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Poemas de Charles Simic

Charles Simic en la literatura de EE. UU. Nacido en la Yugoslavia de 1938, fue uno de los miles de inmigrantes que cruzaron el océano para desembarcar en EE. UU. A Nueva York llegó con 16 años y poco tiempo después decidió que quería escribir poesía, y que lo haría en inglés, pese a que no era su lengua materna. Fue ahí donde empezó la carrera de un poeta reconocido con el Premio Pulitzer de Poesía. Visor publica, como novedad, una antología poética del autor, de la cual Zenda ofrece a sus lectores varios de poemas. 

AGARRÓ A LA BESTIA

Agarró a la bestia del Apocalipsis por la cola, ¡niño
estúpido! Oh, las barbas en llamas, nuestro destino
parecía sellado. Los edificios se tambaleaban; las pantallas
de ordenador estaban tan oscuras como los armarios de
nuestra abuela. Estábamos demasiado asustados para
suplicar. Otro siglo se había ido al infierno. ¿Y por qué?
Sólo porque alguna gente no sabe cómo criar a sus hijos.

Fui secuestrado por los gitanos. Mis padres me liberaron.
Los gitanos me secuestraron otra vez. Pasó así durante
un tiempo. Un minuto estaba en la caravana chupando
de la teta oscura de mi nueva madre, y al siguiente me
sentaba a desayunar en una gran mesa de comedor con
una cuchara de plata.
Sucedió el primer día de primavera. Mientras uno de mis
padres cantaba en la bañera, el otro pintaba un gorrión
vivo con los colores de un pájaro tropical.

Todo es predecible. Todo ha sido previsto. Lo que estaba
destinado no se puede evitar. Incluso esta patata cocida.
Este tenedor. Este pedazo de pan negro. Incluso este
pensamiento…
Mi abuela, que barre la acera, lo sabe. Dice que no hay
dios, sólo un ojo aquí y allá que ve con claridad. Los
vecinos están demasiado ocupados viendo la televisión
como para quemarla por bruja.

La época de los poetas menores se acerca. Adiós Whitman,
Dickinson, Frost. Bienvenido tú, cuya fama no irá más allá
de tu familia más cercana y de quizás uno o dos buenos
amigos reunidos después de la cena alrededor de una
jarra de intenso vino tinto… mientras los niños se quedan
dormidos, quejándose del ruido que haces al buscar en el
armario tus viejos poemas, temeroso de que tu mujer los
haya tirado en la última limpieza de primavera.
Está nevando, dice alguien que se ha asomado a la
oscuridad de la noche, y que se vuelve hacia ti cuando
te preparas para leer, solemne y enrojecido, el largo
poema de amor cuya estrofa final (que no conoces) está
irremediablemente perdida.
A la manera de Aleksander Ristovi

MI IDENTIDAD SECRETA ES

La luna está vacía,
y la ventana abierta

GUERRA

El dedo tembloroso de una mujer
recorre la lista de víctimas
la noche de la primera nevada.

La casa está fría y la lista es larga.

Todos nuestros nombres están incluidos.

HOTEL INSOMNIA

Me gustaba mi cuartucho,
su ventana frente al muro de ladrillo.
En la habitación contigua había un piano.
Algunas noches al mes
un viejo tullido venía a tocar
«My Blue Heaven».

Aunque la mayor parte del tiempo estaba tranquilo.
Cada cuarto tenía una araña bien abrigada
cazando moscas en su telaraña
de ensueños y humo de cigarrillos.
Era tan oscuro,
que no podía verme la cara en el espejo al afeitarme.

A las 5 de la mañana se escuchaban unos pies descalzos
arriba.
Era la vidente «gitana»
que tenía una tienda en la esquina,
y que iba a orinar después de una noche de amor.
También, una vez, escuché el sollozo de un niño.
Tan cerca, que llegué a pensar,
por un momento, que era yo quien sollozaba.

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Autor: Charles Simic. Título: Antología poética. Selección, traducción y prólogo: Nieves García Prados Editorial: Visor. Venta: Amazon

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