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«Querido amigo Hitler», las cartas que cambiaron el mundo

«Querido amigo Hitler», las cartas que cambiaron el mundo

La carta en la que Gandhi llama «querido amigo» a Hitler y le insta a detener la guerra, la de amor que Enrique VIII envió a Ana Bolena, la de Colón a los Reyes Católicos o la del Che Guevara a Fidel Castro son algunas de las misivas más famosas de la historia, reunidas ahora en un libro.

Cartas de amor, libertad, declaraciones de guerra y reflexiones sobre la muerte son algunos de los contenidos de las mejores y más importantes cien cartas de la historia que escribieron en su día personalidades que van desde Gandhi a Napoleón, Oscar Wilde o Picasso, Catalina la Grande o Churchill. Misivas que ha reunido el historiador Simon Sebag Montefiore en Escrito en la historia: Cartas que cambiaron el mundo, un volumen editado por Crítica que recoge correspondencia desde el año 33 a.C., con la que le dirigió Marco Antonio a Octavio Augusto, hasta la que remitió el pasado año Donald Trump a Kim Jong-Un.

La epístola tuvo una edad de oro, los 500 años comprendidos entre la Edad Media y la generalización del uso del teléfono, y vivió un declive muy marcado en los últimos diez años del siglo XX, con la llegada de los móviles e internet, explica el autor en la introducción a su libro. Las cartas ya eran de uso corriente entre los gobernantes y las élites al poco de inventarse la escritura, pero además fueron el equivalente «a la suma actual de nuestros periódicos, teléfonos, radio, televisión, correo electrónico, mensajes de móvil y blogs».

En el libro se transcriben cartas escritas originalmente en cuneiforme, uno de los sistemas de escritura más antiguos del mundo, usado en el Próximo Oriente durante las edades de Bronce y Hierro; cartas redactadas en papiros y pergaminos o en vitela, hasta la creación del papel. Hasta principios del siglo XX, pocas personas, ni siquiera los jefes de Estado, tenían oficinas que los ayudaran con su correspondencia y la mayoría respondía y sellaba sus propias cartas, entre ellos Lincoln o Nicolás II. Y en ellas «oímos las palabras auténticas» de sus autores, recuerda Simon Sebag. Y puede leerse cómo Marco Antonio escribe a Octaviano, el futuro emperador Augusto, para defender que el hecho de que él se esté acostando con Cleopatra carece de relevancia política; cómo Felipe II ordena a su almirante, el duque de Medina Sidonia, que dirija la Armada española contra Inglaterra; o cómo la noche antes de invadir Rusia Hitler escribe a Mussolini para explicarle sus motivos.

El libro también contiene una carta que no llegó a enviarse: la que Eisenhower escribió para las tropas en caso de que el desembarco de Normandía fracasara: «Si el intento ha adolecido de alguna culpa o deficiencia, ha sido exclusivamente mía», finalizaba la misiva. El 24 de diciembre de 1940, Gandhi escribió una carta a Hitler en la que le explica que el hecho de que se dirija a él como amigo no es una formalidad, ya que no reconoce enemigos. Y pasa a instarle a que, en nombre de la humanidad, detenga la guerra. Quince años más tarde, en abril de 1961, el Che Guevara escribía una carta para Fidel Castro en la que hace formal su renuncia a sus cargos en Cuba: «Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos», se despide el comandante, que abraza a su compañero «con todo fervor revolucionario».

Más personales son las cartas de amor que incluye este volumen, la primera de ellas la remitida por Enrique VIII a Ana Bolena en 1528, aunque fue una de las que cambió la historia: «Yo y mi corazón nos ponemos en vuestras manos con el ruego de que los tengáis por pretendientes de vuestro buen favor», señala el monarca que rompió con Roma para poder abandonar a su mujer, Catalina de Aragón, y casarse con Ana, a la que finalmente ejecutó en 1536. También hay una muestra del cariño que el temible Stalin tenía por su amante, la joven Pelagueya Onufrieva, o de la adoración del rey Jacobo I hacia George Villiers, duque de Buckingham, en el siglo XVII. O las eróticas cartas que se enviaban Alejandro II a su amante y posterior esposa Katia. Y las más aún carnales entre los literatos Anaïs Nin y Henry Miller.

El libro recoge también cartas entre amigos, como eran Karl Marx y Friedrich Engels, que cruzaron misivas de un «racismo atroz para los oídos modernos», según explica el autor. Simon Sebag destaca la «autenticidad visceral» de las cartas que ha seleccionado y explica que «si los navegantes de internet se sienten más solos que nunca entre los varios millones de conavegantes invisibles, por el contrario el autor de una carta nunca está solo».

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