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Proyecto ITINERA (XV): Fenicios, el pueblo que se adueñó del Mar

Proyecto ITINERA (XV): Fenicios, el pueblo que se adueñó del Mar

El Proyecto ITINERA nace de la colaboración entre la Asociación Murciana de Profesores de Latín y Griego (AMUPROLAG) y la delegación murciana de la Sociedad Española de Estudios Clásicos (SEEC). Su intención es establecer sinergias entre varios profesionales, dignificar y divulgar los estudios grecolatinos y la cultura clásica. A tal fin ofrece talleres prácticos, conferencias, representaciones teatrales, pasacalles mitológicos, recreaciones históricas y artículos en prensa, con la intención de concienciar a nuestro entorno de la pervivencia del mundo clásico en diferentes campos de la sociedad actual. Su objetivo secundario es acercar esta experiencia a las instituciones o medios que lo soliciten, con el convencimiento de que Grecia y Roma, así como su legado, aún tienen mucho que aportar a la sociedad actual. 

Zenda cree que es de interés darlo a conocer a sus lectores y amigos, con la publicación de algunos de sus trabajos.

El mar, ese vasto piélago ajetreado por corrientes capaces de arrastrar el más pesado de los navíos, esa inmensa masa azul que cuando es agitada por imponentes olas hace desaparecer flotas completas, ese ponto traicionero rociado de arenas movedizas que hacen encallar ágiles naves, ese gigante cerúleo poblado por sirenas, por enormes pulpos, por animales increíbles y por marinos y comerciantes… La mar, ese remanso tranquilo donde la luna se mira en las noches estrelladas, ese pacífico lago salado que calma con sus melifluos sonidos las agitadas almas, esa vasta infinidad donde los poetas inspiran sus hermosos versos, esa etérea belleza que los pintores recrean. Y nuestro mar, al que nosotros llamamos Mediterráneo y los romanos Mare Nostrum, al que cantó Serrat, ese que conquistaron los fenicios gracias a su ingenio y a sus dotes marineras. Es ese el mar que nos cuenta la historia escondida de nuestros pobladores a través de los pecios hundidos en lo más profundo de sus simas. 

"Gracias a la abundancia de diferentes tipos de madera, como cedro, pino, encina, boj, la industria naval fenicia alcanzó cotas muy elevadas y una fama que traspasó los confines de la propia Fenicia"

Desde la antigüedad poetas, marineros y comerciantes nos hablan de los peligros del mar. El mar es algo desconocido, amenazador, capaz de rugir con tremenda bravura, de salirse de sí mismo sin previo aviso, de él emergen animales imposibles como Escila, Caribdis o las Sirenas de la Odisea, es donde una vez pasadas las “Rocas del dios Melkart” o las “Columnas de Hércules” todo es incierto, los peligros se multiplican, las corrientes se hacen más intensas y finalmente caes en un abismo infinito, donde la muerte es la única salvación a tu sufrimiento. Todas estas leyendas y creencias fueron propagadas por griegos y fenicios para proteger sus rutas comerciales, y algo de cierto hay en ellas, pero la imaginación de estos pueblos atemorizó a otros más inexpertos en el arte de la navegación, asegurándose así el monopolio de una gran parte del mar Mediterráneo, en la cual se han encontrado las huellas de aquellas gentes que sobresalieron por su pericia marinera: los fenicios.

El pueblo fenicio proviene, según Heródoto, de las costas del mar Eritreo o mar Rojo, pero en época temprana partieron de la tierra que los vio nacer en busca de campos más fértiles donde instalarse. Estos se asentaron en una estrecha franja que se encuentra delimitada entre el Líbano y Siria, allí fundaron ciudades-estado independientes como Biblos, Tiro, Arvad o Berito. La región que eligieron para vivir era fértil pero su orografía hacía difícil la ganadería y la agricultura, por lo que pronto se vieron impelidos a explorar los mares para comerciar con otros pueblos y asentar sus colonias en tierras más aptas. 

Debido a esta necesidad investigaron, innovaron y mejoraron sus bajeles y el arte de la navegación, hasta tal punto que los griegos los tomaron como maestros. El Mediterráneo se pobló de embarcaciones fenicias, a saber, naves comerciales de carga llamadas golah (gaulós), ligeras naves de guerra o hippoi y barcos marisqueros o mayoparones

Gracias a la abundancia de diferentes tipos de madera, como cedro, pino, encina, boj, la industria naval fenicia alcanzó cotas muy elevadas y una fama que traspasó los confines de la propia Fenicia. De hecho, el faraón Sahkure en el año 2600 a.C. encargó a astilleros púnicos la construcción de cuarenta naves ligeras o hippoi, y también es sabido que la flota persa contaba con un generoso número de este tipo de naves. 

"Fueron pues los primeros que navegaron por alta mar a remo y a vela, de día y de noche, sorteando los peligros de la navegación gracias a la observación de las estrellas"

Estas embarcaciones estaban bien pertrechadas para la guerra y presentaban una serie de innovaciones que las hacían ser más versátiles, funcionales y ligeras. Construidas normalmente de madera de cedro, se embalsamaban sus juntas y calafateaban los cascos de betún, por lo que Homero las denominó Naves Negras, aunque también eran conocidas como hippoi, ya que su proa tenía forma de caballo y su la popa de cola de pescado. La proa contaba con un artilugio de invención fenicia, el espolón, con el que podían atacar a otros navíos con gran facilidad a modo de ariete. Estaban dirigidas por timones de espadilla e impulsadas ya por filas de remeros o por unas velas cuadradas. Los birremes y trirremes griegos vieron su nacimiento aquí en Fenicia, ya que los griegos consideraban a los fenicios inventores de este tipo de embarcaciones. También adaptaron las velas de lino de los navíos fluviales egipcios a la navegación de alta mar, reduciendo el tamaño de los velámenes. 

Por otro lado, las conocidas por Homero como cóncavas naves son los gaulós o golha, buques de mercancías que tenían gran volumen de carga en su panza. Eran grandes y pesadas, por lo que su capacidad de movimiento mermaba, así que para ganar tiempo en sus viajes con este tipo de embarcaciones tuvieron que aventurarse a mar abierto, alternando la navegación de cabotaje con la navegación de altura.

Fueron pues los primeros que navegaron por alta mar a remo y a vela, de día y de noche, sorteando los peligros de la navegación gracias a la observación de las estrellas. De día se guiaban por el sol que nacía por oriente y moría por occidente, para los días nublados donde el sol no se podía apreciar con claridad inventaron un sistema de palomas mensajeras, adiestradas para guiarlos hacia la costa más cercana. En las noches oscuras seguían la Estrella Polar en la constelación de la Osa Menor, a la que en la antigüedad apodaron como Estrella Fenicia. En la proa un candil colgante iluminaba el oscuro sendero marítimo que debían seguir. Como sus periplos eran tan largos y no sólo navegaban en primavera y verano, como era habitual, sino que también se echaban a la mar en invierno inventaron una manera de conservación de los alimentos, la salazón, para lo que en las diferentes colonias que fueron fundando a lo largo y ancho del Mediterráneo edificaron algo que todavía hoy seguimos usando: las salinas. 

"Las invenciones de historias fantásticas sobre el mar y su forma de ser y comerciar les valió desde Homero la fama de granujas y codiciosos"

Se cree que fueron los primeros en escribir los primeros cuadernos de bitácora y las primeras cartas marinas, pues conocían los vientos, los accidentes geográficos más relevantes y las corrientes marinas. Gracias a todo esto y según la tradición mítica fenicia, llevaron a cabo grandes y sorprendentes expediciones. Famosos son los periplos de Hannón, que circunnavegó África antes que lo hiciera Vasco de Gama, por orden del faraón Necao II; el navegante Himilcón, que llegó a lo que se denomina la última Tulé, el norte de las Islas Británicas, en busca de estaño; incluso se ha querido pensar que llegaron a América antes de Colón, aposentándose en las Antillas.

Recelosos de que otros pueblos poblaran las rutas que ellos habían descubierto o conquistado, inventaron historias sobre los peligros del mar e incluso hacían encallar sus naves a propósito para que cualquier otro desistiera de seguir sus pasos. Este secretismo, las invenciones de historias fantásticas sobre el mar y su forma de ser y comerciar les valió desde Homero la fama de granujas y codiciosos

Todos estos inventos y aportaciones náuticas fueron el resultado de una frenética actividad comercial, porque lo que no podemos olvidar es que la fenicia era una sociedad mercantilista, y su vida giraba en torno al comercio, sobre todo a los productos que manufacturaban en las propias ciudades fenicias y sus colonias…

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