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Otra Cataluña, de Sergio Vila-Sanjuán

Otra Cataluña, de Sergio Vila-Sanjuán

En Otra Cataluña el escritor y periodista cultural Sergio Vila-Sanjuán hace un repaso por la cultura catalana en castellano desde hace más de seis siglos. Zenda reproduce la introducción de este libro publicado por Planeta. 

 

INTRODUCCIÓN: ¿NO ES LO MISMO?

El 23 de abril de 1997, día de Sant Jordi, recorrí unas cuantas librerías barcelonesas con la intencion de captar el ambiente, de cara a un reportaje para La Vanguardia. En una de ellas, la Ona de Gran Vía, encontré al entonces presidente de la Generalitat Jordi Pujol y le pregunté por sus lecturas y sus planes de adquisición para la jornada. Me dijo que era un buen momento para comprar novelas, «porque el nivel de la narrativa catalana está muy alto». Y enumeró acto seguido una lista de autores en catalán, todos ellos, efectivamente, de primera categoría. No había señalado ningún escritor en castellano, y le recordé que un peso pesado de la narrativa barcelonesa, Eduardo Mendoza, había publicado hacía poco Una comedia ligera, una de sus obras más notables.

—No és el mateix —me replicó Pujol. Y pasó a otro tema sin más explicaciones.

No era lo mismo.

He dado algunas vueltas a lo largo de los años a esa frase. Mendoza, pese a su gran prestigio y a su lugar de nacimiento, no era lo mismo, a ojos del primer político catalán, que los autores que escribían en la otra lengua oficial del territorio. Como persona interesada en la historia de la cultura catalana, pero también como escritor, la respuesta del president me inquietaba. ¿La tradición literaria catalana en castellano no era tan buena como la otra? ¿No era tan catalana? ¿Pertenecía a una segunda categoría?

En realidad la distinción ya la había señalado claramente algunos años antes Xavier Bru de Sala, director general de Promoción Cultural de la Generalitat y por tanto alto cargo del gobierno de Pujol: las manifestaciones culturales en castellano «no pueden ser consideradas parte integrante de la cultura catalana por un nacionalista», puesto que son «fruto de una anormalidad y una excepcionalidad que no se deberían consolidar». Así lo había escrito Bru en un artículo en el diario Avui el 7 de noviembre de 1990.

Yo albergaba algunas dudas respecto a ese criterio de «excepcionalidad». Los nacionalistas solían esgrimirla a propósito de la innegable política represiva del franquismo sobre la lengua catalana. Escuchándoles, parecía que antes de 1939 la presencia cultural de la lengua catalana en Cataluña hubiera sido indiscutiblemente hegemónica.

Pero por la época en que mantuve mi conversación con el president en la librería Ona, yo empezaba a estudiar un poco a fondo la historia editorial de Barcelona. Acudía al local de la biblioteca Bergnes de las Casas, entonces un espacio autónomo cerca de la plaza Tetuán, y me empapaba de los estudios de Jordi Rubió, Josep Maria Madurell o el joven Philippe Castellano.

La historia de la edición me ponía de manifiesto que una industria cultural catalana determinante había sido, desde el siglo XVI, el libro en castellano. El bilingüismo excepcional de Bru de Sala se ampliaba muchos siglos a sus espaldas. Tantos que quizás se parecía sospechosamente a una constante.

¿Qué decir de los escritores catalanes en castellano? En las últimas décadas han surgido numerosos estudios sobre la cultura y la literatura del Principado, habitualmente desde los postulados del catalanismo o de la filología catalana, cuyo interés primordial radica en la producción en catalán y, por tanto —con las honrosas excepciones de rigor—, suelen minimizar o ignorar la otra. Sobre esa otra línea de producción cultural se ha cernido una incógnita. Columnistas y políticos, cuando se refieren al tema, la despachan con dos o tres nombres, repetidos una y otra vez. Un autor menor en catalán queda generalmente recogido, aunque sea en notas a pie de página, en las historias de la literatura catalana, pero un autor menor catalán en lengua castellana puede no aparecer ni en las historias de la literatura catalana ni en las de la española, donde la competencia es más encarnizada, aunque solo sea por una cuestión de ámbito geográfico.

El tema, a fin de cuentas, estaba por estudiar. Que yo sepa, solo un autor se propuso abordarlo de forma conjunta y con cierta enjundia: el periodista mallorquín Miquel dels Sants Oliver, quien llegó a ser codirector de La Vanguardia, en una serie de quince extensos artículos para este diario («Escritores catalanes en castellano»), que publicó entre el 4 de diciembre de 1909 y el 9 de abril de 1910. Han pasado casi ciento diez años.

Aunque únicamente fuera por el largo tiempo transcurrido, tocaba volver sobre la cuestión. Comentar la abundante producción cultural nueva surgida a partir de 1910, y a la vez revisar los descubrimientos, a menudo muy poco divulgados, que los investigadores han realizado sobre textos medievales, renacentistas y de la Edad Moderna a los que no tuvo acceso Oliver y que permanecían olvidados en los archivos y bibliotecas.

Se plantea también una cuestión de perspectiva. La aportación histórica anterior al siglo XX de los autores catalanes en castellano se ha valorado generalmente —las raras veces que se ha hecho— desde la perspectiva de los géneros literarios clásicos. Se analizaba la tradición de la novela o la poesía y se concluía que dicha aportación no era demasiado valiosa. Pero si lo hacemos hoy desde una perspectiva actual, atenta al ensayo, la historiografía, el periodismo o la «literatura del yo» (memorias, diarios, correspondencia); atenta también al impacto social, la difusión y el mercado del libro, el resultado es diferente. El desarrollo de la cultura catalana en castellano no debe valorarse únicamente respecto al conjunto de la cultura española, o por su peso en ella, sino en relación con la propia cultura catalana y lo que en ella ha representado. Entenderemos aquí cultura en dos de las acepciones que proponía recientemente el filósofo Javier Gomá en un sugerente ensayo: como creación (literaria, intelectual) y como producción o industria (editorial, periodística, audiovisual…).

Una puntualización personal. A lo largo de los años, como responsable del suplemento cultural de mayor difusión de Cataluña, me he cuidado de atender con la máxima atención la producción literaria en catalán, para lo que he tenido la fortuna de poder colaborar con varios de los mejores críticos en activo. Fui en su día el primero en sugerir (en público y también en privado, a quienes podían propiciarlo) que la literatura en catalán constituía una candidata idónea para el pabellón de invitados de la Feria del Libro de Frankfurt, sugerencia que prosperó y se materializó en el año 2007. He apoyado públicamente la propuesta de una Ley Española de Lenguas que mejore sustancialmente el apoyo y la visibilidad que las lenguas no castellanas reciben del Estado español, del que constituyen uno de sus mejores patrimonios.

También he estudiado anteriormente los puntos de confluencia entre las dos tradiciones literarias de Cataluña en mi trabajo periodístico de cuatro décadas, en libros como Crónicas culturales y Guia de la Fira de Frankfurt per a catalans no del tot orientats, y también, muy especialmente, en trabajos colectivos como Paseos por la Barcelona literaria (que dirigí junto a Sergi Dòria) o El palau dels humanistes. Impulsé decenas de actos que incluían a autores en ambas lenguas en el programa del Any del Llibre i la Lectura de Barcelona 2005, que comisarié.

Centrándome ahora en una sola de estas tradiciones, intento iluminar una línea de continuidad a menudo olvidada —o al menos muy difusa—, llamar la atención sobre personajes que han quedado en la sombra y, por supuesto, recordar y poner en valor hitos sin los que la cultura de Cataluña no puede comprenderse. No abordo el papel de las lenguas en la sociedad, sino específicamente en la producción cultural. Su relato es concomitante con muchos temas que no comento o solo menciono de pasada: la historia dinástica y política, la censura institucional o eclesiástica, el catalanismo y el anticatalanismo… A medida que nos acercamos a los tiempos presentes encontramos mucha más información, el contenido resulta más conocido, y por tanto me he visto obligado a ser más sintético. No se podía abordar todo, y este texto aspira a ser únicamente una crónica introductoria.

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Autor: Sergio Vila-Sanjuán. Título: Otra Cataluña. Editorial: Planeta. Venta: Amazon y Fnac