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Proyecto ITINERA (XLIII): La era del silencio

Proyecto ITINERA (XLIII): La era del silencio

El Proyecto ITINERA nace de la colaboración entre la Asociación Murciana de Profesores de Latín y Griego (AMUPROLAG) y la delegación murciana de la Sociedad Española de Estudios Clásicos (SEEC). Su intención es establecer sinergias entre varios profesionales, dignificar y divulgar los estudios grecolatinos y la cultura clásica. A tal fin ofrece talleres prácticos, conferencias, representaciones teatrales, pasacalles mitológicos, recreaciones históricas y artículos en prensa, con la intención de concienciar a nuestro entorno de la pervivencia del mundo clásico en diferentes campos de la sociedad actual. Su objetivo secundario es acercar esta experiencia a las instituciones o medios que lo soliciten, con el convencimiento de que Grecia y Roma, así como su legado, aún tienen mucho que aportar a la sociedad actual. 

Zenda cree que es de interés darlo a conocer a sus lectores y amigos, con la publicación de algunos de sus trabajos.

Época de contradicciones, la nuestra. Nos afanamos entre preocupaciones y sombrías perspectivas económicas, políticas y sanitarias, mezcladas con no pocas muestras de egoísmo y una hedonista ignorancia, cuando no una alarmante indiferencia ante el sufrimiento ajeno. En medio de tanta turbación el panteón del humanismo aparece desatendido y olvidado. Vieja antigualla ridícula. Si nos acercamos a él para limpiar las hojas secas de laureles muertos o renovar inciensos y ofrendas en altares vacíos, quizá podamos leer, en esa galería ideal de personas ilustres, el epitafio que un gran historiador italiano redactó para que el caminante supiera de quién eran las cenizas que su urna custodiaba. Ese hombre era Arnaldo Dante Momigliano, profesor de historia antigua en las universidades de Turín, Londres y Chicago y de la Escuela Normal Superior de Pisa. Sobre la fría piedra leeríamos que su credo fue el pensamiento libre sin dogma ni odio; que amó con cariño filial la tradición judía de sus mayores, y deseaba que junto a él fueran recordados también sus padres, Riccardo e Ilda Momigliano, que el mes de noviembre de 1943 en Alemania cayeron asesinados por la sinrazón del odio racial. En pocas palabras, quedaba dicho todo aquello por lo que quería que fuera recordado: historiador, judío, italiano de vocación universal, amante de la paz y la libertad.

Pero hoy, ¿qué significan esas expresiones hoy, más allá de unos lemas vacíos?

"La historia de su existencia es también la historia de un tiempo que terminó hace mucho, con la segunda guerra mundial, y de cuyo legado el mundo actual reniega y se siente ajeno"

Momigliano nació en un mundo para nosotros extinto y olvidado, en el seno de una familia burguesa, afincada en el Piamonte, liberal aunque de hondas convicciones religiosas dentro de la fe judía. Entró en la universidad de Turín con el fin de estudiar filología clásica e historia, allí recibió la influencia del idealismo de Croce y Gentile, pero también de Gaetano de Sanctis. No tardó en tener su propia plaza para enseñar historia de Roma, su trayectoria comenzó a brillar con luz propia y con sólo veintiséis años había publicado ya tres monografías de importancia. Su carrera y su vida se vieron amenazadas por el agravamiento de la situación política en la Italia fascista, y hubo de emigrar a Inglaterra en 1939, pero amigos y familiares no tuvieron tanta suerte, sus propios padres fueron arrestados para ser llevados a un campo de concentración, donde murieron. En Inglaterra hubo de comenzar una nueva carrera, en 1947 se hizo profesor para historia antigua en Bristol, y poco después fue llamado a Londres donde permaneció  hasta su retiro en 1975. Su sobrino fue el escritor Primo Levi, que redactó líneas inmortales e imperecederas sobre la crueldad del nazismo. Por todas partes las cicatrices del dolor en su biografía académica, personal y familiar.

La historia de su existencia es también la historia de un tiempo que terminó hace mucho, con la segunda guerra mundial, y de cuyo legado el mundo actual reniega y se siente ajeno. El testimonio de su vida científica permite vislumbrar al sabio absoluto, al hombre que tenía una capacidad de compresión global, entrelazada con lecturas universales. Un modelo de sabiduría denostado por los estándares actuales que no lo reconocerían como científico.

"En sus clases de Turín hablaba del ideal de paz en el mundo antiguo y pensaba en el problema clásico de la libertad antigua y moderna"

Con diligencia y laboriosidad fue escribiendo aportaciones magistrales que con modestia él llamó “contribuciones”. Y en efecto, una auténtica enciclopedia del saber histórico son sus doce tomos de Contribuciones a la Historia de los Estudios Clásicos. A través de sus páginas aparecen cuestiones de filosofía histórica, y una visión de la historia completamente novedosa que dejaba atrás el férreo, y a menudo nacionalista, análisis político, económico o social para buscar los senderos inexplorados de los contactos entre tradiciones aparentemente alejadas y contradictorias, como el mundo clásico y el oriental.

En sus clases de Turín hablaba del ideal de paz en el mundo antiguo y pensaba en el problema clásico de la libertad antigua y moderna. En sus escritos más tempranos se revela como un auténtico maestro en el método histórico y filológico, gran lector y conocedor de todos los aspectos del mundo antiguo. Se impuso una labor eminentemente interdisciplinar: el campo de estudio que se había trazado abarcaba el judaísmo antiguo, el mundo clásico, la orientalística, la arqueología, la filología, la historia… La tendencia actual, acentuada por la caída general de todos los referentes éticos y morales, hacia una especialización carente de perspectivas, hacen posible que hoy en día y en ciertos ámbitos la obra de un sabio pueda denostarse con desdén.

De repente, el viento se cuela por hendiduras y huecos del viejo mausoleo, genera un sonido como el gruñido de un chacal. Se apaga de un soplo la vela que había quedado encendida y que apenas llegaba a iluminar nombres que pocos recuerdan y que muchos menos pronuncian.

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Publicado en La Opinión el 5 de julio de 2020

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