Pensar al aire libre

Habrá que volver a filosofar sobre el caminar, sobre el paseo en sintonía con el pensamiento, sobre la naturaleza, sobre la lectura y sobre la escritura, temas provocados por la lectura de varios libros. Los dos últimos, Filósofos de paseo y La sabiduría de lo incierto (hay bibliografía al final), han sido el punto de partida para recuperar el deseo de escritura que arranca de antiguas lecturas.

Aire libre
Si algo me gusta, es vivir.
ver mi cuerpo en la calle,
hablar contigo como un camarada,
mirar escaparates
y, sobre todo, sonreír de lejos
a los árboles…

(Fragmento del poema de Blas de Otero «Aire libre»)

Tengo
Hoy no ha sío el día más tranquilo de mi vía,
me he levantao tarde y he comío mal,
he salío a la calle y no encontrao ná,
he cabilao mucho: pensar, pensar, pensar.
Y tó por culpa de tanta gente que me da tanta pena,
que buscan problemas en cualquier tema, y me marean,
me despistan, me bloquean,
me envuelven en un rollo que ya no hay quién se lo crea.

(Fragmento de la canción de Pastora «Tengo»)

Ya el siglo XX comenzó dando muestras de una gran agitación que no ha hecho más que avanzar inexorablemente hasta este momento en el que la sociedad global ha enfermado como si fuera un juego de rol fatídico. Las preguntas que siempre le han correspondido a la filosofía deberían empezar a trasladarse al sentido común de una gran parte de la humanidad que no sabe qué camino tomar en circunstancias tan inquietantes. De nada vale ahora preguntarnos de dónde venimos y adónde vamos porque, por ahí, el camino se hace enrevesadamente tortuoso por la variedad de propuestas distintas que suelen desembocar en vacíos existenciales, a no ser que se tenga bien claro el argumento ontológico sobre la existencia de Dios. Pero sí puede ser este un buen momento para repensar las ideas que cada cual carga en su mochila; dejar ya de vivir como si nada malo pudiera ocurrirnos y entrar de lleno en la duda. Ojalá todo esto pudiera servir para celebrar la caída de los profesionales de la opinión (que no quiebran la confianza en sí mismos ni siquiera cuando se les enfrenta una opción contraria, bien fundamentada), y buscar un renovado sentido crítico en cabezas bien amuebladas (antes los llamábamos intelectuales, incluso comprometidos) que sepan utilizar argumentos para desarrollar sus ideas.

Emmanuel Kant. ©Filosofía&Co.

"Debería ser la hora de la reflexión. Juguemos a ser peripatéticos, o no, y regresemos a la filosofía"

Nietzsche encontraba en el paseo una forma de salir de la rutina, y muchos otros filósofos encontraron en el caminar la manera de aligerar la vida. Ramón del Castillo recuerda a Frédéric Gros y su Andar: Una filosofía, a Hegel, Wittgenstein, Adorno… y así, sentado en un jardín, escribió que recordó “que la repulsión existencial que describió Sartre tenía lugar en un jardín”. Volvió a leer La náusea y encontró lo que no le enseñaron “a percibir cuando estudiaba filosofía”.

“Caminar es una apertura al mundo que invita a la humildad y al goce ávido del instante (…). Andar nos predispone para la metamorfosis de nuestra mirada sobre el mundo”, recoge Del Castillo en Elogio del caminar, de Le Breton.

En su libro Filósofos de paseo, Ramón del Castillo da cuenta de muchos filósofos y escritores que saben airearse, desde Kant a Hegel, en el capítulo “Pensadores al aire libre”; de Heidegger en “Sendas prohibidas”, de John Fowles, de Robert Walser… En la introducción nos invita a entrar en dos libros importantes, en “el periodo que Eilenberger ha llamado recientemente Tiempo de magos, y recordarnos “por qué El árbol es un libro que me dejó en el sitio”.

Debería ser la hora de la reflexión. Juguemos a ser peripatéticos, o no, y regresemos a la filosofía: Contra el relativismo y el pragmatismo, la búsqueda de la verdad.

 

Bibliografía:

Filósofos de paseo. Ramón del Castillo (Turner).
– El jardín de los delirios: Las ilusiones del naturalismo. (Turner).

Tiempo de magos: La gran década de la filosofía 1919-1929. Wolfram Eilenberger. (Taurus). Traductor: Joaquín Chamorro Mielke.

La sabiduría de lo incierto: Lectura y condición humana. Joan-Carles Mélich (Tusquets).

El árbol: Un ensayo sobre la naturaleza. John Fowles (Impedimenta) Traducido por Pilar Adón.

Las meditaciones de un paseante solitario. Jean-Jacques Rousseau (Tecnos). Traductores: Menene Gras Balaguer y Sebastián Martín Martín.

Caminar. William Hazlitt y R.L. Stevenson (Nórdica Libros). Ilustraciones: Juan Palomino; traducción: Enrique Maldonado Roldán.

¿Estamos a tiempo? John Berger y Selçuk Demirel (Nórdica Libros) Edición de Maria Nadotti. Traducción de Pilar Vázquez.

Nietzsche: Biografía de su pensamiento. Rüdiger Safranski (Tusquets) Traducción de Raúl Gabás.

Así habló Zaratustra. Friedrich Nietzsche (Alianza editorial). Traducción: Andrés Sánchez Pascual.

La náusea. Jean-Paul Sartre (Alianza editorial). Traducción de Aurora Bernárdez.

Intermezzo lírico. Heinrich Heine. (Hiperión) edición bilingüe. Versión española de Jesús Munárriz.

Elogio del caminar. Le Breton (Siruela) Traducción: Hugo Castignani.

Si la naturaleza en la respuesta, ¿cuál es la pregunta?, “y otros quinientos pensamientos sobre la incertidumbre”. Jorge Wagensberg (Tusquets, colección Metatemas).

Walden. Henry David Thoreau (Errata Naturae) Traductor: Marcos Navas.

La séptima función del lenguaje. Laurent Binet (Seix Barral). Traducción de Adolfo García Ortega.

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