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Porque nos conviene

¿Otro artículo más sobre el último libro de Ray Loriga? Pues sí, qué le vamos a hacer, su fábula es demasiado actual como para dejarla pasar de largo. Supongo que la intención del autor en Redención (Alfaguara, 2017) iba mucho más allá, que son demasiadas las cosas que aceptamos en nuestro día a día «por nuestro bien» asumiendo un falso bienestar que nos hace a todos iguales, parte de un sistema del que salir no es nada fácil, entre otras cosas porque no queremos. A mí la ciudad transparente me parece además una metáfora perfecta del mundo digital en el que aparentamos ser felices.

Nos sumergimos en Twitter para recibir información de gente y marcas que nos interesan, nos sumamos a Facebook para mantener el contacto con personas a las que tenemos más o menos afecto. Cuando no sabemos algo o necesitamos cualquier cosa, buscamos en Google. Entramos en esa burbuja porque vemos que nos conviene, porque creemos que hay alguien que ya ha pensado un sistema en el que aparentemente participamos todos de un modo activo obteniendo ventajas indudables.

En ese mundo transparente vamos asumiendo el cambio porque damos por hecho que alguien más listo que nosotros lo ha pensado bien. Así, vamos pasando los días mostrando nuestra mejor sonrisa en Instagram y nuestra falsa superioridad moral en Twitter mientras mostramos nuestro mejor perfil en LinkedIn. Todo va bien, no hay motivo de queja. Si Twitter deja de mostrar lo que dice la gente que te interesa, si Facebook ya no te enseña lo que dicen tus amigos, será por algo, será porque alguien más listo que nosotros así lo ha decidido. Será porque nos conviene.

Y así seguimos, en el mundo transparente, entregados a un nuevo gobierno del que nos creemos partícipes, aunque estemos de hecho ya en manos de cuatro gatos preocupados por el balance anual de su empresa en Silicon Valley. Nuestra falsa felicidad es el negocio, y lo sabemos, pero claro, a ver quién es el valiente que se sale de la burbuja. Qué nos hemos creído, si el sistema funciona así es porque alguien sabe más que nosotros.

Acabé la novela mientras en el informativo de la noche aparecía un señor haciéndose el tonto ante un tribunal. Sí, me refiero a «ese del que usted me habla». Estoy convencido de que no son pocos quienes, en este mundo transparente, concluyeron al ver el vídeo que este señor es muy listo, que seguro que si se hace el olvidadizo y pone cara de lelo es porque nos conviene.

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