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Poemas de Edith Södergran

Poemas de Edith Södergran

Edith Södergran está considerada como la más importante poeta de Escandinavia. De nacionalidad finlandesa, nació en San Petersburgo (1892), y publicó en lengua sueca. Ha sido comparada con Pound o Rilke. Visor ha publicado su Antología poética, editada por Jesús Pardo. A continuación reproduzco varios poemas de Edith Södergran.

 

POEMAS DE ADOLESCENCIA
(1907-1909)

RECUERDOS DE VERANO

Sueño con un lago de orillas vestidas de follaje,
con juncos y arena y salpicar de agua y patos,
con nenúfares y sol y helechos y brezo y abedules,
con orquídeas silvestres y humedad y valles sombríos,
con viejas lanchas y conchas y piedras,
con altas cuestas y pinos y ramas y enebros,
con hondos pantanos
cubiertos de zarzas floridas.

Tú me preguntas: ¿Es cálido tu corazón?,
¿sientes el dolor y la tristeza?
y yo respondo: Tengo alma,
pero no corazón.

Y a través de mi alma prudente
siento toda la vida,
pero un corazón que llore, un corazón que sonría,
eso no lo tengo.

Cuando el sol reluce sobre la superficie del agua
y hay demasiada luz, me pongo a pensar
en toda la luz que él irradia.

Cuando las nubes cuelgan sobre la superficie del agua
y todo es gris y se sienten ganas de llorar,
pienso en mi melancolía.

Ahora todo está oscuro y sombrío,
y la tierra espera nieve,
para que la flor, quemada por la helada,
se adormezca y muera.

Mi corazón, que arde de helada,
no tiene ni palabra ni canción,
yace mudo y escucha
la pesada marcha del mundo.

Él sabe que la canción, un día,
surgirá violentamente.
Y entonces sonrío, porque mi dolor
está condenado a morir.

LA ESPERANZA

¿Cómo protegeré tu candor jadeante,
pequeña chispa de fuego celeste?,
las tormentas de la vida te apagarán
y lágrimas saladas saludarán tu muerte.

Para mí eres un puente frágil
que se alza sobre el torrente rugiente de la vida,
si te hundes, me hundo contigo,
aplastada por mi propio sueño

De
POEMAS
(1916)

HE VISTO UN ÁRBOL

He visto un árbol más alto que todos los demás,
colgaban de él frutos inalcanzables;
he visto una gran iglesia: sus puertas estaban abiertas
y todos salían de ella pálidos y fuertes
y dispuestos a morir;
he visto a una mujer sonriente y pintada:
jugaba a los dados su dicha,
perdiéndola.

Había en torno a estas cosas
un círculo que nadie cruza.

REFRESCA EL DÍA

I
Refresca el día atardeciente…
Bebe el calor de mi mano,
mi mano, cuya sangre es sangre de primavera.
Coge mi mano, coge mi blanco brazo,
toma el anhelo de mis hombros estrechos…
Sería maravilloso sentir,
una sola noche, una noche como ésta,
tu cabeza sobre mi pecho.

II
Tú tiras la rosa roja de tu amor
en mi blanco regazo:
y yo tengo en mis cálidas manos
la rosa roja de tu amor, qué rápidamente se aja…
Oh, tú, vencedor de fríos ojos,
acepto la corona que me tiendes,
me hace humillar la cabeza hacia el corazón…

III
Hoy vi por primera vez a mi señor,
inmediatamente le reconocí, temblorosa.
Y ahora siento, clara, su grave mano sobre mi leve brazo…
¿Dónde está mi resonante, virginal risa,
mi libertad de mujer, siempre con la cabeza en alto?
Ahora siento, clara, su mano asirme el cuerpo
estremeciente,
y oigo la dura nota de la realidad
contra mis frágiles, frágiles sueños.

IV
Buscabas una flor
pero encontraste un fruto.
Buscabas una fuente
pero encontraste un mar.
Buscabas una mujer
pero encontraste un alma.
Te sientes engañado.

LA VIEJA CASA

Como extraños sin corazón
ojos nuevos ven viejos tiempos…
Anhelo volver a mis viejas tumbas,
mi triste grandeza vierte amargas lágrimas
que nadie ve.
Me refugio en el suave antaño,
entre extraños que levantan ciudades nuevas
sobre colinas azules, contra el borde del cielo.
Hablo quedo con árboles cautivos
y a veces los consuelo.
Qué lentamente roe el tiempo
la esencia de las cosas.
Qué silenciosamente pisa el tiempo
con sus duros talones.
Mi alma espera libertad
en brazos de la dulce muerte.

NOCTURNO

Noche lunar de plateado tul,
onda azul de la noche,
rielar de las olas en infinita cabalgata.
Las sombras caen sobre el camino,
quedas lloran las matas en los ribazos,
negros gigantes velan en la orilla de plata.
Honda quietud en el estío,
sueños y sueño,
la luna se desliza sobre el mar
amante y blanco.

DESEO

De todo nuestro soleado mundo
sólo deseo una silla en el jardín
donde un gato toma el sol…
En ella me sentaría
con una carta en el regazo,
una sola, breve, carta.
Así es mi sueño.

DÍAS DE OTOÑO

Los días del otoño transparecen
pintados sobre el suelo dorado del bosque…
Los días del otoño sonríen a todos.
Qué bello es adormecerse y no desear nada,
ahita de flores y hastiada de verdor,
la corona roja del vino colgando de la cabecera…
Este día otoñal ya nada anhela,
sus dedos son implacablemente fríos,
y en sus sueños ve por todas partes
blancos copos cayendo sin cesar…

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Autor: Edith Södergran. Título: Antología poética. Editorial: Visor. Venta: Amazon y Casa del libro