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Pedro Salinas, una vida de novela

Este libro, publicado por Cátedra, no pretende ser una sim­ple biografía del poeta ni ofrecer un estudio crítico de las obras de Pedro Salinas, sino acercarse al hombre para entender mejor sus creacio­nes. 

Zenda ofrece a sus lectores la introducción a esta obra de Montserrat Escartín.

Introducción

¿Qué falta por decir de Pedro Salinas? Mucho. Tanto, que este libro es un intento de mostrar al hombre desconocido, acallado, oculto tras la aureola que supone ser el decano del grupo poético del 27. Después de treinta años estudiando la obra de este autor, editar sus creaciones conocidas o reconstruir las abandonadas, fijar de nuevo el texto de toda su poesía y descubrir 143 inéditos, hemos leído centenares de veces los manuscritos del poeta y ahondado en su epistolario hasta llegar a conocer por igual al hombre y al escritor. De hecho, cuando coincidíamos en un congreso con su hijo Jaime, este siempre se adelantaba a matizar: «Las preguntas sobre mi padre háganselas a Escartín, que de él sabe más que yo».

Bromas aparte, es cierto que tenemos mucha información del autor que no hemos podido publicar por las reticencias de su hija a mostrar ciertas facetas de su progenitor. Tras mencionar a quien fuera la amante de don Pedro en nuestra edición de su trilogía amorosa, Soledad Salinas nos prohibió que editáramos Largo lamento, y fueron necesarios meses y cartas argumentando el objetivo filológico del libro para que, finalmente, lo autorizase. No tuvo la misma suerte Jean Cross al publicar la biografía del escritor en 1982, obligada a silenciar este episodio de su vida, debiendo esperar al año 2004 para reescribirla e incorporarlo («conocía la existencia de la musa del poeta, pero ciertas susceptibilidades de la familia de Salinas me obligaron a omitir determinadas referencias —ya sean explícitas o indirectas— a esta fuente de inspiración»; «no me permitieron referirme a ella, ni siquiera oblicuamente»). Pese a que en 1999 se desclasificó el epistolario del mayor de los miembros del 27 a Katherine Whitmore y, en 2005, nosotros publicamos la reconstrucción de Largo lamento a ella dedicado, aún en 2012 el nieto del escritor colaboraba en una biografía de su abuelo omitiendo este episodio. Hoy, finalmente, cuando todos los implicados en la historia íntima de este intelectual ya no viven, es el momento de ofrecer una revisión de su historia a los estudiosos para que puedan entender mejor su obra, pues «lo que se vive, se sabe y se siente en grado intenso desemboca en poesía».

Aunque Salinas ha sido redescubierto por la crítica de los últimos años al publicarse inéditos de sus entrevistas, poesía, prosas, conferencias o epistolarios; haberse reconstruido parte de su biblioteca; editado una novela suya inacabada y escrito dos obras de ficción que recrean su peripecia sentimental; a día de hoy, el poeta no tiene un estudio actualizado donde se muestren al lector sus aspectos menos conocidos y el trasfondo de este gran tímido, porque existen «muchos don Pedros y hay muchas esquinas que doblar, muchos descubrimientos que hacer», según apunta su última biógrafa. Igual que Rimbaud aseguraba Yo es otro, nuestro hombre acepta ser otros y tener una personalidad múltiple. En este libro nos adentraremos en varias de sus facetas: la de esposo, padre, amante, profesor, intelectual, poeta, dramaturgo… para comprender la diversidad de sus voces creadoras, que se expresan en tonos diferentes, hasta el punto de poder aplicarle el mismo neologismo que él inventó para definir a García Lorca: muchipersona.

Por esta razón, el perfil versátil de nuestro autor ha motivado que la crítica le califique como «el español de más facetas y más variadas aptitudes del momento presente por su capacidad de expresión diferenciada que le permite cristalizar su mundo interno en poesía, teatro, novela, cuento, ensayo…». Aunque los salinistas han hablado de «la obra múltiple del escritor», del «creador múltiple», o de Salinas como «espíritu múltiple» por moverse en diferentes géneros literarios; no han ahondado, sin embargo, en el hombre con encontrados registros, escindido, en lucha, víctima de su falta de seguridad y de un profundo sentimiento de culpa. Ese es nuestro interés, pues tenemos la certeza de enfrentarnos a un escritor bifronte como Larra, Unamuno, Lorca o Hemingway: en apariencia muy sociable y conversador, respetado por sus cargos públicos, responsabilidades académicas y admirado como poeta, pero que —puertas adentro— ocultaba un yo inseguro, temeroso y dependiente, solo entrevisto por quienes le trataron de forma íntima.

En las páginas que siguen dejaremos que sea el mismo poeta quien hable con voz propia transcribiendo sus textos publicados, poco conocidos o inéditos (comedias, ensayos, poemas, apuntes de clase, proyectos teatrales o narrativos sin ultimar…) y, sobre todo, su correspondencia y la de aquellos que mejor le conocieron: su esposa, Margarita Bonmatí; su amante, Katherine Whitmore; su amigo íntimo, Jorge Guillén; o sus hijos, Jaime y Soledad Salinas. Elegimos sus epistolarios por ser «una fuente de primera mano para la indagación del devenir personal, biográfico del escritor madrileño», al decir de Enric Bou, y el ámbito donde mejor se expresa su multiplicidad, que él mismo reconoce definiéndose como: «Pedro Salinas (profesor), Pedro Salinas (colaborador), Salinas (amigo), Pedro (Pedro) […] y el poeta Salinas… Cinco personas, pues, en una sola», pluralidad que aflora en su obra («Yo no sé si soy proteico, polifacético, polígrafo […] pero por ahí debo andarme», «tan rápido es mi galopar sobre los géneros»).

Moreno Villa aseguraba: «las mejores biografías de los artistas son sus obras. En ellas están fijadas sus vidas, sin comentarios ni errores», parecer que Octavio Paz confirmó al calificar La realidad y el deseo (1936) de Luis Cernuda como «biografía espiritual, sucesión de momentos vividos y reflexión sobre esas experiencias vitales», al ser el tono confesional parte de su estilo, escribiendo siempre sobre sí mismo para descubrirse y ser reconocido. Algo similar le sucedía a Virginia Woolf, quien reconstruyó su existencia en las novelas que fue publicando, caso de Alfaro (1927); Orlando: una biografía (1928) o Las olas (1931), razón por la que Irene Chikiar optó por titular su estudio biográfico de la novelista: Virginia Woolf. La vida por escrito (2012). En la misma línea, García Marquez elegiría para su autobiografía un atractivo epígrafe: Vivir para contarla (2002), consciente de que el universo de sus relatos y novelas había nacido de episodios vividos en su infancia y juventud. Convencido de esta realidad, Salinas analiza la relación vida-obra de los autores que estudia —caso de Rubén Darío— reconociendo que es fácil confundir al hombre y al poeta «porque los dos andan juntos por este mundo, y hasta que la muerte los separa, enterrando al uno, ascendiendo al otro, es difícil distinguirlos».

Si biografía y escritura creativa parten del mismo material humano, es comprensible que la crítica señale que, para entender la poesía de don Pedro, se «necesita no perder jamás de vista la personalidad de quien la compuso», por ser la sustancia poética la sustancia de la propia vida y mundo interno del escritor; no en vano, «un poeta está en su poesía». La proyección de las vivencias de Salinas también afecta a su prosa dramática o narrativa, caso de Víspera del gozo, obra donde «la relación entre literatura y vida, y viceversa, […] vertebra el libro entero». Ya en su día, Katherine Whitmore confirmó esta tesis («sé que lo nuestro es la clave de casi todo lo que escribió de 1932 en adelante. Reconozco conversaciones, episodios, actitudes…»).

No solo ella, el mismo autor fue consciente de la posibilidad de estudiarse en sus creaciones cuando afirmaba: «para mí el arte y la vida son una misma cosa, y con la realización de la una ha de venir la realización del otro», a fin de extraer «de cada momento de la vida su íntima esencia espiritual, que es la verdadera». De hecho, nuestro hombre no duda en poetizar la existencia, hasta hacer de la literarización de la misma uno de sus rasgos estilísticos, convencido que las obras de ficción son un buen observatorio donde estudiar angustias u obsesiones, por «la naturaleza libresca de lo humano». Su conclusión no necesita comentarios —«los grandes libros y la vida no son cosa distinta»—, ni sus valoraciones de La voz a ti debida y Razón de amor, como ejemplos de experiencia vital puesta en palabras:

[…] me llena de gozo la fidelidad entre lo vivido y lo escrito. […] ¿Pero no es para ti, para mí, nuestro libro [La voz a ti debida], una maravillosa prueba de vida, no de poesía, en su más alta cima?

Dado que la vida y la obra del poeta del 27 son inseparables, nuestro ensayo intenta dar a conocer su universo íntimo. Así, al perfilar la cartografía de su personalidad, podremos obtener la imprescindible piedra de Rosetta para descifrar una producción literaria que él convirtió en retablo de vivencias. Después de haber estudiado en profundidad las creaciones de este gran escritor, podemos afirmar que leerlas es como hojear el diario íntimo que guarda las claves de su complejo universo. En sus páginas se muestran, como en Las Meninas de Velázquez, a figuras significativas de Salinas en el fondo del lienzo (no visibles pero reflejadas en un espejo), a las mujeres que retrata el artista en un primer plano y, tras ellas, al pintor.

Cuando se manejan los inéditos de don Pedro, se descubre a un ser que no siempre coincide con la figura descrita en los manuales de literatura; igual que el análisis de su epistolario nos ofrece un retrato íntimo que exige modificar la imagen que tenemos de este clásico del siglo XX. En ambos casos reconocemos «no a un nuevo Salinas, sino a uno con una voz complementaria de las voces ya conocidas»; en suma, al «otro que el escritor lleva consigo». Pese a la opinión que este autor despertaba («Exquisito, adorable, como siempre, con esa absoluta seguridad del perfecto»), algunos de sus alumnos ya intuyeron la fragilidad del hombre tras el porte del catedrático respetable, de «personalidad ciertamente singular y diferenciada».

En Goethe desde dentro, y otros ensayos, nuestro intelectual explica el título de su artículo después de preguntarse «¿Qué es un Goethe desde dentro?» y responder con las palabras de Ortega y Gasset cuando denunciaba que todos los estudiosos «trabajaron, dice Ortega, sobre Goethe, pero no por debajo de él». Ese dentro y debajo del artista es lo que le interesa a don Pedro para descubrir su verdad, que no se halla en la percepción que el personaje tenía de sí mismo, ni en las apreciaciones de los demás; sino dentro del drama vital que vivió dividido entre su verdadero yo y el mundo. Para conocerlo, señala el poeta del 27, «los biógrafos deberían determinar cuál es la vocación vital del biografiado, vocación que este acaso desconoció siempre».

Atendiendo a esta petición y analizando las confesiones de Salinas o las de sus seres queridos, viajaremos a los fondos del hombre para mostrar su división interna, miedos y falta de autoestima, que le obligaron a vivir esforzadamente tras el personaje, mientras se afanaba por descubrirse y mejorar. Contagiados de la búsqueda incesante que este intelectual llevó a cabo consigo mismo, hemos desvelado un trasfondo que nos permite presentar —junto a aspectos ya señalados por la crítica— algunas facetas suyas desconocidas pero muy presentes en su obra literaria; caso del sentimiento de culpa, un talante supersticioso ante el destino, la dependencia afectiva, una constante necesidad de aprobación y un gran temor a la muerte.

Nuestro libro no pretende elaborar una biografía al uso, ni ofrecer un nuevo estudio crítico de las obras de este gran escritor, sino acercarse a la interioridad del hombre para entender mejor su producción literaria. Aunque la crítica actual se aleja con razón del biografismo, en el caso de don Pedro creemos justificado proponer una excepción, igual que ya lo hiciera su alumno, Claudio Guillén, al estudiarle. ¿El motivo? Salinas odiaba la falsificación de la historia, convertir en mito a alguien que no lo fue y enmascarar la verdad —como denunció en su obra teatral Ella y sus fuentes, en la que se había convertido en heroína a alguien que no lo era—, por lo que hemos intentado mostrar al individuo auténtico tras la imagen que la crítica ha ofrecido de él para que pueda, como su personaje, «¡Irme con ella, escaparme de la historia, de mi historia…, de su historia…!».

El presente ensayo busca realizar una síntesis de todos los aspectos relacionados con el poeta del 27 para que el lector pueda encontrar un estudio actualizado y completo del personaje y su obra, teniendo en cuenta su dualidad (de ahí que cada capítulo se divida en dos apartados mostrando el haz y el envés de las distintas facetas analizadas): desde su biografía desconocida; su mundo sentimental; su necesidad de comunicarse dialogando; su obsesión por los epistolarios —en especial el dirigido a su amante—; su lucha entre la acción y el quietismo; su vertiente castiza y la cosmopolita; su posición como teórico de la lengua frente al de usuario del idioma; su oficio de profesor, conferenciante y ensayista frente a su pasión por fabular y ser poeta; además de un análisis de la presencia de la vida de don Pedro en su obra poética, narrativa, teatral y ensayística; así como un estudio del abundante número de inéditos dejados por el escritor en todos los géneros que cultivó.

El intelectual que estudiamos formula preguntas en sus versos que pocas veces responde, por lo que nuestro objetivo será contestar interrogantes a través de textos de este clásico del siglo xx: descubriendo al escritor tras sus personajes, en la línea de Pirandello. Preocupado igual que Unamuno por el conflicto de la personalidad entre el hombre íntimo y el público, Salinas entendió la vida como una representación teatral y escribió proyectándose en sus obras literarias como «un homónimo del autor, de un Pedro Salinas»; revelando una dualidad de la que se confiesa responsable: «Me veo preso en mis propias redes, víctima de mí mismo. […] Me enfado, pues, conmigo, pierdo la estima hacia mí, descubro un aspecto de mi persona que me desagrada y creo en mi alma una lucha: Pedro Salinas versus Pedro Salinas, cuyos efectos son desastrosos, porque yo pierdo siempre, sea quien sea el que venza».

Si se pretende descubrir quién fue en verdad este poeta admirable es obligado partir de un hecho decisivo: para él, la literatura y la vida fueron una misma cosa; razón que hace imprescindible adentrarse en su biografía para interpretar con propiedad sus versos, cuentos o dramas. Dado que la palabra escrita es la herramienta que facilita al hombre su conocimiento y la comprensión del mundo en que vive, nos serviremos de ella como brújula para llegar a su artífice. En su día, Joaquín Casalduero hizo un retrato de este autor analizando su obra. Hoy, nosotros haremos lo contrario para entender mejor sus creaciones literarias —en las que se reconocen vivencias, sentimientos o temores; pues «son muchos los dualismos que aparecen en la obra de Pedro Salinas»—; en suma, estudiaremos la vida del poeta del 27 y, para ello, es imprescindible volver a contarla.

Ante la disyuntiva de elegir la voz más autorizada para hacerlo, ninguna mejor que la de nuestro protagonista. De este modo será posible escuchar la verdad del hombre en sus cartas o en la desnuda confesión que volcó en textos inéditos, causa de que nunca llegaran a publicarse. ¿El motivo? Su timidez, autoexigencia, miedo y sentido de la responsabilidad. Cedámosle la palabra y dejemos que sea Salinas quien nos relate su historia, que se la cuente al lector, como él mismo parece desear: «¿a quién sino a ti voy a decir mis verdades? Acaso pierda ante tus ojos al confesarme así, débil, atormentado. No, no es ese el Pedro activo y enérgico que tú crees. Pero cómo te necesita este, todos los Pedros».

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Autor: Monserrat Escartín. Título: Pedro Salinas, una vida de novela. Editorial: Cátedra. Venta: Amazon

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