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Proyecto Itinera (LXVIII): In cervesia veritas, en la cerveza está la verdad

Proyecto Itinera (LXVIII): In cervesia veritas, en la cerveza está la verdad

Se menciona a menudo que en el mundo griego y romano la cerveza era considerada una bebida de poca calidad. Y si bien es cierto que el consumo de vino era mayor, lo que también está totalmente contrastado es que el consumo de la cerveza era una realidad, sobre todo en la dieta de las clases populares, incluyendo a los legionarios. Platón ya decía allá por el siglo IV a.C. que Quien inventó la cerveza era un hombre sabio, frente a otros historiadores, como Diodoro Sículo, que menospreciaban la cerveza al llamarla vini corruptus” (vino corrupto).

Sea como fuere, al igual que el vino estimula alma, corazón y vida —amén de la lengua, como bien subraya el lema “in vino veritas”—, la cerveza ejerce igual poder de poner al descubierto la verdad.

Me acordaba de ello especialmente hace unas semanas. Entrevistaba a un ya amigo cervecero sobre la situación que le ha llevado a bajar la persiana de su fábrica de cerveza artesana. Andrés, de As Cervezas, estaba —y está— muy valorado en el sector. Y pese a ser un histórico, con premios en la mochila, con halagos de esos que no se ponen en escaparates y con un altruismo innato tanto en él como en Sonia, que remaba por estribor, pese a ello decía, nos quedamos sin sus estupendas cervezas.

"Mientras no seamos exigentes con lo que nos rodea, incluyendo a nosotros mismos, no podremos esperar que la sociedad sea mejor"

Se podría pensar que se van los buenos, o los mejores, y que nos quedamos canibalizados por tribus monógamas que devoran la biodiversidad del lúpulo, las maltas y las levaduras. Sin embargo, después de unos días algo traspuesto, raro en definitiva por sentirme a pierna cambiada, o con la cadena salida, me daba cuenta de que en ese pequeño universo que es el panorama de la cerveza artesanal los únicos vándalos que quieren «arrasar» los campos de cereal son las marcas de la cerveza industrial.

La sensación de pérdida como la de la fábrica de mi buen amigo Andrés podemos extrapolarla a tantos espectros del mundo actual: a la política, al periodismo o hasta al fútbol. Quizá sea ese falso pesimismo que, por temporadas, como si fuera la marejada de invierno en el Cantábrico, abate las costas que nos defienden de la perenne estupidez.

Sin embargo, los que aún tenemos ganas de alzar el cuello y mirar más allá de las copas de los árboles nos damos cuenta de que la involución de la sociedad a veces parece no usar freno de mano. Que los buenos tiren la toalla no es el problema —al fin y al cabo todo es cíclico—, el problema es que por cada bueno que se va a menudo se reproducen los mediocres, y de forma muy marcada los vendedores profesionales de humo.

"Los ánimos caldeados de sociedades cada vez más extremistas nos conducen a la pobreza personal, individual y colectiva"

Mientras no seamos exigentes con lo que nos rodea, incluyendo a nosotros mismos, no podremos esperar que la sociedad sea mejor. Pedir que los ricos no defrauden, cuando damos señales o ejemplos contrarios desde la pequeña escala, hace que el discurso sea tan vacío como hipócrita. Pedir desde el proselitismo que los políticos, los médicos, los profesores o los demás sean pulcros, mientras con la otra mano hacemos lo contrario con nuestra moldeada ética de redes sociales, es el favor más flaco para la enseñanza de los que heredarán la tierra.

Los ánimos caldeados de sociedades cada vez más extremistas nos conducen a la pobreza personal, individual y colectiva. Frente a ese lema instagrameable de que «saldremos mejores» después de la Covid, hay que trabajar a fondo, desde lo más hondo, para que las palabras no se las lleve el viento de Twitter.

"La cerveza artesana, con sus ricos matices, ejerce de excelente cicerone para que entre el opuesto contraste del negro y el blanco haya no solo grises, sino matices policromados infinitos"

Ante ese cambio climático en el que el ozono que se diluye es en realidad el criterio, y la duda como método de análisis y aprendizaje, retomé, tras un duro paréntesis de pandemia, el sano ejercicio de la cerveza de los jueves con mis irreductibles compañeros de la Legio IX Hispana, en realidad pacíficos compañeros de batallas cerveceras en las que se arreglan los mundos, o eso se pretende.

Junto a ellos, y gracias a la melodía del in cervesia veritas, debatimos desde el respeto mutuo acerca de posiciones a menudo ideológicamente distantes. La cerveza artesana, con sus ricos matices, ejerce de excelente cicerone para que entre el opuesto contraste del negro y el blanco haya no solo grises, sino matices policromados infinitos.

Por eso hoy, mientras caía el sol dorando por un lado la silueta del Tibidabo y por el otro tiznando la Cara B de Barcelona, brindamos con la última cerveza de Andrés. Como si fuese la última bala del Colt Single Action Army 1873 que solía usar John Wayne, hemos abierto la Russian Imperial Stout de nombre As de Trevols, y como una corneta de homenaje hemos masticado por última vez sus 9 grados de alcohol.

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Itxaso
Itxaso
3 meses hace

Brava!!!!