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Proyecto ITINERA (XIV): La educación clásica

Proyecto ITINERA (XIV): La educación clásica

El Proyecto ITINERA nace de la colaboración entre la Asociación Murciana de Profesores de Latín y Griego (AMUPROLAG) y la delegación murciana de la Sociedad Española de Estudios Clásicos (SEEC). Su intención es establecer sinergias entre varios profesionales, dignificar y divulgar los estudios grecolatinos y la cultura clásica. A tal fin ofrece talleres prácticos, conferencias, representaciones teatrales, pasacalles mitológicos, recreaciones históricas y artículos en prensa, con la intención de concienciar a nuestro entorno de la pervivencia del mundo clásico en diferentes campos de la sociedad actual. Su objetivo secundario es acercar esta experiencia a las instituciones o medios que lo soliciten, con el convencimiento de que Grecia y Roma, así como su legado, aún tienen mucho que aportar a la sociedad actual. 

Zenda cree que es de interés darlo a conocer a sus lectores y amigos, con la publicación de algunos de sus trabajos.

De aquella primitiva educación que los niños recibían en sus casas hasta una enseñanza institucionalizada, en la cual unos estudios superiores nos ofrecían a expertos médicos, arquitectos, matemáticos, abogados y profesores, distan siglos y diversidad de pueblos y culturas. Una educación compleja elaborada con mucho esfuerzo, dedicación y sacrificio, que no hubiera sido posible sin la necesidad del ser humano de cuidar y proteger su cultura, valga la redundancia, pues «cultura» es proteger aquello que somos, aquello en lo que creemos y todo lo que pensamos y hacemos. Escribas egipcios que se especializaban en medicina, en embalsamientos o en arquitectura, todos ellos profesores de otros futuros escribas y de los faraones. Civilizaciones como la mesopotámica o la persa, donde el Estado se ocupó de la educación de sus varones a partir de los 7 años. La cultura judía, donde el niño se vestía con su mejor traje para ir a la sinagoga a oír un fragmento de la Torah antes de ser entregado al maestro y donde dieron gran dignidad a la educación, hasta el punto de llamar «padre» al maestro. Más tarde, la cultura cristiana, donde los catecúmenos aprenden con el didáskalos o el magister. Sin olvidar a los pueblos que son la base de nuestra civilización, Grecia y Roma.

"El teatro, con sus comedias y tragedias, actúa como un organismo de lucha social con el que se reivindica la igualdad ante la ley, los derechos políticos y la igualdad de la mujer frente al hombre"

En Grecia, los poemas homéricos nos dejan ver el trasfondo de una sociedad culta, donde la mujer cuida y administra el hogar y el hombre cuida no sólo su cuerpo por medio del deporte, la caza y la guerra, sino también su mente y su alma a través de la oratoria, los estudios de cirugía, la música… A Homero lo estudiaban los niños con su didáskalos o maestro, no como obra literaria, sino como manual moral y ético, donde el héroe representa todas las virtudes que el buen ciudadano debe aprender e imitar. El teatro, venerado culto a Dioniso, no sólo es una actividad importante para el pueblo griego porque cumple con la labor sagrada de socializar y agasajar al huésped, sino que, sobre todo, es importante porque cumple con la función de educar y enseñar al pueblo. El teatro, con sus comedias y tragedias, actúa como un organismo de lucha social con el que se reivindica la igualdad ante la ley, derechos políticos y la igualdad de la mujer frente al hombre. Aparecen los legisladores, los golpes de Estado, los tiranos y, a veces, se evoluciona hacia un sistema democrático. Del género teatral pasamos al nacimiento de la oratoria y la retórica; se institucionalizan las escuelas públicas y Pericles presume de que su ciudad es la más desarrollada del mundo porque todos los ciudadanos de Atenas saben leer y escribir. El desarrollo científico y cultural de Grecia va de la mano de su filosofía, según la cual la educación tiene como finalidad la eunomía: el equilibrio por medio de la justicia con el objetivo de ser un hombre bueno y bello.

Los alumnos en su etapa de educación primaria aprenden las primeras letras, a leer, recitar de memoria, la escritura y el cálculo. En la etapa de educación secundaria, aprenden filología erudita, comentarios, ciencia gramatical, ejercicios prácticos de redacción. Más tarde se incluyeron los estudios de matemáticas, geometría, aritmética, música y astronomía. El estudio de estas disciplinas será conocido como el estudio del trivium (gramática, retórica y dialéctica) y quadrivium (geometría, aritmética, astronomía y teoría musical). En la enseñanza superior encontramos museos y enseñanza científica e investigación, donde se estudia medicina, retórica y filosofía.

En Roma, la educación original será la formación de los niños en casa junto a la madre; a partir de los 7 años, las niñas seguirán en casa formándose hasta los 12 años para ser una buena matrona —mujer adulta casada y con hijos— y el niño asistirá a los negocios del padre para completar su formación. Si en la familia hay, entre los familiares o las amistades, hombres ilustres que hayan destacado en la vida pública, después de pasar unos años junto al padre, éste le encomendará la educación de su hijo a esta persona ilustre, como si se tratara de su propio hijo. Más tarde, cuando se institucionalice un sistema educativo, se impondrá el estudio del Trivium y el Quadrivium como reflejo de estudios secundarios griegos y aquellas familias que puedan permitírselo, mandarán a sus hijos a Atenas para que completen sus estudios superiores en medicina, en retórica y en filosofía. Con el Imperio Romano se establece un sueldo público para los profesores, se crean cátedras, sistemas de oposiciones para elegir a maestros, becas para los alumnos, becas de comedor para aquellos alumnos más humildes, e incluso alojamientos gratuitos para aquellos alumnos de excelentes notas pero de escasos recursos económicos.

"Cada vez que a lo largo de la historia se apartaba el modelo clásico y las humanidades del estudio y la educación, había una recesión cultural y científica"

En época del Bajo Imperio Romano, la Iglesia católica se preocupa tanto de la formación de sus fieles que, aunque intenta oponerse a la cultura clásica, entiende que es necesaria la formación clásica para el completo desarrollo educativo y personal. La Iglesia cree que es más importante el desarrollo humanístico de la persona que el riesgo de un enfrentamiento entre el paganismo y el cristianismo, aunque dará indicaciones a sus fieles de cómo recibir la educación clásica y no “dejarse persuadir” por el paganismo. Llega un momento en el que, lejos de la prohibición de Tertuliano y Juliano el Apóstata —aunque por motivos distintos— de ejercer los cristianos la enseñanza en las escuelas clásicas, la Iglesia se unió con más fuerza a la escuela clásica. La Iglesia encontró como medio de convertir a paganos e infieles la escuela clásica, por lo que se pretendía que los maestros de la escuela clásica fueran cristianos.

Con la caída del Imperio Romano, desaparece todo el sistema educativo institucionalizado y público y la educación obligatoria para los niños, quedando como reducto de educación y formación humanística los monasterios cristianos.  Por eso no nos ha de extrañar que, con la pretensión de evangelizar y convertir al cristianismo, la Iglesia haya llevado la educación humanística y clásica por todo el mundo. Hay un pequeño vestigio de los estudios clásicos fuera de la Iglesia y los monasterios, en las casas de los ricos terratenientes y las clases sociales poderosas. Tiene reaños la cosa, que quienes tienen el poder para volver a instaurar las escuelas públicas y ofrecer al pueblo una educación clásica y humanística no lo hagan, pero sí formen a sus hijos en sus casas con maestros y profesores privados.

La invasión lombarda acaba del todo con las escuelas clásicas mas, como la invasión lombarda no alcanza toda la península itálica, en algunas zonas continúa la tradición de los estudios clásicos bizantinos y la corte lombarda del rey Cuniberto adopta la tradición de estudios literarios impuestos por Teodorico. Hay un nuevo florecimiento cultural en Italia y San Gregorio Magno envía a San Agustín de Cantorbery a los Anglos, estableciéndose desde entonces una estrecha relación entre Inglaterra y Roma, con intercambio de educación y cultura clásicas con fines religiosos. No es de extrañar que el Renacimiento, un nuevo renacer de estudios clásicos humanísticos, comience en Italia. Tampoco es raro que encontremos en la cultura británica tantas huellas del conocimiento grecolatino. Si bien, repito, el motivo del progreso educativo y cultural ha sido siempre la preocupación del humanismo y de la cultura clásica. Cada vez que a lo largo de la historia hemos visto que, por uno u otro motivo, se apartaba el modelo clásico y las humanidades del estudio y la educación, había una recesión cultural y científica enorme; alguna tan profunda como la de la Edad Media, tras la caída del Imperio Romano. Por eso me sorprende que actualmente haya retrógrados como aquellos suevos, alanos y vándalos que digan que hay que estudiar “cosas útiles”, no como las humanidades o los estudios clásicos. Pero me sorprende aún más que, mientras las humanidades y, en especial los estudios clásicos, desaparecen de las escuelas públicas, cual traidores suevos, alanos y vándalos, estos que se oponen a las humanidades y las escuelas clásicas formen a sus hijos en escuelas privadas en oratoria y retórica, en filosofía y en estudios humanísticos y clásicos.

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