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Póngame kilo y medio de ‘transmedia’

Ahora que es noticia el inminente rodaje de Trainspotting 2 recuerdo cómo llegué en su momento hasta la novela de Irvine Welsh. Primero fue la película, un mazazo para los que entonces teníamos 20 años. La vimos varias veces en el cine, en los bares, en casa. Después desgastamos la banda sonora y, finalmente, leímos el libro. Seguimos el orden inverso de publicación y no nos importó mucho. Hablo en plural porque la experiencia sin duda fue compartida aunque no existieran las redes sociales digitales. Cada soporte aportaba algo distinto, hacía más grande el relato con sus matices. Vivimos unos meses de inmersión en el Edimburgo más yonki sin movernos del sitio.

Los amigos de las etiquetas llevan unos años desarrollando el concepto de narrativa transmedia, un nombre pintón que sirve para muchas cosas: para forzar la extensión del relato en varios soportes, para llegar a públicos más amplios y, en definitiva, para vender más. Al autor se le pide hoy que sea transmedia, se le presiona para que despiece sus tramas por tierra, mar y aire antes de que nazcan, sin tener en cuenta que cuando las historias merecen la pena tienden a expandir su universo de un modo natural.

Las grandes obras culturales, e incluso las pequeñas, tienen querencia a prolongar su vida, a complementar su propia narrativa a través de cualquier soporte. Le pasó a Homero con sus epopeyas, a La Biblia, al Cantar del mío Cid, al Quijote, a Alatriste, a La guerra de las galaxias, a El ministerio del tiempo y a miles de títulos que siguen aún desarrollando mundos paralelos y complementarios a través del tiempo y los formatos. Por eso, aunque creo en los universos expandidos, me asusta la presión por empezar la casa por el tejado, por aplicar una etiqueta a algo que aún no ha nacido.

Dejemos al autor que cocine las tramas, que dé profundidad a los personajes, que entreteja el relato. Si la historia es capaz de atraparnos acabará transcendiéndose a sí misma y a cualquier soporte por moderno que sea. Las etiquetas, si toca, las ponemos después.