox, el conocido heterónimo que Eslava Galán utilizó durante un tiempo.

El alcalde de Sigüenza da el pistoletazo de salida a esta velada: D. José Manuel Latre confiesa los nervios e ilusión que le provoca esta primera noche cultural en el castillo-fortaleza de la ciudad y agradece la disposición del autor de participar en este encuentro con lectores tras una década sin pisar la ciudad seguntina. Este año, 2017— recuerda—, es además el V Centenario de la muerte del Cardenal Cisneros (8 de noviembre de 1517), de Gloria Fuertes y de José Luis Sampedro. 

Tras la intervención del alcalde toma la palabra D. Ramón Ongil, responsable de comunicación de Paradores, que alaba el trabajo y la memoria del escritor jienense, el “Umberto Eco de la prosa española”. Comienza la charla:

Ramón Ongil: ¿Quién es Nicholas Wilcox?

Juan Eslava Galán: Me gustaría decir que soy yo. Me gusta leer de todo, soy más lector que escritor. Nicholas Wilcox es un heterónimo que inventé. Leo y admiro las novelas best-seller y se me ocurrió escribir una novela de ese estilo, pero pensé que con ella podía decepcionar a mis lectores, así que firmé con un nombre inglés.

La lápida templaria, primera novela de Wilcox, vendió tres veces más de lo que yo solía vender. La novela llevaba además una trampa: elegí como modelo para la foto de autor un chico áspero, parecido al del anuncio de Marlboro, y lo acompañé con una biografía propia de un aventurero, un hombre viudo que vivía en un molino en Gales acompañado por un perro y un gato. Todos sabemos que más que lectores… lo que hay son lectoras, así que busqué una biografía que les gustara.

La editorial me pidió más libros de Wilcox, así que seguí. Hasta que ya me revelé. A los cuatro o cinco años — ya llevaba publicados 5 libros de Wilcox — supe que la revista Qué Leer se había enterado de la identidad de Wilcox y la iba a desvelar. Así que me adelanté: hablé con Arturo Pérez-Reverte, quien les reventó la exclusiva diciendo que era él quien me había descubierto. Y yo seguí con mi vida.

R.O.: ¿Por qué hay tanto escepticismo en los títulos de sus obras Historia de España contada para escépticos, La Segunda Guerra Mundial contada para escépticos?

J.E.G.: Somos bastante escépticos y también bastante crueles… lo demuestra la vida política de España. Al libro Historia de España contada para escépticos le venía bien el título porque había en él cierto cinismo. Ahora, cada vez que presento un libro a la editorial, le suelen poner el apellido “para escépticos”.

"Existe una gran diferencia entre escribir a ordenador, a mano o a máquina. Un lector avezado puede identificar si el escritor lo hace a ordenador."

R.O.: ¿Cómo escribe Juan Eslava Galán? Camilo José Cela escribía con pluma estilográfica que sumergía en el tintero, Antonio Gala lo hace apoyando el papel sobre las rodillas con letra de “microhormiga”…

J.E.G.: Hace ya veinte años que sólo escribo a ordenador. Existe una gran diferencia entre escribir a ordenador, a mano o a máquina. Un lector avezado puede identificar si el escritor lo hace a ordenador. Con el ordenador se gana flexibilidad, verborrea… se escribe más rápidamente. Además haciéndolo así no te ves en la necesidad de ir corrigiendo al tiempo que escribes. Es más rápida la corrección a ordenador que con el resto de herramientas. Con el ordenador la cosa encaja donde tiene que encajar. Uso el ordenador bastante bien. Es raro ya que tome notas a mano.

R.O.: Cuéntanos tus manías de escritor: te levantas y… ¿qué haces?, ¿tomas café?,¿te pones ropa especial para desarrollar tu trabajo?

J.E.G.: Suelo discutir esto con Arturo Pérez-Reverte y decimos “mariconadas las precisas”. El oficio de escritor es un oficio como otro cualquiera. Un oficio requiere trabajo, perseverancia, soledad… Tonterías de esas no tengo ninguna.

García Márquez escribía descalzo, por ejemplo. A mí esas manías… yo escribo en cualquier parte, y me da igual en qué circunstancias.

Fui un estudiante pobre en Granada y me iba a estudiar a bares que tenían calefacción. He desarrollado la facultad de desconectar.

Antonio Gala se pone nervioso frente a un folio en blanco. Guarda los sobres, escribe en ellos, en reversos de facturas… para no enfrentarse al folio en blanco.

R.O.: Se tarda uno o dos años, dicen, en escribir una novela…

J.E.G.: Hay dos maneras de enfrentarse a una novela. Con “brújula” o con “mapa”. Con “brújula” más o menos sabes cómo va la novela (así escribe Javier Marías); o con “mapa”,  de esta manera sabes todo lo que va a ocurrir antes de ponerte a escribir. Yo soy un escritor de “mapa”. Tardo menos en escribir una novela. Pierdo menos el tiempo. Cuando te pones a escribir una novela hay que documentarse. Los escritores noveles pasan meses en bibliotecas, internet, acumulan muchos datos… Cuando me piden consejo siempre digo: “escribe primero la novela y luego la documentas”. Hay que tener cierta idea antes de escribir, pero primero escribes y así te das cuenta de lo que le falta y no te documentas en exceso.

El ansia de meter toda la documentación en la novela hace que la echemos a perder. Por eso tardo poco, no pierdo el tiempo con la documentación.

R.O.: Cierto, eres una “biblioteca andante”.

J.E.G.: Soy un lector muy consecuente. Leo con un lápiz en la mano, subrayando, apunto en las hojas finales… esos son mis trucos para tener esa memoria.

Si leo prensa y veo un artículo que me pudiera servir, lo recorto y guardo en carpetas clasificadas.

R.O.:¿Qué parte de tu casa ocupas tú?

(En ese momento el escritor mira y sonríe cómplice a su mujer que sigue la charla sentada en primera fila del Salón)

J.E.G.: Nos llevamos bien. He almacenado 15.000 libros. En dos mudanzas he hecho donaciones a la biblioteca de mi pueblo, y a la Biblioteca de Estudios Jienenses. La de mi pueblo lleva ahora mi nombre, todos los libros que tiene son míos.

Uno escribe durante el tiempo que le queda de “vida creativa”. Algunos escritores ya han muerto y no se enteran… siguen escribiendo. No diré sus nombres. Si me quedan diez años, tengo que tener en casa los libros que me pueden corresponder para ese trabajo. No más. No soy partidario de grandes bibliotecas. Mi amigo Pérez-Reverte es lo contrario: él vive en una biblioteca.

R.O.: Echemos un vistazo ahora a tu última novela El amor en el jardín de las fieras. ¿Cuál fue el punto de inflexión en el que decides voy a escribir sobre esto?

J.E.G.: Es la novela la que escoge al novelista. A veces despiertas y durante el sueño ha tomado la decisión.

Yo estaba siguiendo la pista a Ramón Garriga Alemán (un periodista de los años 20-30, corresponsal de EFE en Berlín, que murió en la década de los 70). El día que entraron los alemanes en París se encontró con Dionisio Ridruejo. Dionisio le dice: “Hay que reconocer que esta raza son superhombres”; Garriga responde: “Son unos mamarrachos que perderán la guerra en el año 45” (lo dijo en el año 40). Era un tipo inteligente. Cuando ya de mayor le han preguntado en alguna entrevista por la veracidad de la anécdota, dice que no se acuerda.

Garriga en sus crónicas contaba la vida de los españoles en la Embajada española de Berlín: los “enchufados”, los periodistas,… una vida de crápulas. Eran muy libres en una sociedad tan coartada como lo era Berlín.

Yo tenía documentación sobre el Berlín de la época, así que añadí dos historias de amor (para las lectoras).

 

En este momento el presentador nos deleita con la lectura acompasada de un fragmento de la última novela del escritor: El amor en el jardín de las fieras es un canto al amor y a la amistad con el trasfondo histórico minuciosamente reconstruido por Eslava Galán de uno de los episodios más desconocidos del nazismo.

Tras la lectura de estos párrafos que nos trasladan al Berlín de los años 40, D. Ramón Ongil pregunta al escritor el significado de algunos términos utilizados: “piernas intonsas”, “tono rubicondo”, “pelusa clural”. Con su habitual sentido del humor Juan Eslava Galán da las explicaciones necesarias provocando la risa del auditorio.

 

R.O.: Hablemos ahora de la División Azul, ¿Tenemos los españoles una espina clavada con la Guerra Civil? ¿Tenemos que estar siempre volviendo a ella como Estados Unidos con la guerra de Vietnam?

J.E.G.: Soy partidario de que quienes tienen a su abuelo enterrado en una cuneta se le rescate. Pero ha habido una generación de políticos que han echado estas muertes en cara a sus oponentes… Creo que es un capítulo que hay que concluir. Debemos rescatar el cadáver sin hacer de ello una herramienta política.

"Uno es dependiente de la música de su generación. Tras Simon & Garfunkel no he vuelto a entender la música."

R.O.: ¿Con qué canción identificas esta novela?

J.E.G.: Lo obvio sería decir que con Lili Marlene, que es la canción que se escuchaba en Radio Belgrado, tanto por un bando como por otro. Incluso en el bando americano… las grandes cantantes, ya en América, la tenían en su repertorio.

Hace poco en una entrevista en Radio Nacional sugerí una canción para acompañar la entrevista. Sugerí a Angelillo. Es un cantante de los años 30-40, que interpretaba casi siempre canciones de presidio.

Uno es dependiente de la música de su generación. Tras Simon & Garfunkel no he vuelto a entender la música. Jazz, copla española,… eso es lo que nos gusta.

R.O.: Quiero que nos hables sobre uno de los personajes: un esclavo judío que acaba como directivo de American Express.

J.E.G.: Tenía mi casa de Sevilla como una chamarilería: guardaba objetos, cartas antiguas (por ejemplo: correspondencia amorosa de un jesuita desde Argentina), joyas auténticas que compro en mercadillos.

Un señor escuchó una entrevista y me dijo que él compraba pisos y había adquirido uno de un americano lleno de documentos, así que me envió dos cajas. En esas dos cajas estaba la vida de un judío húngaro. En ellas puse una etiqueta: “el húngaro que viajó”. Yo sabía que de este hombre algún día escribiría una novela.

Era un húngaro que fue a estudiar a Italia y acabó en un campo de concentración. Tras la liberación fue a Estados Unidos, pero no fue fácil, así que primero pasó por Sudamérica y desde allí entró en Estados Unidos. Sabía seis idiomas bien, así que consiguió un buen trabajo como ejecutivo en American Express.

Con este trabajo viajaba por todo el mundo y guardaba meticulosamente folletos de las óperas a las que acudía, fotos, tarjetas de restaurantes… todo con anotaciones de sus impresiones. Llevaba toda su vida documentada.

Después vi que no tenía fuerzas para todos estos proyectos. En la última mudanza doné este material a la Embajada de Israel.

R.O.: Quiero que hablemos de ti como personaje: coleccionas cosas peculiares…

J.E.G.: Tarjetas de clubes de alterne que ponen en los limpiaparabrisas de los coches. Con esto algún día a lo mejor hago un libro… Empecé a hacerlo en Inglaterra. En España antes no había. Las colecciono y ordeno por años, así veo la evolución de los bustos, de los precios con la crisis,…

"Franco atacó los idiomas (gallego, vasco,...) y ahora (por la ley del péndulo) atacan al español. ¡Una nación que tenía la suerte de ser bilingüe! Ahora hablan mal el español, algo terrible."

R.O.: Hablemos de política internacional, del guantazo de Trump al español. ¿Qué debe hacer el Instituto Cervantes y las instituciones? Los anteriores presidentes de los Estados Unidos han hecho el esfuerzo por hablar español…

J.E.G.: Sólo los muy incultos creen que un idioma ataca al otro. Un idioma es el hallazgo más rico en la vida de una persona. El español no necesita que lo defiendan, se defiende solo. Y seguirá creciendo en Estados Unidos.

Franco atacó los idiomas (gallego, vasco,…) y ahora (por la ley del péndulo) atacan al español, porque creen que así benefician al catalán. ¡Una nación que tenía la suerte de ser bilingüe! Ahora hablan mal el español, algo terrible. Pierden el acceso a la riqueza de un idioma que hablan 500 millones de personas en el mundo. Terrible.

R.O.: El compositor Strauss creó una polca compuesta a gran velocidad con retales de otras músicas, ¿esto lo hace un escritor?

J.E.G.: Sí. Yo lo hago. Por ejemplo, mi novela Señorita tenía al inicio dos escenas bélicas largas. Mi agente me dijo que tenía “demasiada guerra para una lectora”, lo reduje, pero guardé lo que había desechado y lo usé para la novela “Historia de la Guerra Civil para escépticos”. Era una escena vibrante que podía despertar al lector, estimularle. Tenía mucha acción.

 

Tras más  de cincuenta minutos de conversación, la charla concluye y el autor se dispone a firmar ejemplares de sus obras. Varias decenas de lectores aguardan su turno u hojean la obra de Juan Eslava Galán, que la librería Rayuela ha llevado al Parador de Sigüenza.

Las Noches literarias del Parador es una de las brillantes iniciativas de este establecimiento que fue remodelado en los años 70 conservando la solemnidad de una edificación del siglo XII. En pocos días escritores y libreros se reunirán de nuevo en este castillo-fortaleza para hablar de libros y cultura.

Detengámonos de nuevo en esta cálida noche estrellada y volvamos nuestros pasos, esta vez, a la sala Cardenal Cisneros donde comienza puntual la cena con uno de los escritores más sólidos del panorama literario nacional.

Un exquisito menú de varios platos (blinis de paté de perdiz y nueces, vieiras gratinadas rellenas de su carne y marisco con muselina de ajo, esturión soasado con tallarines de tinta, pesto de nueces y tomate provenzal,…) espera a todos los asistentes a la cena con Juan Eslava Galán. Los platos se suceden ágilmente gracias al delicado ejercicio que combina profesionalidad, buena gestión, precisión y eficiencia del personal— curtido en mil batallas — del Parador de Sigüenza.

Cuando se sirve el postre (tocinillo de cielo, gelatina de gin-tonic y peta zetas de chocolate) comienza el turno de preguntas al escritor, que contesta afable a todas las cuestiones que le plantea la animada concurrencia.

La ronda de preguntas se inicia con las de alumnos de dos colegios de Sigüenza, el Colegio Episcopal Sagrada Familia (SAFA) y el IES Martín Vázquez:

Jaime (SAFA): ¿Qué opinión tiene de la manera en que se enseña Historia de España?

J.E.G.: España está viviendo una situación desgraciada. Es un país único, pero en algunas autonomías se está enseñando una historia que no es la historia de España. Como profesor que he sido, mi opinión es negativa: se enseña realmente a odiar a España. También es cierto que la historia que me enseñaron a mí es una historia falsa. La historia es una ciencia (está dotada de rigor) y un arte (la interpretación que los historiadores hacen de ella). Cada generación de historiadores le da la vuelta a la idea anterior, y eso es bueno.

Volviendo a tu pregunta, la enseñanza en España es deplorable. A la gente joven la corrección y los modales les debían de ser enseñados en casa. La escuela ha de ser información y la formación es lo que te da la familia, lo que te debe dar la familia. Ese es el mayor problema que tiene la enseñanza en España.

"Durante una huelga, en 18 días, escribí una novela a la que dieron el Premio Planeta. A veces me levanto a las cuatro de la mañana a escribir. Duermo poco. Me dedico a lo que me gusta, leer y escribir."

Montse (IES Martín Vázquez): ¿Cómo compaginaba ser profesor con ser escritor?

J.E.G.: Difícil. Soy un tío muy aburrido, pero cuando escribo intento no serlo. Nunca he visto un partido de fútbol ni una corrida de toros. Nací en una fábrica de aceite. El barrio donde estábamos era de gente pobre, aunque mi padre era “riquiño”. Mi madre me prohibía tener amigos de allí. Así que era un niño solitario en una fábrica que producía únicamente durante tres meses al año. El resto del tiempo…era una aventura inexplorable. Siempre he sido de pocos amigos y muy buenos. Mi tiempo libre (vacaciones, verano,…) lo he dedicado siempre a escribir).

Durante una huelga, en 18 días, escribí una novela a la que dieron el Premio Planeta.

A veces me levanto a las cuatro de la mañana a escribir. Duermo poco. Me dedico a lo que me gusta, leer y escribir.

Noelia (SAFA): ¿Qué libro cree que debe leer todo el mundo una vez en su vida?

J.E.G.: Me lo has puesto muy fácil: el Quijote. Es un libro que siembra semillas. Lo leo cada 6 o 7 años. Cada vez que lo releo noto que las semillas han crecido y que tiene algo de mágico.

Ahora tenéis la ventaja de que hay dos versiones del Quijote: una para niños y jóvenes (de Arturo Pérez-Reverte) y otra que lo traduce al castellano actual (de Andrés Trapiello), obras ambas de gran mérito. Hoy no tenéis disculpa si no leéis el Quijote.

Arantxa (Martín Vázquez): De todas sus novelas, ¿cuál es su favorita?

J.E.G.: El comedido hidalgo. Su protagonista es Cervantes, pero le llamo Alonso Quijano (nombre real del Quijote) por una cuestión de respeto.

Cuando uno escribe una novela tiene (lo habéis estudiado en filosofía) la imagen platónica del libro. Cuando lo terminas, nunca sale  como querías. Esta es la vez que más me he acercado. Es un homenaje a Cervantes, a  quien llevo siempre en el corazón.

Jaime (SAFA): ¿Qué interés tiene en los nazis?

J.E.G.: Me interesan mucho. En el mundo actual lo que ocurre es consecuencia de la Primera Guerra Mundial y de la Segunda Guerra Mundial (Oriente Medio, los Balcanes,… todo procede de las dos guerras mundiales). Europa se ha suicidado con estos dos conflictos, antes era la “reina del mundo”.

Desde el punto de vista gráfico, los nazis acertaron (los uniformes, las banderas,… tenían un gran atractivo). Por ejemplo los uniformes los diseñaba Hugo Boss. Al perder la guerra, en vez de retirarse, siguen las directrices de un loco desde un búnker de cemento. Como esto no cabe en ninguna cabeza… creo que merece la pena estudiarlo.

Tras las preguntas de los alumnos, el resto del público plantea sus cuestiones al escritor y la charla continúa sobre variados temas: la desaparición de librerías, la crisis del sector, el Premio Planeta, el libro electrónico…

Son las once de la noche y hemos disfrutado de tres horas de clase de Literatura, Historia y humanidad. La noche cae tupidamente sobre el Parador y poco a poco se vacía el Salón que nos ha acogido. Las conversaciones continuan en el patio central donde, bajo la luz amarillenta de la luna, discurre levemente el agua del pozo central.

Por la mañana la resaca literaria se asemeja bastante a una ruptura amorosa: tras una noche llena de historia y de amor por las palabras y la literatura uno tiene el corazón levemente encogido. Al salir por la recepción y ver el cartel con las próximas Noches Literarias del Parador de Sigüenza (por el momento Lorenzo Silva y Juan Gómez Jurado se han sumado a la iniciativa) sentimos, de improviso, el suave pálpito de la vida. Y nos aferramos a la certeza de otros siete encuentros más hasta final de año.

Yo, de ustedes, no me lo perdería.

Fotos: Victoria Iglesias