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Política para perplejos, de Daniel Innerarity

Política para perplejos, de Daniel Innerarity

El actual paisaje político se ha llenado de una decepción generalizada que ya no se refiere a algo concreto sino a una situación extendida. Y ya sabemos que cuando el malestar se vuelve difuso provoca perplejidad.

La perplejidad es una situación propia de sociedades en las que el horizonte de lo posible se ha abierto tanto que nuestros cálculos acerca del futuro son especialmente inciertos. En Política para perplejos, Daniel Innerarity aborda temas como el final de las certezas, la desregulación emocional, la democracia en la era de Trump o la configuración de sistemas inteligentes para gobernar a través de ellos. A continuación te ofrecemos un fragmento de esta obra. 

I
El final de las certezas

Que nos han abandonado algunas certezas es algo que puede comprobarse comparando nuestras previsiones y lo que realmente ha sucedido: o si consideramos la seguridad de la que han disfrutado muchas generaciones y civilizaciones menos informadas que la nuestra, con una tradición más rígida que compensaba la escasez de libertad con una orientación aplastante. Cuando uno está bien equipado en cuanto a la certidumbre corre el riesgo de acabar en el fanatismo; el riesgo mayor de quien está perplejo es ajustarse a lo políticamente correcto y poco más. También hay desconcierto en relación con qué debemos hacer con aquello poco de lo que estamos seguros; hay incertidumbre teórica y también incertidumbre de la voluntad: apenas conocemos la realidad y tampoco sabemos muy bien si es algo a lo que hay que adaptarse o que debe combatirse. Hechos, teorías, relatos y expectativas tienden a mezclarse y generar confusión. ¿Qué tienen en común la llamada posverdad, el desprecio hacia los hechos y la facilidad con que nos rendimos a las teorías conspirativas cuyo principal defecto es que explican demasiado? Todo ello delata lo desconcertados que estamos, algunos más que otros, no tanto porque sepan menos, sino porque, como en el caso de las élites, se supone que tienen mayores posibilidades y responsabilidad de saber más. Si el viejo Aristóteles sigue teniendo razón y es verdad aquello de que los humanos deseamos saber, no hemos cejado en nuestro combate contra la perplejidad y a ello responden algunos de nuestros inventos para recuperar la certeza, como el periodismo, el cálculo o la medición de la sociedad, en los que se refleja la grandeza de nuestro empeño y su limitación.

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Cuando ocurre lo improbable

Cada vez tenemos más la sensación de que en política cualquier cosa puede suceder, de que lo improbable y lo previsible ya no lo son tanto. Este tipo de sorpresas no serían tan dolorosas si no fuera porque ponen de manifiesto que no tenemos ningún control sobre el mundo, ni en términos de anticipación teórica ni en lo que se refiere a su configuración práctica.

Desde el Brexit hasta Donald Trump, 2016 fue un mal año para las previsiones. La mayoría de los expertos apostaban a que la mayor parte de los británicos votaría por la permanencia, que un candidato como Trump no sobreviviría a las primarias, que el populismo y la extrema derecha habían alcanzado su techo. El resultado es bien conocido: se impuso el Brexit, ganó Trump, Matteo Renzi perdió un importante referéndum constitucional (diseñado, como todos, para ganar), los austríacos estuvieron a punto de elegir a un presidente de extrema derecha, cuya versión alemana alcanzaba el 14% en las elecciones regionales (y al año siguiente entraría por primera vez en el Bundestag). Hay otros ejemplos de democracias cada vez más frágiles, incluso dentro de la Unión Europea, como Hungría y Polonia, al tiempo que aumenta la relevancia geopolítica de la Rusia de Vladímir Putin.

Estamos en una época cuya relación con el mañana alterna brutalmente entre lo previsible y lo imprevisible, donde se suceden las continuidades más insoportables (de la injusticia, el estancamiento económico y la irreformabilidad de las instituciones) con los accidentes (como resultados electorales que nadie había previsto o la escalada de ciertos conflictos). Hace no muchos años el debate era si los cambios se producían en nuestras sociedades mediante la revolución o la reforma. Actualmente, el cambio no se produce ni por lo uno ni por lo otro, ése ya no es el debate, sino por un encadenamiento catastrófico de factores en principio desconectados.

Lo que convierte a la política en algo tan inquietante es el hecho de que sea imprevisible cuál será la próxima sorpresa que la ciudadanía está preparando a sus políticos. Nadie sabe con seguridad cómo funciona esa relación entre ciudadanos y políticos que se ha convertido en una auténtica «caja negra» de la democracia. Reina en todas partes una medida excesiva de azar y arbitrariedad.

¿Cómo hacer previsiones cuando no estamos en entornos de normalidad y nada se repite? La repetición de los procesos es uno de los procedimientos más importantes para determinar la fiabilidad de los conocimientos y las observaciones sobre la realidad. Ahora bien, la mayoría de los procesos democráticos del pasado reciente habrían dado un resultado completamente distinto si se hubieran podido repetir. Esto vale tanto para el Brexit como para las recientes elecciones americanas. Y, si ciertos partidos hubieran podido anticipar los resultados electorales, seguramente David Cameron no habría convocado el referéndum europeo, y François Fillon, Hillary Clinton, Benoît Hamon o Jeremy Corbyn no volverían a ser candidatos.

Toda esta incertidumbre plantea especiales desafíos a las ciencias que se ocupan de la interpretación de los asuntos políticos. En primer lugar, se requiere una reflexión acerca de la metodología de las encuestas que infravaloran las posibilidades de éxito de candidatos que, como Trump, rompen las reglas más elementales de la competición electoral con una campaña tóxica en la que se insulta a casi todos los posibles grupos de referencia (mujeres, emigrantes, veteranos de guerra…). La capacidad predictiva de las encuestas exige valorar mejor las actitudes y el comportamiento de los votantes. En una época de menor militancia en los partidos y gran volatilidad hay que tomar más en serio los márgenes de error. Las regularidades de la democracia representativa tal y como la conocemos –‍especialmente, la política de clases‍– parecen haberse roto (la expectativa, por ejemplo, de que los trabajadores voten a la izquierda, como, en buena manera, ha dejado de suceder en Estados Unidos, Francia e Inglaterra). Ha llegado el momento de reflexionar con mayor sutileza acerca de ciertos desplazamientos tectónicos que están teniendo lugar en nuestras sociedades y medir mejor esas tendencias.

La segunda advertencia que deberíamos tomar en consideración es no subestimar la fortaleza de lo que aborrecemos. Uno trata de ser objetivo y de argumentar sobre la base de evidencias, pero también los científicos sociales son humanos y tienen opiniones o preferencias, menos fáciles de contener cuando estamos ante situaciones de especial dramatismo. Ni siquiera en estos casos deberíamos permitir que nuestras preferencias se conviertan en prejuicios. Muchos de los que votaron por el Brexit o por Trump lo hicieron sobre la base de razones y, por mucho que nos parezcan malas decisiones, no deberíamos dejar de analizar los factores que llevaron a tanta gente a votar de ese modo.

La tercera reflexión es que necesitamos nuevos conceptos para entender lo que está pasando. ¿Qué significa el término establishment cuando todos los políticos han hecho su carrera despotricando del establishment del que proceden y al que siguen representando? ¿A qué nos referimos cuando hablamos de populismo y bajo este término englobamos a políticos tan dispares como Donald Trump, Beppe Grillo, Alexis Tsipras o Marine Le Pen? ¿Alguien sabe exactamente qué es lo que quieren conservar los conservadores y hacia qué futuro pretenden dirigirnos los progresistas? Estamos utilizando términos huecos («significantes vacíos» los llaman quienes aspiran a obtener alguna 20 El final de las certezas ventaja de esta resignificación) y esta vacuidad pone de manifiesto qué poco entendemos lo que está pasando. Necesitamos urgentemente nuevos conceptos para entender las transformaciones de la democracia contemporánea y no sucumbir en medio de la incertidumbre que provoca su desarrollo imprevisible.

Sinopsis de Política para perplejos, de Daniel Innerarity

Vivimos en una época de incertidumbre. En sociedades anteriores a la nuestra, los seres humanos han vivido con un futuro tal vez más sombrío, pero la estabilidad de sus condiciones vitales -por muy negativas que fueran- les permitía pensar que el porvenir no les iba a deparar demasiadas sorpresas. Podían pasar hambre y sufrir la opresión, pero no estaban perplejos. La perplejidad es una situación propia de sociedades en las que el horizonte de lo posible se ha abierto tanto que nuestros cálculos acerca del futuro son especialmente inciertos. El siglo XXI se estrenó con la convulsión de la crisis económica, que produjo oleadas de indignación pero no ocasionó una especial perplejidad; contribuyó incluso a reafirmar nuestras principales orientaciones: quiénes eran los malvados y quiénes éramos los buenos, por ejemplo. El mundo se volvió a categorizar con nitidez entre perdedores y ganadores, entre la gente y la casta, entre quién manda y quién padece a los que mandan, al tiempo que las responsabilidades eran asignadas con relativa seguridad.

Biografía de Daniel Innerarity

Daniel Innerarity es catedrático de Filosofía Política, investigador «Ikerbasque» en la Universidad del País Vasco y profesor en el Instituto Europeo de Florencia. Ha sido profesor invitado en la Universidad de La Sorbona, la London School of Economics y la Universidad de Georgetown. Ha recibido varios premios, entre otros, el Premio Nacional de Ensayo y el Premio Príncipe de Viana de la Cultura. Su investigación gira en torno al gobierno de las sociedades contemporáneas y la elaboración de una teoría de la democracia compleja. Sus últimos libros, publicados por Galaxia Gutenberg, son La política en tiempos de indignación (2015) y La democracia en Europa (2017). Es colaborador habitual de opinión en El Correo, Diario Vasco y El País.

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Autor: Daniel Innerarity. Título: Política para perplejos. Editorial: Galaxia Gutenberg. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro

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