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Pidiendo la palabra

«Pese a vivir muy juntos, a veces mezclados, en una tierra muy pequeña, los israelíes y los palestinos no se conocen». En esta brecha, entre la proximidad y la distancia, se asienta Palestina, la tierra estrecha: Crónicas de la ocupación israelí, obra escrita por Beatriz Lecumberri y publicada por Big Sur en abril de 2025. Este impactante relato —tejido a partir de la intersección de voces conocidas y anónimas, casos, datos y noticias— nace de la necesidad de su autora de preguntarse quién es el otro y, más aún, de la urgencia de escuchar.

Beatriz Lecumberri (1973) cuenta con una extensa trayectoria en la cobertura de conflictos internacionales y ha informado desde Oriente Medio de episodios como la guerra de Irak en 2003; desde 2002, desarrolla además de manera continuada su actividad en Israel y Palestina. En La tierra estrecha la autora articula en diez capítulos la red de voces de un conflicto al que asistimos en directo y que devuelve el protagonismo a aquellos que viven cuanto sucede, y no a quienes lejana y ajenamente lo relatan. Desde la escucha atenta, Lecumberri se formula una pregunta que ha quedado en los márgenes del debate público: ¿cómo era la vida en la Franja de Gaza, en Cisjordania o en Jerusalén antes del fatídico 7 de octubre de 2023?

«De lo que no se habla es como si no existiera»

En 2021, el documental Condenadas en Gaza, codirigido por la autora junto a Ana Alba, visibilizaba la dramática situación de miles de mujeres con diagnóstico de cáncer de mama en la Franja de Gaza. En él, Nivín, una mujer gazatí de 42 años, denunciaba las enormes dificultades que afrontaban las mujeres con cáncer para salir de la Franja desde el bloqueo impuesto en 2007 y acceder a tratamientos disponibles a escasos kilómetros. En La tierra estrecha, Nivín reaparece retratada como una mujer exhausta: llevaba ya ocho años esperando los permisos necesarios para abandonar la Franja y recibir atención médica. Lecumberri recopila numerosos casos de enfermos —ancianos, mujeres y niños— obligados a sacudirse la sospecha permanente si querían acceder a tratamientos que les permitieran sobrevivir, acompañar a sus hijos en sesiones de quimioterapia o, simplemente, recibir atención médica. Quienes nunca formarán parte del balance oficial de víctimas debían demostrar, por encima de cualquier gesto de humanidad, que no eran culpables. Incluso se denegó el traslado de maquinaria para crear unidades de radioterapia en los hospitales de la Franja, bajo el argumento de que podría tener un uso militar.

"Una de las principales virtudes de esta obra reside en su capacidad para, en medio del ruido, devolver voz y nombre tanto a quienes hicieron posible como a quienes padecieron la situación que terminó por estallar en octubre de 2023"

Se estrellan contra la frontera, el checkpoint, el muro: un espacio que recibe una atención privilegiada en la narración de los eventos porque, como se refleja, configura las condiciones mismas de la vida y la estrechez de unas tierras progresivamente menguantes. El relato de quienes habitan a uno y otro lado ofrece una lección sobre las consecuencias dramáticas de las llamadas «fronteras fuertes», que, por otra parte, tenían en la Franja y, en otras zonas, como Cisjordania, un carácter móvil.

El primer bastión es el de los outposts, avanzadillas o pequeñas colonias establecidas en territorio palestino sin autorización del Gobierno israelí. Con el paso del tiempo, sin embargo, las construcciones improvisadas se transforman en viviendas permanentes: llega el agua corriente, se consolida la infraestructura y se garantiza la protección militar. En uno de estos enclaves se entrevista a Noam Cohen, que se enorgullece de no portar armas. Cree que el lugar que ocupa le pertenece, que su presencia es un bien tanto para sí mismo como para la comunidad, y afirma seguir soñando. Avi Zimmerman, residente de la colonia de Ariel, situada en Cisjordania, corrige a su interlocutora: Cisjordania no, Judea y Samaria. No habla de colonias, sino de comunidades. Allí hay cines, centro comercial, piscinas y una universidad propia. Estas voces chocan con las de los palestinos que tratan de conservar su casa y su tierra, o con las de quienes ya las han perdido y deben suplicar un perdón de deuda, pues se les imputa el coste de la demolición de sus viviendas y del propio desalojo, incluidos policías y ambulancias. Por ello, algunos, antes de marcharse, optan por derribar sus casas con sus propias manos.

Una de las principales virtudes de esta obra reside en su capacidad para, en medio del ruido, devolver voz y nombre tanto a quienes hicieron posible como a quienes padecieron la situación que terminó por estallar en octubre de 2023. Lecumberri entrelaza los testimonios recogidos sobre el terreno con cifras y datos, componiendo un relato que rehúye las explicaciones unívocas. Ese trabajo minucioso y de grandísimo valor permite cuestionar nuestros marcos interpretativos y desplazar el foco hacia un trasfondo menos visible: detrás de la guerra de religión, del conflicto cultural o de la etiqueta simplificadora de la rebelión terrorista, emergen intereses económicos y políticos concretos, sostenidos por individuos y estructuras que han obtenido beneficios tangibles de la opresión sistemática de los más vulnerables.

"Las historias de pérdida se acumulan, y entre ellas destacan, por su impacto insoportable, las de los niños: muchos asesinados sin otra motivación que el sentimiento de superioridad que acompaña a quien ejerce la violencia"

Los atropellos a los débiles constituyen un fructífero negocio para quienes pueden actuar con impunidad. Entre los numerosos entrevistados asoma el perfil de Arieh King, que parece salido de una novela de Dickens. Este colono de cincuenta años, que llegó a ocupar el cargo de teniente de alcalde de Jerusalén, es propietario de Israel Land Fund, una organización privada de carácter procolonizador financiada mediante donaciones procedentes de Estados Unidos. Se dedica a la especulación inmobiliaria. Adquiere propiedades e instala a judíos bajo el lema de «devolver la propiedad judía a manos judías». King se considera un judío ortodoxo moderno. Además de su papel como agente económico, ejerce una influencia política que le confiere la seguridad de quien se sabe impune.

El trabajo de la autora por desentrañar las aristas de una sociedad compleja, hoy inmersa en un conflicto implacable, conduce al lector hacia algunas de las manifestaciones más perversas del ser humano. Los testimonios sobre las expulsiones apenas se ven superados en horror por los relatos de la violencia y los abusos sufridos por una población indefensa. Las historias de pérdida se acumulan, y entre ellas destacan, por su impacto insoportable, las de los niños: muchos asesinados sin otra motivación que el sentimiento de superioridad que acompaña a quien ejerce la violencia desde una posición de poder. Una violencia continuada que parecía no tener consecuencias.

"Palestina, la tierra estrecha es también un ejercicio de memoria: una memoria consagrada a víctimas que, de otro modo, no tendrían nombre. Hombres y mujeres corrientes, niños en muchos casos, cuyas historias se resisten a desaparecer"

Entre los fenómenos más complejos derivados de esta coyuntura se encuentra el de los arrepentidos. Lecumberri no solo atiende a las víctimas, sino que también escucha a los victimarios. Más de un millar de soldados israelíes han conformado Breaking the Silence, una organización integrada por militares que denuncian las atrocidades cometidas por el ejército contra la población civil. Relatan crímenes contra la humanidad perpetrados bajo la forma de juegos macabros: apuntar a niños, lanzar granadas para ver cuál alcanzaba una casa habitada, disparar a inocentes por diversión. Tras intentar sin éxito cambiar las cosas desde dentro, decidieron hacer visible aquello que habían presenciado. Hoy la opinión popular los considera héroes o traidores. Se someten al estigma y al rechazo de sus propias familias.

Como señala la autora, las historias de horror que llegan desde Gaza nos atribulan, pero la abundancia de información —que dispersa una atención ya de por sí mermada— conduce con facilidad a un olvido constante. Junto a las entrevistas y al análisis de datos, Lecumberri intercala sus propias reflexiones con casos de gran impacto que hoy han quedado completamente borrados del relato público. Por ello, Palestina, la tierra estrecha es también un ejercicio de memoria: una memoria consagrada a víctimas que, de otro modo, no tendrían nombre. Hombres y mujeres corrientes, niños en muchos casos, cuyas historias se resisten a desaparecer. Así, el testimonio vuelve a ser un ejercicio de memoria, que oscila entre lo individual y lo colectivo para ofrecer una lección histórica.

«Lleva pantalones, pendientes y no usa velo»

Entre las obras dedicadas a la recopilación testimonial y a la comprensión de los fenómenos bélicos, el retrato de las mujeres y la delimitación de su participación adquieren una relevancia creciente. Lejos de la idea de que la mujer, en el ámbito del conflicto político, bélico o religioso, ocupa un lugar pasivo o secundario, estos relatos —ya sean históricos o testimoniales— muestran a mujeres que actúan como agentes. Al mismo tiempo, la imagen que el mundo occidental ha construido sobre la mujer árabe no es sino una caricatura reduccionista. Ambas concepciones quedan superadas por el implacable acercamiento a la realidad que propone esta obra. Abogadas, políticas, activistas y otros muchos perfiles femeninos —con o sin velo, ancianas y jóvenes, esposas, trabajadoras o madres— pueblan el relato y lo dotan de una riqueza singular. Entre ellos figura el testimonio de Fadwa Barghouti, esposa de Marwan Barghouti, dirigente opositor palestino encarcelado desde 2002. Favorable a la reconciliación y a la creación de un Estado palestino, fue acusado de participar en actividades terroristas; desde entonces, su esposa y diversos observadores internacionales han denunciado las irregularidades del proceso judicial al que fue sometido y el incumplimiento sistemático de sus derechos carcelarios.

"La riqueza y pluralidad de la obra alcanza su punto culminante al darles voz y rostro, proporcionándonos una oportunidad de comprender su contexto con mayor acierto, más allá de la constante victimización"

También se da cuenta de la presencia de abogadas en el despacho del abogado gazatí Raji Sourani, donde acudían otras mujeres en busca de ayuda y para denunciar episodios de maltrato. Al otro lado de los retenes, Machsom Watch reúne a unas ciento cincuenta mujeres israelíes que documentan y denuncian los atropellos cometidos contra la población civil en los checkpoints. Su labor las enfrenta directamente a las fuerzas militares de la zona, señalando los abusos cotidianos de la frontera. Su actividad se encuentra en declive. Los testimonios se acumulan y revelan una sociedad cada vez más enclaustrada, restrictiva y opresiva para las mujeres, en la que las oportunidades de emancipación y de acceso a derechos civiles se reducen de forma constante. Aparecen así las mujeres trabajadoras, las víctimas de los abusos de poder y aquellas que intentan liberarse. La riqueza y pluralidad de la obra alcanza su punto culminante al darles voz y rostro, proporcionándonos una oportunidad de comprender su contexto con mayor acierto, más allá de la constante victimización.

Los niños del mañana

Uno de los aportes más significativos de la obra reside en su reflexión sobre los niños de la guerra, sobre esos jóvenes a quienes apenas se les concede tiempo para serlo. Mohammad al Bakr yace enterrado en un cementerio junto al mar. Su madre, Salwa, acaricia la lápida con delicadeza: «Vengo aquí cada día. Le hablo y le cuento cosas. Todo me recuerda a él: cuando comemos, cuando mis otros hijos juegan… Pero Mohammad ya no está y daría mi vida, si pudiera, para que volviera», dice entre lágrimas. Sayed al Bakr, su hermano menor, vive desde entonces en un silencio suspendido. El 16 de julio de 2014, Sayed, Mohammad y otros niños jugaban al fútbol en la playa cuando fueron sorprendidos por un bombardeo del ejército. Casi un año después, un tribunal militar calificó la muerte de los cuatro niños —de entre nueve y once años— como un «trágico incidente» y archivó la causa, alegando que no existían motivos para abrir una investigación. Al tratarse de un «caso de guerra», la familia tampoco tenía derecho a indemnización alguna. Sayed era uno de los miles de niños de la Franja que, antes incluso del ataque terrorista de 2023, vivían atrapados en una parálisis traumática, a la espera de atención psicológica, anclados en un dolor imperecedero.

"La legislación permite que niños de menos de doce años sean interrogados y retenidos durante horas; a partir de esa edad pueden ser encarcelados y juzgados por tribunales militares especiales para menores"

Ese mismo año, el padre de Mohammed Abu Khdeir comparecía ante la prensa entre lágrimas para relatar cómo su hijo había sido quemado vivo. Mohammed había salido de casa al amanecer para acudir a la primera oración del Ramadán; horas después, su cuerpo apareció calcinado en un bosque de Jerusalén. Tenía dieciséis años. Tres jóvenes extremistas judíos —dos de ellos menores de edad— lo habían introducido a la fuerza en su automóvil, lo golpearon y le prendieron fuego como venganza por el secuestro y asesinato de tres adolescentes israelíes ocurrido semanas antes en Hebrón. Tras el crimen, algunos ciudadanos judíos se acercaron a la casa de Mohammed para disculparse. Llevaron ramas de olivo como símbolo de paz.

La obra subraya, además, el marco legal que regula la detención de menores palestinos. La legislación permite que niños de menos de doce años sean interrogados y retenidos durante horas; a partir de esa edad pueden ser encarcelados y juzgados por tribunales militares especiales para menores. Asimismo, pueden quedar sometidos a la llamada «detención administrativa», sin acusación formal ni juicio. Este régimen contrasta con el aplicado a los menores israelíes, más próximo a los estándares occidentales y el mismo que se empleó en el caso de los jóvenes que asesinaron a Mohammed.

"¿Quién puede convencer a un joven israelí de que la barbarie no se corrige con más barbarie? ¿Quién puede pedir a un joven gazatí que acepte las ramas de olivo y que olvide?"

En este contexto cobra relevancia la figura de Gaby Lasky, abogada israelí que ha dedicado su carrera a la defensa de los derechos de la infancia y a denunciar los abusos cometidos contra menores palestinos. Lasky señala la irregularidad jurídica que supone la coexistencia de sistemas penales, centros de detención y tribunales diferenciados según el origen nacional de los acusados, y defiende un modelo de judaísmo humanista basado en la igualdad ante la ley. Su voz aparece en la narración en el tribunal de Ofer, que funciona también como centro de detención. Allí, una adolescente de catorce años se enfrenta a décadas de prisión: Ahed Tamimi, detenida tras abofetear a un soldado que había disparado una bala de goma contra uno de sus primos.

Al comienzo de la obra, una joven israelí pregunta en un checkpoint: «¿Cómo son? ¿Cómo es la gente de Gaza?». Esa ignorancia —forzada, cultivada y sostenida— hilvana la obra. Hasta 2023, lo que se describe es un régimen de apartheid; lo que el mundo ha presenciado después desborda esa categoría y obliga a nombrar un genocidio. Entre ambos momentos se acumulan el desconocimiento mutuo, la rabia y la frustración generadas por abusos sistemáticos sin castigo, el aprovechamiento económico y político de la violencia, los traumas individuales y colectivos, y una sucesión de horrores que ningún espectador global puede alegar no haber contemplado. La equidistancia se revela como enemiga de la justicia. El abuso impune de hoy es la guerra del mañana. En La tierra estrecha Lecumberri no ofrece respuestas fáciles y tajantes, escucha y plantea las preguntas esenciales: ¿quién puede convencer a un joven israelí de que la barbarie no se corrige con más barbarie? ¿Quién puede pedir a un joven gazatí que acepte las ramas de olivo y que olvide? Palestina, la tierra estrecha se sitúa precisamente en ese espacio incómodo, donde la memoria, la palabra y la responsabilidad se enfrentan a la violencia, el abuso y el olvido.

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Autora: Beatriz Lecumberri. Título: Palestina, la tierra estrecha: Crónicas de la ocupación israelí. Editorial: Big Sur. Venta: Todos tus libros.

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