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Philo Vance sabe que la lluvia en Sevilla…

Philo Vance sabe que la lluvia en Sevilla…

María Robledano y J. Egido, traductora y editor de esta nueva aventura de Philo Vance, su quinto caso como detective, introducen esta novela que se desarrolla entre la bruma de un ambiente enrarecido por momias, dioses, sarcófagos y amuletos.

Zenda reproduce el prólogo a esta obra.

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… es una auténtica maravilla. Veintiocho años después de haber interpretado en 1936, por primera y única vez, al pedante detective neoyorquino Philo Vance (The Scarab Murder Case, de Michael Hankinson) el actor británico Wilfrid Hyde-White daba la réplica a Rex Harrison en My Fair Lady (1964) ante Audrey Hepburn, que en la versión española aprendía a pronunciar ante ambos la «ll», cantando la alegría que produce la pluviosidad en la capital andaluza. Hyde-White relevó a los 33 años a William Powell, que había hecho de Vance en tres ocasiones para la Paramount y otra más para la Warner Bros.

Lamentablemente no es posible comparar las interpretaciones de estos dos actores, porque la cinta sobre El caso del asesinato del escarabajo se ha perdido y figura en la lista de los setenta y cinco títulos más buscados por el British Film Institute, junto a otros como The Man Behind the Mask (1936), del gran Michael Powell, o The Golden Madonna (1949), de Ladislao Vajda, que arrasaría seis años después en España con su éxito Marcelino pan y vino (1955). De Vajda es también uno de los títulos más importantes del cine policíaco internacional, El cebo, coproducción hispano-suiza de 1958.

En cuanto a Michael Hankinson, el director de El caso del asesinato del escarabajo, se sabe que fue un guionista, montador y director de cine británico que durante la Segunda Guerra Mundial dirigió varios documentales. Eso sí, no era ajeno al género policíaco, porque el mismo año en el que rodó la película de Philo Vance dirigió también para la misma productora, la Paramount británica, Ticket of Leave (1936), un interesante thriller protagonizado por Dorothy Boyd, John Clements y George Merritt en el que una mujer se alía con el ladrón que ha robado en su piso para perpetrar un nuevo golpe.

El caso del asesinato del escarabajo (1930), la quinta novela de Philo Vance publicada por S. S. Van Dine, seudónimo del crítico y novelista Willard Huntington Wright (1889-1920), fue criticada por el exceso de suspense retórico que despliega el protagonista antes de resolver el crimen, que en esta ocasión tiene lugar en un pequeño museo  de arte egipcio de Nueva York, entre momias, sarcófagos y maleficios propios de los dioses que ayudaban a los faraones en la ardua tarea de embarcarse para dar el paso al otro lado de la vida.

Philo Vance se mueve en ese ambiente como pez en el agua, haciendo gala de su culto bagaje intelectual y de una pedantería sofisticada muy alejada de la sociedad campechana que parece imponerse en el crimen actual, con burdas manadas y asesinos toscos, que emplean herramientas de quincallería para acabar con sus víctimas, como armas de fuego y cuchillería varia.

Los crímenes que resuelve Philo Vance siempre son asunto entre caballeros, aunque esos sujetos encorbatados, que fuman en pipa o cigarrillos egipcios, sean depositarios de una maldad de hijos de mala madre. Ese espíritu caballeresco, perdido por el avance de los tiempos y las comunicaciones, se resume en la dedicatoria a su hijo con que Henry Ride Haggard abrió su novela Allan Quatermain en 1887 y que Van Dine reproduce en nota a pie de página en uno de los últimos capítulos de esta novela  para describir el seny inglés: la «condición» y «dignidad» de caballero.

En esta quinta entrega de las aventuras de Philo Vance —no hay quinto malo, dicen los taurinos—, Benjamin H. Kyle, caballero filántropo, financiador de las expediciones a Egipto del doctor Mindrum W. C. Bliss, es asesinado al comienzo del libro con una estatua de diorita que representa a Sekhmet, vengativa divinidad que favorece la muerte protegiendo a los buenos y aniquilando a los débiles.

Todas las pruebas apuntan en la misma dirección y hay tantas y son tan claras que a Philo Vance le llevan a sospechar en un complot para culpar a un inocente y dejar libre al culpable. Con el apoyo de su amigo el fiscal del distrito de Nueva York, John F.-X. Markham, y del sargento Ernest Heath, del Departamento de Homicidios, que actúa como auténtico Sancho Panza juicioso y tosco en sus consideraciones, Vance retará al asesino a un duelo psicológico que no será resuelto hasta las últimas páginas.

Entre los sospechosos, además de Bliss, figuran su mujer, la bella egipcia Meryt-Amen; el joven Robert Salveter, ayudante de Bliss y sobrino del finado; Donald Scarlett, caballero egiptólogo inglés amigo de Vance, y el misterioso criado egipcio de la familia Bliss, Anûpu Hani, que sin duda sirvió de inspiración a Boris Karloff  para dar vida al sacerdote Im-hotep en la película La momia (1932), de Karl Freund. La agudeza mental del detective aficionado descubrirá al asesino en solo dos días, corto espacio en el que también le dará tiempo a visitar una exposición de Paul Gauguin en Wildenstein’s y asistir a un concierto del Septeto de Beethoven en el Carnegie Hall.

A una mente tan intensa e intelectual como la de Vance nada podría hacerle disfrutar más que resolver un crimen relacionado con tantos jeroglíficos.

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Autor: S. S. Van Dine. Título: El caso del asesinato del escarabajo. Traducción: María Robledano. Editorial: Reino de Cordelia. Venta: Todostuslibros y Amazon

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