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Ojalá fueran malvados

No se equivoquen con ellos. No son malvados. No adornemos con la palabra maldad lo que sólo es estupidez. Es cierto que a veces resulta difícil diferenciar a un tonto de un malvado, pues hay malos absolutamente idiotas; pero basta con escuchar las palabras, fijarse en los gestos y ademanes, detenerse en las miradas. Estudiar argumentos, propósitos, conclusiones. En los casos más brillantes de maldad, serlo exige una capacidad intelectual de la que los imbéciles comunes carecen. Y éstos a los que me refiero son sólo políticos mediocres sin preparación ni sentido del ridículo. Analfabetos a los que el azar, el esperpento de un país asombroso como es España, sitúan en puestos que les permiten tomar decisiones tan limitadas, tan estólidas, tan miserables como su propia altura.

No es verdad, pese a lo que sostiene gente docta, que haya una conspiración contra las Humanidades: contra la enseñanza de la historia, la filosofía, la literatura, el griego, el latín y todo cuanto supone cimiento cultural de la tres veces milenaria cultura occidental. Si el actual gobierno español, perseverando en la demolición emprendida por anteriores gobiernos mediante sus respectivos ministros y ministras de Educación –de Maravall y Solana a Wert y Celaá, y tiro porque me toca–, sostiene una reforma que liquida la enseñanza de la filosofía, el griego y el latín, borra parte de la historia española y universal, y disloca la cronología de lo que estudian los alumnos, es porque la herencia cultural europea en general, y la española en particular, se contradicen con esa papilla descremada y pasteurizada, fruto de una peligrosa deriva de la psicopedagogía –disciplina muy útil cuando no se pretende convertirla en árbitro supremo e inapelable–, que en su faceta más perversa abunda en equilibrios afectivos, emociones participativas y otras gilipolleces que tanto entusiasman a los departamentos de Educación, pues hasta el ministro más torpe, el político más ágrafo, el demagogo más ignorante, el cateto más simple, pueden cacarearlas aparentando saber de qué hablan.

Una y otra vez, el gobierno, o los sucesivos gobiernos, se pasan por el forro de leyes y decretos las advertencias y protestas, no sólo de educadores cualificados, sino de las Academias y otras instituciones vinculadas al cuidado y enseñanza de las Humanidades. La contradicción es que, mientras los responsables del disparate sostienen que los alumnos de bachillerato deben acabar capacitados para interrogar el mundo de modo crítico, les niegan al mismo tiempo la panoplia de herramientas defensivas, los conocimientos básicos para entender el desarrollo y antecedentes de la sociedad en que viven; con el detalle siniestro de que, al hurtar los hechos, además del pensamiento y la cronología necesarios para situarlos –estudiar fechas es educación fascista, han llegado a decir–, los dejan inermes frente al revisionismo histórico, la manipulación partidista, demagógica y populista de un pasado sin el que es imposible entender el presente: el Mediterráneo, Grecia, Roma, el Islam, el papel del cristianismo en la formación de Occidente, la Ilustración, los Derechos Humanos y todo eso. Cancelando, como se dice ahora, a Homero, a Platón, a Virgilio, a Cervantes, a Montaigne, a Voltaire, a Kant, esos canallas irresponsables fabrican huérfanos a merced del primero que llega y dice que es su padre. La Historia según Maquiavelo, como instrumento de la política. Y eso ocurre, paradójicamente, en un momento en que mayor es la demanda social –hartazgo de basura, manipulación y versiones interesadas– de libros, películas, relatos. De historia, en fin. O sea, justo cuando más se reclama. Se necesita.

Y seamos ecuánimes, porque no es sólo el gobierno de Pedro Sánchez. Aquí no hay inocentes. El Pepé de Pablo Casado y del antiguo presidente Mariano Rajoy –que no visitó la Real Academia Española ni la de la Historia en sus dos legislaturas–, tan culpable en el pasado como otros lo son ahora, lo único que defiende es la titularidad de los colegios y la educación concertada. O sea, su eterno y mezquino qué hay de lo mío. Y para qué hablar de los caciques de cada taifa. Nadie es ajeno a esa siniestra inclinación a llenarse la boca con dotar a los jóvenes de mecanismos para afrontar los problemas del mundo –un mundo donde al humanismo lo sustituye hoy un cursi humanitarismo– mientras privan a esos jóvenes de conocimientos con los que sus problemas serían solucionables o, al menos, comprensibles. La verdadera educación es poner una Odisea, una Biblia, un Bernal Díaz del Castillo o un Quijote en manos de un chico del barrio de Salamanca igual que en las de uno de Villaverde Bajo. Lo otro son milongas.

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Publicado el 19 de febrero de 2022 en XL Semanal.

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David Sepúlveda Pérez
David Sepúlveda Pérez
4 meses hace

Todas y cada una de sus palabras se aplican en mi pobre Chile, cambiando solo los nombres de los involucrados y del lugar. La misma fanfarria de descerebrados destruyendo la Historia a pretexto de «contarla de nuevo», aplastando las Ciencias y la Literatura porque «eso es cosa de élites»: ya no se lee El Quijote en las escuelas de mi patria, ni menos El Poema del Mio Cid ¡Ni siquiera a Neruda!
Mi pobre Chile, donde cada dos generaciones más o menos -Y producto de la ignorancia de la Historia, precisamente- una carnicería se desata porque simplemente no se aguanta a los imbéciles que gobiernan. Pero a la siguiente generación ya se les alzan estatuas y se olvidan las razones de su defenestración… Para que la siguiente demuela todo lo que mal construyeron los anteriores. Y así.
Hoy tenemos una «Convención Constituyente» donde se canta -Mal, pero se canta- se grita, cacarea, maúlla, ladra, muge, barrita, berrea, relincha y, a veces, se habla. (Rara vez en Castellano).
Incluso se hace callar a los que protestan por los disturbios que hay en las calles con el argumento siguiente: «Ud. se está refiriendo a ciudadanas y ciudadanos de nuestro país que están ejerciendo su derecho a manifestarse como delincuentes». Textual. En Actas… pero no para la Historia, porque seguramente la falsificarán.
En todas partes se cuecen habas, don Arturo… pero el problema es que nosotros somos las habas, al parecer.

Roberto Ferraro
Roberto Ferraro
4 meses hace

Una corrección ortográfica: aunque es optativo acentuar los pronombres demostrativos, los adjetivos demostrativos no se acentúan. En la frase “estos a los que me refiero”, “estos” funciona como adjetivo, aunque detrás no se siga de un nombre, pero sí de un conjunto que funciona como sustantivo (“a los que me refiero”). Saludos.

Antonio
Antonio
4 meses hace

No se si son malvados o idiotas, pero de lo que estoy seguro es de su vocación de vivir atornillados al sillón institucional, truene o llueva. Sus acciones cobran sentido, una vez las interpretamos a la luz de su feroz egoísmo ¿Lo que está de moda y genera visitas en vídeos en Tik-Tok es el sentimentalismo más pedestre? ¡A ese barco que nos subimos! Tener sentido de estado exigiría de parte de esta gente un acto de generosidad que no están dispuestos a hacer ¡Qué la vida sin poltrona no es vida!

Aurora
Aurora
1 mes hace
Responder a  Antonio

Por desgracia, difiero de la opinión de ese artículo de Pérez-Reverte:
Creo, con todos mis respetos, que le falta el conocimiento de lo que son
“las personalidades psicopáticas (= maquiavélicos, narcisistas extremos, otros manipuladores) y de los “psicópatas integrados” (=leer/escuchar canal YouTube de Iñaki Piñuel y Zabala).

Pepe Cuervo
Pepe Cuervo
4 meses hace

Es tedioso comentar lo que es obvio, lo que está claro es que los españoles tenemos lo que nos hemos buscado, somos tan catetos y miserables como esos a los que votamos. Vergüenza ajena da ver cuando preguntan a los jóvenes quien fue por ejemplo Miguel Angel Blanco y que casi ninguno lo sepa, como vi en un vídeo hace poco. Esto es lo de sálvese quien pueda. Intentaré que los míos se eduquen de otra forma, pero en la calle, por osmosis se empapan de la mediocridad que impera, entre una gran mayoría de jóvenes, los que se suponen que son el futuro, si además incluimos a los que llegan en patera, entonces el panorama cultural se va al carajo.

Pepehillo
Pepehillo
4 meses hace

En el siglo XIX, la burguesía quería parecerse a la aristocracia, sobre todo en los gustos y la educación. Después, todo fue igualado por abajo y la propia ‘cultura’ se ha dedicado a mofarse de todo lo que sobresalía un poco, sobre todo de las instituciones que protegían, mal que bien, la transmisión (traditio) de lo que se había conseguido y los retoños de lo que pudiera conseguirse. Pero no, había que destruirlo todo. Trabajar y evadirse, evadirse y trabajar, no queda nada más. ¿De qué nos quejamos?

Pepehillo
Pepehillo
4 meses hace

Claro que son malos. No nos engañemos por las apariencias. La última fibra de la soberbia -pasión diabólica por antonomasia- es la estupidez. No hace falta leer a los clásicos del cristianismo. Las pasiones y las virtudes tienen formas muy claras, pero es una ciencia antigua que temo está casi extinguida.

J. Carlos
J. Carlos
4 meses hace

Todos somos causa de ello.

Como ejemplo la manifestación del pasado día 16 en Murcia, los de derechas se pasean y suben a tractores, los de izquierdas acompañan distraídos a las masas. Y me pregunto, contra quien se manifiestan los campesinos, si todos los partidos políticos están y apoyan la mani? Seguro que te dará para un articulo puntiagudo. Saludos.

Sergio
Sergio
4 meses hace

Decadencia pura hasta que todo colapse y a la fuerza tengamos que volver a hacer las cosas bien.

Juanjo Ruiz
Juanjo Ruiz
4 meses hace

Asumo que mal de muchos consuelo de tontos y desde esa condición recuerdo haber leído hace unas semanas que en el Estado de California se está jugando con la idea de eliminar las notas del currículo escolar porque «es discriminatorio».

Tranquilo, don Arturo; por el camino que vamos tiene materia para sus columnas durante ene reencarnaciones.

fer
fer
4 meses hace

Solo quieren analfabetos y muertos de hambre a los que poder comprar el voto por unas migajas.

Francois Gerlotto
Francois Gerlotto
4 meses hace

Una historia personal que describe lo que Ud dice. Cuando mi Instituto decidio mandarme a Venezuela de cooperacion (disculpe por los acentos, que tengo un teclado francés que no los tiene) con la Fundacion La Salle, me inscribio en un curso intensivo de español de un mes. No para saber el español, sino por ser capaz de ir aprendiendolo en el pais. Pregunté a los profesores (en Besançon) si esto funcionaba bien y si habian tenido fracasos. Me contestaron que en general iba muy bien, pero que si sufrieron un fracaso total con un ingeniero que la firma Peugeot mandaba a Argentina para abrir una cadena de construccion de no se que modelo. Era un tipo con mucha capacidad intelectual, pero que se subio por la via “interna” de Peugeot, es decir aprentiz, obrero, contramaestre, ingeniero etc. Pues un tipo que no habia tenido la posibilidad de seguir estudios “clasicos”, y que por lo tanto no tenia idea de lo que era un idioma, empezando por el suyo. Por no saber nada de la estructura de su proprio idioma resulto incapaz de entender un idioma extranjero y mas aun de aprenderlo. Exactamente lo que dice Ud, Don Arturo: sin bases solidas, no se puede crear nada. Y, no se si es un consuelo, pero esta enfermedad se extiende a toda Europa (al menos), y en Francia seguimos la misma ruta que en España.

Hector J. Djivaris
4 meses hace

Por estos barrios pasa lo mismo o peor . Hace rato que me suena , que estamos como anclados en un barro del tipo » Mayo Frances cultural «

Adrian Renteria
Adrian Renteria
4 meses hace

España como Italia, y ambos como México y muchos otros paìses màs. Formar estùpidos conformistas, no porque carezcan de intelecto sino dòciles y manejables por falta de instrumentos

Ricarrob
Ricarrob
4 meses hace

En España, la gestión de la educación por los políticos, verguenza nacional es. Para los unos (sin hache, pero la podría haber puesto con hache) mierda de educación, educación buenista, educación posmoderna, educación de la posverdad, para todos desean. Para los otros, educación de élite para unos pocos, poquísimos y educación de mierda, educación wertiana, para el resto desean. Malditos sean todos ya que la educación es el pilar en el que se sustenta el futuro, y el presente. Y, a los malos ministros de educación, que lo son todos, se les premia con prebendas (vease Wert), en lugar de guillotinarlos (de forma figurada, claro). Así que, don Arturo, lleva usted toda la razón y se ha quedado usted corto en soltar improperios, invectivas, sobre ese rebaño. Si yo fuera chino o ruso y quisiera crear, para un futuro, a esclavos en el resto del mundo, contrataría a estos ineptos para aculturar a Occidente. En España el enemigo siempre está dentro… y es imbécil.
Y, tengo que añadir, no puedo por menos, ¿se imaginan a que ministro de educacion podría nombrar, si le dejamos, el ínclito Casado? ¿A Egea? ¿Se imaginan de ministra de educación a la Montero? Quizás todavía nos quede por ver un mayor deterioro de la educacion en este país.
El problema, don Arturo, son las estructuras de los partidos. Están creados para que el más imbécil, dentro de los disponibles, llegue a la jefatura, todo por intereses, amiguismos, clientelismos, etc. No por liderazgo, inteligencia, bonhomía, capacidad organizativa, experiencia… Así, llegan al poder del estado, abogadillos sin causa, registradores de la propiedad, funcionarietes del partido, etc. Y, si los que llegan son estos indocumentados, ¿A quién nombran para que no les hagan sombra?

Basurillas
Basurillas
4 meses hace

La cosa está bien clara: o impedimos que los políticos partidistas sigan jugando con la educación y la enseñanza o, al final, la (mala) educación terminará con la política; y todos acabaremos con el brazo o el puño en alto. Ambas cosas igual de horribles, pero que parece el final al que nos vemos abocados en la presente situación.

Janos
Janos
4 meses hace

Lo ha dicho usté mas de una vez en esta página: sin victimas cómplices, no existen criminales impunes. Somos tambien padres que no quieren oir que su hijo no se esfuerza. Profesores que atribuyen al TDA su apatía o pereza. Una sociedad que idolatra el éxito antes de los treinta, antes que el tesón y la excelencia. Son nuestros políticos. Nuestros. Nuestros alumnos. Nuestros. Nuestros padres y madres y nuestras noticias de las tres. No se de qué se queja, Don Arturo. Somos nosotros. Todos. Et tu quoque, fili mi

Adrián P.
Adrián P.
4 meses hace

No deja de sorprender (y de desazonar) leer las opiniones sobre educación de muchos de los intelectuales españoles. Simplificaciones tales como que la educación consiste en poner la Odisea en manos de un adolescente no ayudan en absoluto a comprender la magnitud de un problema de tamaña envergadura. Imagino que además de poner en sus manos la obra maestra, el autor del artículo contará con que el alumno deberá leerlo y comprenderlo. Para lo primero tal vez baste una ley de educación, pero para los otras dos supuestos hace falta mucho más que eso. Y por mucho que nos empeñemos en echarle la culpa al mediocre nivel de los políticos, cosa que nadie duda, la realidad es que el problema atañe a profesores, padres y madres, intelectuales, instituciones, políticos y en definitiva, a la sociedad entera. No nos engañemos, los políticos no son el problema (al menos no el único ni el más grave) ni serán la solución. Desgraciadamente, sigue dando la sensación de que la realidad de un aula en Villaverde en 2022 es bastante desconocida para los diputados del congreso o los miembros de la Real Academia.
Después de cientos de conversaciones con compañeros de la profesión (soy profesor de secundaria) de todas las tendencias posibles no conozco a nadie que tenga la solución al problema (a los problemas, mejor dicho) educativo en España, pero sí creo que cualquiera con un mínimo de sensibilidad podrá entender que no es una cuestión de leyes educativas o de mediocridad política sino del valor que la sociedad le da a la educación.

Mariano
Mariano
3 meses hace

Hace unos días hizo mi mujer un comentario sobre la Guerra Civil a una compañera de trabajo, una joven. La chica no sabía de qué le estaba hablando…