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¿Para qué hacer filosofía?

¿Para qué hacer filosofía?

Este libro no es un tratado ni un manual, sino una invitación lúcida y provocadora a repensar la confianza en tiempos de sospecha. A través de ideas y referencias culturales, el autor traza un mapa del pensamiento occidental que explica nuestro desencanto actual.

En este making of David Pastor Vico explica por qué escribió Filosofía para desconfiados (Ariel).

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Vivía en México, era funcionario de la Universidad Nacional Autónoma de México y me sometía sin remedio a su férrea disciplina administrativa. Al ser un puesto de confianza, tenía uno de esos preciosos “contratos de jornada y media”… Sí, ocho horas más cuatro, con una sustanciosa pausa para comer de dos horas que, obviamente y tratándose de Ciudad de México, no eran suficientes como para ir a casa a zampar y volver después al tajo. ¡Súmalo! Catorce horas en la oficina y, si le sumamos una horita bien despachada de ida y otra de vuelta, resulta que, de las veinticuatro horas que tiene el día, necesitaba dieciséis diarias, de lunes a viernes, para poder disfrutar de las otras ocho, esas que, según dicen los que saben, son las necesarias para dormir y poder rendir al día siguiente. Si la filosofía surge donde existe el ocio, según criterio de Aristóteles, estaba claro que, en estas condiciones, sería imposible hacer filosofía.

Las sensaciones eran estremecedoras. Había emigrado de España a México en busca de crecimiento profesional y lo único que sentía crecer era mi barriga y el tedio.

"Ya no recuerdo qué dije, pero sé que lo que fuera lo dije bien. Repartí hostias como panes y hasta mi jefe se llevó un buen refregón. Pero hice pensar a los asistentes"

Por fortuna, en algún momento hubo un giro de guion que, no por inesperado, fue pasado por alto. Entre las actividades de la rutina universitaria se me encargó dar un breve discurso, de no más de media hora, a los distintos responsables de actividades culturales de la UNAM, un monstruo de 380.000 alumnos. En la UNAM todo es dramáticamente grande, masivo. Por tanto, el número de aquellos que debían dinamizar culturalmente a aquel ejército de alumnos superaba el centenar, y eran solo los responsables primeros; cada cual, en lo particular, debía liderar a otros tantos subordinados.

La charla que me habían encargado debía ser inspiradora, motivacional y no sé cuántos lugares comunes más. ¿Y quién me iba a inspirar y a motivar a mí trabajando dieciséis horas diarias ante la pantalla de un ordenador? Pero aquella podía ser una buena oportunidad para dar un golpe en la mesa, para reivindicar el papel del filósofo en el engranaje universitario y, con un poco de suerte, sacarme de aquellas honduras administrativas que estaban desquiciándome.

"El curso siguiente fui designado para impartir las conferencias de nuevo ingreso a la UNAM a los alumnos de bachillerato y licenciatura"

Ya no recuerdo qué dije, pero sé que lo que fuera lo dije bien. Repartí hostias como panes y hasta mi jefe se llevó un buen refregón. Pero hice pensar a los asistentes. Los obligué a rememorar su época de estudiantes, sus miedos e ilusiones. El papel decisivo de sus compañeros en su propio autoconocimiento. Lo fundamental del asombro en el aprendizaje y el apoyo mutuo en los momentos más complicados, que siempre llegan en el peor momento, como aquellas lejanas nubes negras y amenazantes que, sin darnos cuenta, se instalan en nuestro interior y quieren poseerlo todo.

Sé que lo hice bien. Me había formado para hacerlo bien y así ocurrió.

Los días posteriores a aquel encuentro con los responsables culturales en Ciudad Universitaria fueron diferentes y decisivos. Muchos de aquellos solicitaron mis servicios. Querían charlas para sus alumnos sobre el uso y abuso de las redes sociales, sobre pensamiento crítico, sobre qué era ser universitario. Y la Dirección de Atención a la Comunidad Universitaria, donde fungía como coordinador de eventos especiales, me mandó a cubrir aquellas demandas por toda la ciudad y estados aledaños, a pesar de no poder atender ya a aquellas infinitas horas nalga. Ahora, lo excepcional era estar sentado frente al ordenador.

"Sin distribución alguna, los libros se vendían en mis conferencias. En poco más de un año y tras dos reimpresiones superamos los 3.300 libros vendidos"

El curso siguiente fui designado para impartir las conferencias de nuevo ingreso a la UNAM a los alumnos de bachillerato y licenciatura. Algo más de sesenta conferencias en menos de un mes y medio… así es trabajar en la máxima Casa de Estudios de México… un honor.

Y de todo aquel sinfín de experiencias salió Filosofía para desconfiados. Tardé dos vacaciones de verano, dos semanas santas y dos navidades en escribirlo. Seguía trabajando más de catorce horas diarias y tuve que hipotecar todo el tiempo de las vacaciones para escribir, porque Aristóteles tenía razón y solo del ocio puede surgir la filosofía.

El primer texto salió bajo el nombre La soledad de los pájaros y lo publicó la modesta editorial mexicana Un Olivo Ediciones. Sin distribución alguna, los libros se vendían en mis conferencias. En poco más de un año y tras dos reimpresiones superamos los 3.300 libros vendidos. Una auténtica locura para un texto filosófico sin distribución alguna.

Fue entonces cuando apareció Planeta México. Le cambiaron el título y lo renombraron, muy acertadamente, Filosofía para desconfiados. Mudó de pastas y de maquetación interior y salió al mercado en México en junio de 2019, con una tirada inicial de 10.000 ejemplares… México, siempre México, para sorprenderme.

"Un libro puede ser una herramienta muy útil para el lector. Pero para mí Filosofía para desconfiados fue una palanca que me ayudó a crecer, a ser más libre, a ser más útil y, por tanto, feliz"

Son varias y constantes las reimpresiones de este libro desde entonces y, tras él, llegaron Ética para desconfiados y Era de idiotas. Ambos textos ya disponibles también en España bajo el sello Ariel. Pero con la publicación en España de Filosofía para desconfiados tengo la sensación de que se cierra un ciclo necesario y trascendente en mi carrera.

Siempre supe que el texto necesitaba una pulida más, algo más de aquí y un poco menos de allá. Un glosario y alguna ayuda para docentes, porque la experiencia mexicana me ha demostrado que es un gran aliado para los profesores de secundaria y bachillerato, sobre todo como introducción a esa disciplina milenaria que, a veces, puede llegar a ser aburrida: la filosofía.

Un libro puede ser una herramienta muy útil para el lector. Pero para mí Filosofía para desconfiados fue una palanca que me ayudó a crecer, a ser más libre, a ser más útil y, por tanto, feliz.

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Autor: David Pastor Vico. Título: Filosofía para desconfiados. Editorial: Ariel. Venta: Todos tus libros.

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