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El diálogo entre la imagen y la palabra

El diálogo entre la imagen y la palabra

Hace unos días tuvo lugar en la Fundación Universitaria Española (Madrid) la presentación de mi libro Conversaciones del siglo XXI. El acto contó, para mi fortuna y privilegio, con dos grandes presentadores: Javier Huerta y Eduardo Torres-Dulce. Esta presentación ha disfrutado en Zenda de una magnífica crónica de Marina Casado. Pero yo hoy quería hacer un apunte sobre un tema particular que se tocó en la presentación, un tema que me parece de importancia e interés.

El catedrático de la Universidad Complutense de Madrid Javier Huerta, declaró que mi libro deja cierta “melancolía” por cuanto varios personajes importantes de la cultura, en las entrevistas que les hago, dicen poco menos que la literatura está desapareciendo, que va a quedar como algo propio de eruditos (Umbral), que la alta cultura está en decadencia (García Gual), también la educación (Adrados)…

"No podemos ignorar la imagen en nuestra época. En el fondo la llevamos dentro de nosotros"

Ya Pérez-Reverte en una ocasión me dijo que ése era el rumbo de los libros (él habló de “derrota”, yo creo que en sentido náutico), tal y como los conocemos, van a desaparecer. Hace poco leía un titular suyo (lo he leído en 20 minutos, pero me parece que ha salido también en otros lugares), en el que recomendaba a los jóvenes autores que se dedicaran a los videojuegos y a las series. Decía que dentro de 30 años “los chavales no van a leer novelas de papel”. Pérez-Reverte viene a decir que lo que importa es contar historias y que los “nuevos mecanismos” para contarlas se encuentran en las series y en los videojuegos. Me entristeció oír las opiniones de Pérez-Reverte, nacidas más bien de la experiencia y que me recuerdan a aquéllas de Umbral en aquella lejana entrevista que me concedió sobre el futuro de la lengua española.

El escritor, filósofo y crítico literario Rafael Narbona también me hablaba de este tema en la misma dirección, y me decía que la literatura, la “alta literatura”, iba a quedar como algo así como “fumar en pipa”.

Mi opinión personal sobre este tema es ligeramente distinta.

No podemos ignorar la imagen en nuestra época. En el fondo la llevamos dentro de nosotros. En nuestra mente, en nuestra “imaginación”.

"Antes empleaba las tardes en jugar a los videojuegos, y entonces pasé a dedicarlas a leer libros, sobre todo novelas de aventuras"

Los tiempos cambian, evolucionan, nosotros también, pero lo fundamental, la esencia, permanece. Yo no puedo olvidar que me puse a leer con gran fuerza e interés —antes me gustaban mucho los libros, pero no les prestaba tanta atención—, cuando se me estropeó el ordenador y mis padres decidieron, yo creo que con muy buen criterio, no arreglármelo. Antes empleaba las tardes en jugar a los videojuegos, y entonces pasé a dedicarlas a leer libros, sobre todo novelas de aventuras (Dumas, Verne, Stevenson, Rafael Sabatini…) luego libros más “para mayores”.

Me acuerdo que mi antiguo profesor Álvaro Alonso Miguel me dijo en una ocasión, al tratar de la distinción entre “libros serios” y “libros no serios”, o menos serios, si no serían estos libros que acabo de citar los verdaderamente serios. Yo comparto con él esta idea, esta duda. Ahora, gracias a la colección de clásicos de aventuras de Zenda Libros en alianza con Edhasa, estoy disfrutando de nuevo de estos libros. Los últimos que ha publicado esta colección son La isla de coral  y Taras Bulba.

"Mi vida ha hecho muy compatibles, e incluso aliados, los ordenadores, las pantallas y los libros"

Esta anécdota de la rotura de mi ordenador la he contado en varias ocasiones, pero me da la impresión de que es clave en mi vida. Siempre he pensado que me vino bien, porque yo no me iba a hacer programador —mis inquietudes informáticas no llegaban a tanto—, pero últimamente dudo, y más ante las palabras de Pérez-Reverte.

Sobre este tema he decir que si reflexiono encuentro que mi vida ha hecho muy compatibles, e incluso aliados, los ordenadores, las pantallas y los libros, y que en mi día a día convivo con todo ello.

Puede que haya una competencia falsa o aparente entre los libros, los textos en general, y las imágenes. “La televisión es nuestra enemiga”, me acuerdo que me decía Francisco Umbral en su casa, pero yo no estoy seguro de ello. Se refería enemiga de los escritores, por supuesto, de los que hacíamos los libros.

Luis Alberto de Cuenca, en otra entrevista de mi libro Conversaciones del siglo XXI, me decía que él pensaba que la necesidad de la literatura era la misma en todas las épocas, que en cada época se satisfacía de forma distinta. Creo recordar que también aludía a los videojuegos.

"No sólo construyo mis novelas con lo que sé de literatura, sino con lo que sé de cine, de narrativa cinematográfica, aparte de con lo que sé de la vida"

¿Qué pienso yo sobre este tema? Pienso que efectivamente estamos en una época en la que la imagen parece que se ha adueñado de todo. En todo caso se ha hecho mucho más llamativa, mucho más explícita. Pienso que la palabra alimenta a la imagen, la inspira o la sostiene y en no pocas ocasiones la ilustra. Pero también sucede al revés. Como dije en la presentación de mi libro encuentro que muchas películas buenas están basadas en novelas (tentado estoy de escribir que en buena parte el cine vive de la literatura), y que yo soy consciente, al ver cine, de que éste me influye a la hora de escribir novelas. Es decir, es un diálogo, un fenómeno de ida y vuelta, de reciprocidad. A menudo escribo con imágenes en la cabeza, y esto me sucede mucho con mis novelas, que yo considero muy cinematográficas en general.

Considero que aprendo tanto leyendo libros como viendo cine. Lo que ocurre es que dado que soy escritor me aprovecha más leer libros. Si fuera director de cine o guionista, cosas que no descarto en el futuro si se me presenta la ocasión y estoy preparado, me aprovecharía más ver películas.

No sólo construyo mis novelas con lo que sé de literatura sino con lo que sé de cine, de narrativa cinematográfica, aparte de con lo que sé de la vida, por supuesto.

El profesor Javier Huerta, en la presentación de mi libro, dijo que yo era un “letraherido”, y puede que sea así, pero también soy un “imagenherido”, fruto o producto de mi tiempo, me apasionan las películas y tengo un libro escrito sobre la saga de La guerra de las galaxias. Ese libro podría ser, entre otros muchos, un ejemplo de conjunción y alianza de imágenes, películas, ideas, texto, por no hablar de otros conceptos.

También me gusta mucho hacer fotos; soy fotógrafo aficionado. En suma, si realizo un pequeño examen personal encuentro cuán importantes son las imágenes para mí, en mi formación, en mi cultura, en mi día a día. Y debo decir que, aún considerándome hombre de libros, escritor, reconozco la enorme importancia que tiene en mí lo audiovisual. Por supuesto en mi mundo. No creo que sea algo malo; antes bien eso depende de otros condicionantes.

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