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Un nuevo Marco Polo

Un nuevo Marco Polo

Como la vaga Edad Media en que transcurre, el momento exacto en el que alumbré esta novela se pierde en las brumas del tiempo. La literatura es un botín múltiple, decía Umbral, y creo recordar que al empezar Los reinos de Otrora quise ser Álvaro Cunqueiro, quise ser Italo Calvino, quise ser Joan Perucho, tal vez quise ser también J. R. R. Tolkien. Deseaba recrear un mundo por el que no había transitado literariamente hasta entonces y donde apareciesen guerreros, reyes y encantamientos, pero completamente alejado del género de espada y brujería.

"Los reinos de Otrora no sólo no es una novela histórica, aunque transcurra en un impreciso Medioevo, sino que ni siquiera los lugares que se citan en ella son reales"

Como regla general no me atrae la literatura de género, y por tanto tampoco leo novela histórica, salvo que rompa clichés. Los reinos de Otrora no sólo no es una novela histórica, aunque transcurra en un impreciso Medioevo, sino que ni siquiera los lugares que se citan en ella son reales. Iramiel, Baldrás, Isapán, Tesara, Xaor y Gabdí son topónimos tan ficticios como los países a los que nombran. Quise crear un terreno indefinido que me dejara completa libertad creativa. Los personajes principales, un huérfano y su sabio tío, tal vez tengan algo de Frodo y Gandalf, aunque creo que ahí acaba el parecido con la saga tolkieniana.

El escritor José Óscar López, uno de los primeros lectores de esta novela, la ha sentido ubicada en una “Edad Media tardía, bizantina y fabulosa” y la ha enclavado dentro de “la novela de viajes o peripecias de los Siglos de Oro españoles que, al mismo tiempo, incorpora esa idea de un Mediterráneo Oriental imaginado, fantaseado desde Occidente”. Es posible que las huellas de Marco Polo y tal vez las de Swift estén también aquí, aunque siempre a una insalvable distancia de los modelos.

"De nuevo transcurrieron los años y la novela quedó olvidada en un cajón, hasta que una relectura satisfactoria me hizo recuperar el interés por pulirla y darla a la imprenta"

La creación de este libro fue fragmentaria, algo que no me suele ocurrir al confeccionar novelas. En una primera fase escribí el exordio —donde se presentan el ambiente y los personajes—, los dos primeros episodios y el principio del tercero. Sufrí un desmayo creativo y dejé dormir el texto tal vez durante dos años, para acabar terminando ese tercer episodio y escribiendo otros dos más, llevado por un renovado impulso. Luego me dediqué a otros menesteres literarios. De nuevo transcurrieron los años y la novela quedó olvidada en un cajón, hasta que una relectura satisfactoria —ya desde la distancia— me hizo recuperar el interés por pulirla y darla a la imprenta.

En esa tercera fase de creación tuvo un papel crucial el director de Pez de Plata, Jorge Salvador Galindo, ya que desarrolló una labor de editor que superó ampliamente la de mero impresor, aproximándose al modo de trabajar de los editores anglosajones. Al libro le faltaba algo, y consiguió animarme a crear, años después de dar por terminada la primera versión, dos nuevos episodios y una coda o epílogo. Gracias a su capacidad de convicción Los reinos de Otrora ha quedado mucho mejor acabada, ya que estas nuevas piezas han permitido definir mejor los personajes y dejar la historia mejor cerrada.

Lo más probable (lo deseable) es que el lector vea la novela como un todo y no aprecie las costuras que, a lo largo del tiempo, llevó su confección.

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Autor: Manuel Moyano.  Título: Los reinos de Otrora. Editorial: Pez de Plata. Venta: Amazon y Fnac

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