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Por qué la gente lee novelas

Recuerdo que en una ocasión un editor me dijo que “la gente lee novelas”, para darme a entender que prácticamente sólo lee novelas. Considero que es una opinión muy extendida, y creo que es verdad, que mayoritariamente es verdad. Ahora habría que decir, tal vez, como me dijo en una ocasión un guionista cuyo nombre desgraciadamente no recuerdo, que “la gente no lee novelas, la gente ve series”. De todos modos creo que nos movemos en el mismo territorio, el de la ficción.

Escribo una novela, leo novelas, quiero escribir un artículo sobre novelas. ¿Por qué leemos novelas? ¿Por qué, en general, nos gustan tanto? ¿Por qué es lo que “la gente” lee, mayoritariamente, según dicen los editores, según vemos en las librerías y  en las tiradas de ejemplares?

"Las novelas son divertidas, nos hacen soñar, nos evaden, en un alto sentido en mi opinión. Quizá sea la literatura más lúdica que existe"

El mundo está por escribir. De todo lo que podemos tratar, el escritor tiene que elegir un tema, o varios, pero uno en concreto, más destacado, y decidirse entre el magma que le rodea, la vida en general, el mundo en torno. Y no es fácil. Por eso creo que una de las cosas más difíciles de escribir está en encontrar el tema, o que el tema te encuentre a ti. Que se te imponga de alguna manera, porque de este modo todo funcionará: funcionará el tema y funcionarás tú como escritor.

De repente un tema se destaca de entre todos los demás. No sólo aparece como tal tema, sino que parece que surge con las fuerzas para poder desarrollarlo por  parte del escritor. Es un momento muy placentero, porque uno siente entonces que el artículo, el texto, está casi hecho. Puede ser un libro; entonces uno siente que ha dado un paso decisivo para escribirlo.

Esto vale, al menos en mi caso, para las tesis doctorales. En mi caso al menos lo más difícil fue encontrar el tema, fijarlo. Pero en el caso de los artículos, de estos artículos, también me ocurre algo parecido. Estoy deseando que aparezca el tema, porque cuando lo tengo me da la sensación de que ya tengo el texto escrito.

Vuelvo a las novelas. Miro hacia atrás y me doy cuenta de que he leído muchas. Iba a escribir “quizá demasiadas”, pero no, no creo que haya leído demasiadas, pero muchas sí, gozosamente. Las novelas son divertidas; nos hacen soñar, nos evaden, en un alto sentido en mi opinión. Quizá sea la literatura más lúdica que existe. Cuando somos pequeños leemos cómics; luego pasamos a leer novelas, o ése fue mi caso.

Yo, mientras, veía cine y televisión. Insisto, ficción, que parece que es lo que más nos divierte. ¿Por qué? Ésta es otra cuestión interesante para debatir. ¿Por qué nos gustan historias que en principio no han ocurrido nunca? ¿Por qué nos atraen estas mentiras, “la verdad de las mentiras”, que escribiera Mario Vargas Llosa? ¿Por qué es lo que más se vende? A los editores lo que más les gusta publicar son las novelas, sin entrar en casos concretos, generalizando. Porque es lo que venden mejor a priori.

"Algunos las denuestan, las novelas en conjunto, las tachan de infantiles, pero hoy por hoy son el género rey, en números, en ventas y en pasión lectora"

Entrando en otro terreno, otro terreno que forma parte del mismo campo, yo diría que lo más difícil de escribir es una novela, en concreto una novela histórica, en mi experiencia seguramente porque hay que hacer dos trabajos, realizar una investigación y escribir la novela, como si dijéramos dos libros en uno. Porque esa investigación podría haber desembocado en un ensayo, por ejemplo.

A mí lo que más tiempo y esfuerzo me lleva escribir, con mucho, insisto, es una novela histórica. Pero luego la satisfacción es grande, porque gustan mucho a los lectores y se venden bien.

Algunos las denuestan, las novelas en conjunto, las tachan de infantiles, pero hoy por hoy son el género rey, en números, en ventas y en pasión lectora. Me acuerdo que mi profesor Javier Huerta Calvo, en Filología Hispánica, nos explicaba en clase que esto del género rey iba cambiando con el tiempo, que en el Siglo de Oro el género rey era el teatro, y que cuando nos hablaba era la novela. Ahora, en literatura, yo creo que la novela es, sigue siendo, desde hace bastante, el género rey. Y es que hay que reconocerle a este género, aparte de todo, una gran riqueza y una gran capacidad para cambiar, para evolucionar, para crecer, diría yo. La novela nunca está quieta, va cambiando con las épocas, y es probable que cada vez se haga más fuerte, como si fuera resistiendo a todos los virus; es más, quizá constituya un antivirus. Pero esto nos llevaría muy lejos.

Es cierto que es un género que lo han dado por muerto muchas veces, por ejemplo recientemente, según he podido oír. Pero la novela siempre resucita, o siempre muere y después resucita, como en un movimiento cíclico, y parece que cada vez gusta más a la gente. Ahora que escribo estas líneas, pienso que es una gran fortuna como escritor el poder escribir novelas, porque no todo el mundo puede, como he podido comprobar. Hay escritores dotados para unos géneros y no para otros.

"Creo que el escritor debería estar siempre comprometido a ser el mejor lector, entre otras razones para ser el mejor escritor, porque es leyendo y escribiendo"

Sí, yo he leído muchas novelas, de lo que me enorgullezco, las he disfrutado mucho y creo que las leeré hasta el final de mi vida, aunque también leo muchos otros géneros.

La novela es, en principio, el leer por leer, por mera diversión, aunque los novelistas, como decía García Márquez, también leemos “con el destornillador”, para desmontar ese aparato que es el texto y aprender de él. Yo confieso —no es mucho confesar— que leo novelas también para aprender de ellas, a escribirlas, como en general leo muchos otros libros.

Creo que el  escritor debería estar siempre comprometido a ser el mejor lector, entre otras razones para ser el mejor escritor, porque es leyendo y escribiendo —también viviendo, por supuesto— como se hace mejor escritor, el mejor escritor que puede alcanzar a ser.

Aunque también creo que el escritor, finalmente, de quien más aprende es de sí mismo, pues él mismo es su gran maestro, su más exigente crítico.

"Es un género enormemente generoso. Al final, como todos los libros, cada uno en su medida, pide lo justo para poder seguir subsistiendo"

Volviendo a la novela, la novela acompaña y hace feliz; nos hace soñar, nos hace escapar de nuestra pequeña condición, de nuestros problemas, de nuestro mundo, de nuestras carencias. Nos hace viajar, vibrar, vivir experiencias fuera de nuestro alcance, o que sí lo están pero nos permite vivirlas de otra manera o profundizar en ellas. Incluso nos puede animar a vivir realmente aquello que estaba fuera de nuestro alcance.

Digamos que la novela nos completa, nos da lo que nos falta, como seres humanos, como seres vivientes. Igual que José Luis Garci suele decir que el cine es “una vida de repuesto”, con la novela podríamos decir algo parecido: la novela nos da lo que necesita nuestra vida. Sería una especie de medicina. También de antivirus, como sugerí antes, contra la mediocridad, el tedio, la molicie, la falta de profundidad, de ciertas respuestas al paso de los días.

Aunque no lo parezca tal vez sea el género más práctico que existe, por todo esto, por tanto como nos da, pidiéndonos tan poco. Es un género enormemente generoso. Al final, como todos los libros, cada uno en su medida, pide lo justo para poder seguir subsistiendo, para seguir ofreciéndose a sí mismo, a nuestra imaginación, nuestra inteligencia, nuestro pensamiento e interioridad, nuestra capacidad y necesidad de soñar.

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Josey Wales
Josey Wales
12 ddís hace

La novela como género rey es hija de la educación burguesa. La novela da un barniz de cultura y educación, pero sin el esfuerzo y la disciplina de la educación. Fue la tele del siglo XIX, en muchos casos muy útil y valiosa. Como el teatro del siglo de oro, el lector entra en la novela como un espectador. Mirar y disfrutar. Los autores y editores lo saben bien y están acechándolo para saltar sobre él, sabiendo que el Sálvame y la peli porno codificada del Canal Plus siempre va a tener más público que La Clave de José Luis Balbín, por poner dos extremos claros.