Inicio > Poesía > Poemas de Canción negra, de Wisława Szymborska

Poemas de Canción negra, de Wisława Szymborska

Poemas de Canción negra, de Wisława Szymborska

Canción negra no era un libro desconocido o, mejor dicho, los poemas del libro —que carecía de título para los lectores a pesar de alguna mención de Szymborska en 1950 sobre la cuestión— digamos que andaban en el imaginario colectivo de muchos lectores aunque fuera de forma imprecisa y vaga. 

Zenda reproduce cinco poemas de este libro publicado en España por Nórdica.

La paz

Precederá los comunicados la sirena alegre de los corazones.
Más veloz que la luz es esa nueva,
más veloz que esa nueva, la esperanza.

En gritos, cantos, peroratas,
salvo una, por fin,
dejarán de funcionar ya las palabras.
Las noches de las ciudades, ciegas
hasta entonces, lanzarán señales a los cielos
por el camino de las estrellas.
Los transeúntes pisotearán
el luto arrancado a las ventanas
conformando sus pasos en hileras.
Otros saldrán frente a las casas
para en el breve intercambio de unas manos,
con los suyos, con todos los extraños,
ofrecer la verdad como un objeto:

que las gentes han traído al mundo
la paz, no el hierro.

Hubo un tiempo en que conocíamos el mundo al dedillo:
era tan pequeño que cabía en el cuenco de unas manos,
tan simple que era posible describirlo con una sonrisa,
tan corriente como el eco de viejas verdades en una oración.

La historia llegó sin trompetas victoriosas:
nos arrojó tierra sucia a los ojos.
Nos esperaban lejanos caminos sin salida,
pozos envenenados, pan amargo.

Nuestro botín de guerra es el conocimiento del mundo:
es tan grande que cabe en el cuenco de unas manos,
tan complejo que es posible describirlo con una sonrisa,
tan extraño como el eco de viejas verdades en una oración.

El beso de un soldado desconocido

Tan mordido por las balas
que lo humano me es ajeno,
salvo el tiempo al que le falto,
como un soplo, tiempo cálido,
transcurro. La dicha del combate
más allá de mí. Combatir por esa dicha,
el sueño de las puertas derribadas,
todo ante vosotros. Firmes, amigos.

El camino —gris nostalgia—
estalla en sauces llorones.
La madre enviará aún dos, tres
cartas, cuatro escribirá.
Antes de que anulen la distancia
como cometas cansadas,
albergaré en una pequeña herida
el mundo, ese mundo tan grande.

Mal epitafio, poetas,
para llorar la muerte de un héroe.
Vuestro poema lo apenaría
como cualquier muerte ajena.

No era su intención ser héroe,
¡pétreas muchachas!,
cuando con la mano de ayer
entre bromas un beso os mandaba.

Por algo más

Por algo más
que un sueño de fronteras,
o el ruido de estandartes;
por Su victoria de intrépido furor.

Por algo más
que un himno y Su revancha,
o el sentido de todos los destinos,
por Su venganza, que el odio, más veloz.

Por algo más
que Su celebración.

Por algo más
que un Día de Diario.

…por el humo de las rojas chimeneas,
por el libro sacado sin temor,
por un trozo de cielo despejado,
luchamos.

Busco la palabra

Quiero definirlos con una sola voz:
¿cómo eran?
Tomo palabras corrientes, robo en los diccionarios,
las mido, sopeso y examino:
Con ninguna
atino.

Las más valientes, siguen siendo miedosas,
las más despectivas, pecan aún de inocentes.
Las más despiadadas, en exceso indulgentes,
las más encarnizadas, poco irrespetuosas.

Esa palabra debe ser como un volcán,
¡golpear, arrasar, arrancar de sopetón,
como la terrible cólera de Dios,
como el odio en ebullición!

Quiero que esa sola palabra
esté empapada en sangre,
que como los muros de un penal
acoja en su interior cualquier fosa común imaginada.
Que describa de forma fiel y clara
quiénes fueron ellos, qué hizo aquella gente.

Porque lo que oigo,
o lo que se escribe
resulta insuficiente.
Es insuficiente.

Impotente esta lengua,
repentinamente pobres sus sonidos.
Me devano los sesos
buscando esa palabra:
pero no lo consigo.
No lo consigo.

Memoria de septiembre

Viejo privilegio de una madre:
buscar a su hijo en el templo.
¿Para qué si se para el corazón
sigue en el pecho el tictac del reloj,
o toca como una hoja el rostro
la hoja arrancada por las bombas?

Llanuras del otoño polaco,
colinas del otoño polaco,
¿quién restañará los caminos,
con qué vendas dará abasto?
¡Fronteras, cuánta fuerza la vuestra
para cerraros como puños!

¡Dadnos un punto de apoyo
y lograremos mover el mundo,
bosques del septiembre polaco,
ríos del septiembre polaco!
Hay un cielo descubierto
y un sofocante arroyo de sangre.

—————————————

Autor: Wisława Szymborska. Título: Canción negra. Editorial: Nórdica libros. Venta: Todostulibros y Amazon

4.8/5 (18 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)